Enrique Nery, toda una vida en el jazz

MÉXICO, D.F. (apro).- El pianista de jazz Enrique Nery ofrecerá un recital para festejar 50 años de trayectoria musical el martes 16 en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, donde presentará su reciente CD Toda una vida producido por la Asociación Cultural Xquenda que preside la intérprete oaxaqueña Susana Harp.

“Cuando Enrique Nery coloca sus manos al piano hace que todo sea cálido”, señaló Susana Harp durante la conferencia para anunciar este concierto y homenaje que también apoya la Secretaría de Cultura capitalina.

“Considero muy valioso que las autoridades artísticas y culturales de nuestro país sigan abriendo espacios para que no se margine a los ejecutantes de la música de jazz en México”, enfatizó Nery.

Y no obstante que el músico suele ser poco receptivo a los elogios, el martes pasado Nery fue galardonado por la Coordinación de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), junto con otros nueve pioneros del jazz nacional, en la sala del Palacio de las Bellas Artes.

Para el tributo Toda una vida del próximo martes en el “Esperanza Iris”, Enrique Nery irá acompañado musicalmente de colegas, amigos y alumnos con quienes ha trabajado a lo largo de medio siglo, entre ellos Aarón Cruz, Alejandro Campos, Alejandro Otaola, Armando Montiel, Diego Maroto, Miguel Peña. Asimismo, por las vocalistas Iraida Noriega, Elizabeth Meza, Ingrid y Jennifer Beaujean.

 

Carrera sin par

 

Desde su juventud temprana, Enrique Nery participó en las famosas orquestas de Dámaso Pérez Prado y de Pablo Beltrán Ruiz.

Durante décadas ha sido arreglista de célebres cantantes como José José, Lupita D’Alessio, Eugenia León, Óscar Chávez, Betsy Pecannins y Armando Manzanero.

En la investigación El jazz en México. Datos para una historia (FCE, Colección Popular 603pp. 2001), Alain Derbez (Veracruz, 1956) señala sobre Enrique Nery:

“Este pianista y compositor ha destacado como arreglista tanto para jazzistas como para otros intérpretes musicales. Pertenece a una generación entre dos aguas, ha tocado lo mismo con las grandes estrellas del jazz mexicano que con los jazzistas surgidos en los años setenta y ochenta. Por su cuenta, en los noventa se encargó de coordinar talleres de jazz con jóvenes músicos.

“Fue miembro del grupo Lucifer y de la Sociedad Organizada del Sonido. Tocó en los grupos Supercarlos, de Carlos García (trompetista de Tamaulipas), y Coloso, de Rodolfo (Popo) Sánchez (saxofonista y flautista michoacano). Ha formado duetos muy interesantes con el bajista Guillermo Benavides a finales de los sesenta y con el guitarrista Cristóbal López a finales de los ochenta. En esa década grabó un casete, producido por Germán Palomares Oviedo. Conformó también el grupo BOS.”

Para el cambio de siglo, luego de sacar un disco con López, Enrique Nery integró uno de los tríos más importantes del jazz mexicano con el contrabajista Agustín Bernal y el baterista Tony Cárdenas, de los combos Antropóleo y Viva Fidel.

Nacido de padres zacatecanos en la capital mexicana hacia 1945, Nery expresó al autor de El jazz en México en Radio Educación:

“Yo creo que la música de jazz ha estado conmigo siempre, desde muy pequeño si consideramos que mi padre fue músico. Él vivió la época de las grandes bandas como la de Luis Alcaraz. Era saxofonista de estudio, se llamaba Roberto Nery Salazar…”

El 3 de agosto pasado, su hermano Jorge Neri falleció de cáncer cuando la Secretaría de Cultura del Distrito Federal había preparado un homenaje el martes pasado en el mismo “Esperanza Iris”, por cuatro décadas de trayectoria infatigable en el teatro musical de México.

“Recuerdo que cuando yo tenía seis años tocábamos a dueto mi hermano Jorge, el mayor, su violín, y yo un acordeón, y mi padre nos enseñaba melodías y nos acompañaba, aunque no fuera su instrumento habitual, a la guitarra. Yo tenía la vocación perfectamente definida. En secundaria tomaba ya clases de educación musical y de piano. A los once años ya estaba instalado en el Conservatorio (Nacional de Música). Recuerdo que me dieron entonces la transcripción de la música de Óscar Peterson y algunos libros que traía mi papá…

“De los once a los catorce en que estuve en el Conservatorio pude aprender y practicar un poco diferentes técnicas y formas, desde los grupos tropicales a los gitanos de seis violines y piano y, claro, pequeños grupos de jazz y la idea del piano boogie-woogie. Todo eso venía en algunos libros.

“De pronto comenzamos a hacerlo mi hermano Jorge y yo de manera profesional, pues nos contrataban para tocar… En 1963 me incorporé a la banda de Pablo Beltrán Ruiz, con 16 años de edad.”

Lo más positivo para los músicos latinoamericanos, manifestó entonces, “es la influencia del Tercer Mundo en la música de Estados Unidos, en la música anglosajona”, al hallarse artistas como “Sting grabando cosas caribeñas”.

Y acerca de su propio oficio en el arte sonoro: “Yo vivo como los banqueros, diversificando mis actividades. Soy un músico free-lance. Igual toco un concierto que voy y hago una grabación o un cantante me llama de emergencia, hago arreglos y, a partir de ello, hago mi proyecto independiente. Procuro no alquilarme de tiempo completo a ningún cantante para usar mi tiempo.

“Como músico siempre me planteo la idea de no caer en etiquetas. Quizá mi concepto armónico a algunos les haga pensar en una ´personalidad´, pero no creo. Me interesaría que en el momento de tocar tres acordes supieran que soy yo. Buscar por distintas partes, diferentes estilos…

“Soy autocrítico. Mi disciplina como músico es muy severa. Sé que tengo muchas limitaciones y trabajo en ellas. Eso me plantea retos que trato de sortear día con día. Trato de evolucionar todo el tiempo, de estar informado.”

Entrevistado por la reportera Diana Barreto de la revista mensual La Mosca en la Pared (año 11, número 88, “El soundtrack de mi vida”, enero 2005, ver www.lamosca.com.mx), Enrique Nery narró esta singular anécdota:

“Hace poco me puse a husmear los discos en una tienda y me brincó Joey Calderazzo, un pianista joven con cualidades excepcionales. El compacto costaba 350 pesos, algo absurdo, están locos. Es más de 100% que te están cargando por el disco.

“Luego, mágicamente fui a un ensayo con Eugenia León y el bajista Rodrigo Cárdenas me preguntó si ya tenía aquel CD de Calderazzo y le dije que no lo había podido comprar, propuso hacerme una copia y me la puso en la mano.

“La piratería doméstica entre músicos, como la llamamos nosotros, es admisible porque no lucramos con las copias que hacemos, y es totalmente asumida en cualquier parte del mundo el día de hoy en que los costos son infames”.

Comentar este artículo