Reconocimiento a Javier Sicilia

La presea otorgada por la Federación de Estudiantes Universitarios de la UdeG al poeta Javier Sicilia el martes 12 fue el contexto donde el iniciador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad reafirmó sus convicciones y exhortó a los jaliscienses a recuperar la esperanza.

Somos más fuertes que cualquiera de ellos. Políticos y criminales no tienen corazón, pero unidos recuperaremos este país para los ciudadanos”, se oyó con la enronquecida voz de Javier Sicilia el martes 12, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Sus frases brotaban desnudas: “Urge ciudadanizar al Estado”; “gastamos mucho dinero para mantener instituciones inoperantes”; “la alegría reúne, la tristeza une”; “Guadalajara también debe arropar a sus víctimas”.

Entre los murales de Orozco su discurso de esperanza resonó enérgico. Sicilia estaba en el paraninfo para recibir la presea Corazón de León, otorgada por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de la UdeG.

“Detrás de cada muerto hay una historia rota. Detrás de cada historia truncada hay familias despedazadas que ya no volverán a ser las mismas. Y todo eso estaba sepultado por la imbecilidad de una guerra sin sentido. Hoy resurge lo humano, resurgen las reservas morales de la nación. Son los ciudadanos los que impidieron que el país se desmoronara”, dijo.

No hubo lugar para el odio. Sicilia, el poeta católico, dignificó las acepciones de ese adjetivo y privilegió la esperanza: “Al salir a caminar en la Caravana del Consuelo desafiamos al miedo. Le dijimos a los criminales y al gobierno: estas son nuestras carreteras, nuestras calles, nuestras ciudades; cada rincón es nuestro y la hora adecuada para salir es la hora en que queramos salir. Así debe de ser. Debemos recuperar la libertad de estar con nosotros mismos”.

Desde el público lo escucharon la expresidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Guadalupe Morfín; la académica Margarita Sierra; el líder de Alianza Ciudadana, Esteban Garaiz, y el escritor Fernando del Paso. El rector de la UdeG, Marco Antonio Cortés Guardado, no asistió.

Las demandas

 

Al escuchar el nombre de la presea que entregó la FEU a Sicilia, viene a la mente el caballero Ricardo Corazón de León, que hace más de 800 años dirigió la tercera cruzada. Trovadores y juglares cantaron sus hazañas. La estatuilla diseñada por el escultor Sergio Galván se entrega “a aquellos que hayan puesto su corazón en salvaguardar la vida”. En el vigésimo aniversario de la FEU se creó este galardón y su primera entrega fue para Sicilia.

El paraninfo estaba abarrotado, sobre todo de estudiantes, a pesar de que ya están en periodo vacacional.

Cuando Sicilia entró al salón, estallaron los aplausos y los flashes. Él llevaba su conocida indumentaria: jeans gastados, el infaltable chaleco beige de la UAEM y la chamarra borrega en su brazo. Iba flanqueado por el vicerrector de la UdeG, Miguel Ángel Navarro, y por el presidente de la FEU, Marco Antonio Núñez Becerra. El poeta se llevó una mano al pecho en señal de agradecimiento.

El vicerrector le dijo: “Gracias por atender el llamado de los jóvenes. Ellos son la razón de ser, nuestro compromiso es formar ciudadanos críticos, que busquen una sociedad más justa y armoniosa. Sé que sus reflexiones nos ayudarán”.

Luego el presidente de la FEU, Marco Antonio Núñez, leyó en voz alta el poema “El sobreviviente”, publicado por Sicilia en su libro Tríptico del desierto.

Toda ausencia es atroz y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos, de las blancas raíces del pasado. ¿Hacia dónde volverse?; ¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?; ¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo? ¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco, el vacío insondable de la ausencia?

El público se conmovió. El poeta cerró los ojos, entrelazó sus manos y se las llevó a la frente.

El líder estudiantil reflexionó: “Le han dado un tiro de gracia a la democracia con esta guerra que no queremos (…) Poeta Sicilia, sus ojos tristes sacudieron nuestros corazones. Deseamos que su lucha acabe bien, porque su lucha es nuestra lucha”.

