“Los inadaptados”

Holgura del lenguaje.
Holgura del lenguaje.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuatro historias cruzadas, dirigidas cada una por un director diferente (Jorge Ramírez Suarez, Javier Colinas, Marco Polo Constandse, Sergio Tovar), componen la trama de Los inadaptados (México, 2011); proyecto osado si se toma en cuenta la dificultad para coordinar un concepto desde diferentes ángulos y el escaso capital financiero en mano para apostar por una película mexicana fuera de la fórmula de violencia, sexo, grosería y chiste fácil.

La compañía de Los Güeros Films echó mano a un buen arsenal de actores de un rango muy amplio de edades y técnicas de actuación. Memorables instituciones como Joaquín Cordero o Beatriz Aguirre que aprovechan su experiencia, son capaces de parodiarse a sí mismos; o Isela Vega, siempre la misma y siempre renovada; en el episodio de los cinco ancianos que deciden asaltar un banco para acabar con el aburrimiento, se nota la generosidad de los actores para entregarse a su personaje y sacar lo mejor del guión, pese a los brincos o a los arrastres de ciertos diálogos y situaciones demasiado teatrales, cercanas al síndrome del Club Eutanasia.

De parte de los jóvenes, como Luis Arrieta (responsable también del guión), Luis Ernesto Franco, Paola Núñez, entre otros, se aprecian las ganas de mostrar que existe un potencial de talento dramático fuera del tono Televisa. Destaca la noción de que estos actores jóvenes logran la naturalidad del día a día, del diálogo no recitado, que hacen sentir las frases que se asoman espontáneamente, convocadas por la lógica de cada situación; además la manera peculiar del habla de cada personaje descubre aspectos que ni siquiera él conoce. Así pasa con la conversación del tipo obsesionado con el suicidio en la comida de los padres de Lucrecia, su nueva amiga; una ocurrencia lleva a otra y ya no hay marcha atrás.

La liviandad no ha sido la mejor virtud de la comedia en el cine mexicano de las últimas décadas, caminando casi siempre entre la vacuidad o la truculencia; en este sentido, Y tu mamá también abrió una brecha para el diálogo fluido, las groserías oportunas y, sobre todo, la química entre los intérpretes. El diálogo de Los inadaptados transita con más holgura por ese camino; un gran mérito es hacer sentir que la química se da por accidente, a pesar de los personajes, como pasa con el relamido abogado atrapado en el elevador con la sirvienta, el hombre del casco con la chica del café, o este mismo con el traficante de armas.

Hablando en un tono muy impresionista, el público disfruta las historias de este trabajo colectivo, como si agradeciera que lo lleven de la mano y lo hagan pensar sin que sienta que le imponen la grandilocuencia o la seriedad del asunto. En la historia del elevador, el espectador se encuentra tan atrapado como los protagonistas en la pantalla, el choque de clases se hace inevitable, pero también el contacto de corazón a corazón. Ojalá que el equipo de Los Güeros no se duerma en sus laureles y se tome cada vez más en serio el trabajo de autocrítica en elaboración de un buen guión.

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