Al terminar, Sicilia, paternal, abrazó al líder estudiantil. Lo tomó de la cabeza dándole palabras de ánimo y agradecimiento. Pero la mirada triste que evocó Núñez seguía en los ojos del poeta, profunda, inamovible.

“No sé por dónde empezar; estoy cargado de tantas emociones”, exclamó Sicilia cuando tuvo el micrófono. Luego disertó sobre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad: “Sirvió para romper abstracciones imbéciles, (para) dejar de llamarles bajas colaterales o identificar a las víctimas como simples estadísticas”.

Este movimiento, señaló, hizo posible que Calderón se sentara, que cambiara el discurso. “Y por lo pronto no lo hizo, pero lo haremos en el segundo diálogo, que acepte que su estrategia falló, estoy seguro. El presidente aceptó: ‘Visibilicemos sus víctimas, distingamos a los que fueron y son inocentes’. Eso es un triunfo”.

Hizo hincapié en la necesidad de no fracturar el movimiento y no engancharse en detalles que se le criticaron, como darle un escapulario a Calderón: “Si apagamos la movilización, si nos dividimos en nombre de lo que se ha estado sucediendo después del diálogo en Chapultepec entre que si el pinche Sicilia le dio un abrazo al presidente, y no nos unimos y preferimos subir la diferencia a la sustancia y no nos arropamos, se nos va a ir de las manos”.

El activista desgranó los seis ejes del Pacto Nacional Ciudadano: reconocimiento de las víctimas y justicia para ellas; terminar con la estrategia de guerra, desmilitarizar al país; combatir la corrupción e impunidad; impulsar políticas sociales y educativas y una reforma política que garantice instrumentos ciudadanos no sólo para elegir, sino también para quitar a los gobernantes.

Algunas expresiones de estas demandas son: “Plebiscito, revocación del mandato y limitación del fuero; así como la reducción de las insultantes partidas económicas para partidos políticos y de una vez por todas las candidaturas ciudadanas”.

En su conferencia magistral, Sicilia desmenuzó la figura del derecho romano Homo Sacer: quien era declarado como tal, dejaba de ser protegido por el Estado y cualquiera podía asesinarlo sin castigo y sin ritos religiosos para la víctima. “No debemos permitir que en este país regrese esta figura”.

Explicó que la solución no debe ser tan simple como el combate armado a la delincuencia, sino que debe acompañarse de otras estrategias: apoyo al campo, al empleo y dejar de basar a la sociedad en criterios económicos y de consumo, para abrir espacios de fraternidad.

Pero sobre todo, Sicilia se manifestó convencido de que la educación debe ser la llave que abra la puerta a un México mejor, por ello exigió más recursos para las universidades públicas, incluyendo la UdeG.

“Le exijo al presidente de la República que si quiere empezar a rehacer el tejido social, entregue el dinero a esta universidad. Y no sólo eso; a los legisladores (les decimos que) queremos para las universidades y los estudiantes, para la juventud de este país, el mismo dinero que (el gobierno) entrega para la violencia. Lo queremos ver ya, que nos demuestre que va a trabajar en serio por la seguridad de la nación, y no por la violencia, el odio, y ese es un buen paso, se lo pedimos que sea pronto.”

Con esta frase cerró su charla. La cascada de aplausos colmó el salón. Se le entregó entonces la estatuilla “Corazón de león” y un enjambre de fotógrafos lo rodeó. Después de abrazar a Guadalupe Morfín, Sicilia atendió a decenas de periodistas en una rueda de prensa. Una señora angustiada le relató el caso de su hijo desaparecido y él respondió: “Estoy para ayudarle”.

Finalmente, un desconocido de saco oscuro y camisa a cuadros se acercó al poeta, lo abrazó y le dijo algo al oído. “Es su pariente”, cuchicheó alguien. Al poeta se le humedecieron los ojos y luego se perdió en el interior de los salones.

 

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