El polémico culto de la Virgen del Rosario del Pozo

Cultos en crisis. Foto: Refugio Ruíz
Cultos en crisis.
Foto: Refugio Ruíz

MÉXICO, D.F. (apro).- “Todo empezó cuando llegó a mi casa la imagen de la virgen, la cual llevaron dos hermanas de la Restitución que hablaban muy bonito de un plan perfecto que Dios tenía para nosotros. En ese momento sentí ganas de servirle a Dios y con esa ilusión comencé a trabajar para la virgen, llevando su imagen en cerámica de casa en casa, hasta que un día comenzaron a hablarme de la promesa, del privilegio de ser promulgadora. Empezaron a prepararme, y cuando llegó el momento de hacer ‘la promesa’ (juramento de fidelidad y confidencialidad con el grupo) es cuando empieza todo”.

Ese es el testimonio de una exintegrante de la secta de la Misión de la Virgen del Rosario del Pozo (MVRP).

En su relato, publicado en un sitio electrónico de víctimas de sectas, esta mujer, avecindada en Parral, Chihuahua, cuenta que se alejó de la agrupación “como resultado de las cosas que vi, que no eran de mi agrado y mucho menos del agrado de Dios, como el azotarse uno en el cuerpo, cuando el alma de uno está lejos de Dios”.

Debido a la crisis del catolicismo en América Latina, hermandades como la citada avanzan en países como México, a pesar de la censura ejercida desde el Vaticano.

Lo que en su día empezó en los años cincuenta como la Asociación Pro Devoción a la Virgen, asentada en Puerto Rico, derivó en la Obra Misionera de la Restitución (OMR), con una rama masculina –los Misioneros del Cristo Sacerdote (MCS)– y una femenina: las Hermanas Misioneras de la Restitución.

En México, la congregación tiene su sede en Parral, Chihuahua, pero opera también en Tijuana, Monterrey, Guadalajara, León, San Miguel de Allende, el Distrito Federal, Veracruz, Mérida, Cancún y Oaxaca. En el extranjero está presente en Puerto Rico, República Dominicana, Ecuador, Costa Rica y Estados Unidos.

En total, ha conseguido la ordenación de al menos 50 religiosos, de los cuales diez son sacerdotes, además de que sus seguidores podrían sumar unos 100 mil, según cálculos extraoficiales. Ello a pesar de que el patriarca de la comunidad, el portorriqueño Juan Ángel Collado Pinto, enfrenta acusaciones de manipulación psicológica, tortura y abuso sexual.

Con la Misión de la Virgen del Rosario del Pozo “llegamos a compartir espiritualidad, pero nuestra estructura canónica es diferente. Compartimos la espiritualidad, el rosario y la devoción a la virgen”, contó a Apro uno de los integrantes del MCS, quien habló desde el anonimato.

De apariciones y admoniciones

Los orígenes del culto se remontan a 1953, cuando los niños Juan Ángel Collado y las hermanas Ramonita e Isidra Belén, estudiantes de la escuela rural Lola R. de Tió, ubicada en el barrio Rincón de Sabana Grande, en Puerto Rico, aseguraron haber visto a la Virgen del Rosario, quien se les habría aparecido durante 33 días consecutivos, entre el 23 de abril y el 25 de mayo de ese año, en las cercanías de un pozo de agua que se encontraba próximo a la escuela.

A partir de esos sucesos se formó la Asociación de la Virgen del Rosario del Pozo, cuyo objetivo era promover la fe en esa imagen. Pero Collado tardó prácticamente tres décadas en dar forma a su idea religiosa, pues empezó a atraer adeptos en 1984.

La agrupación posee una tendencia milenarista, doctrina según la cual Cristo volverá para reinar en la tierra durante un milenio, antes del último combate contra el mal. La humanidad será destruida, pero una nueva estirpe de hombres –fieles y obedientes a la cofradía y a sus dirigentes– repoblará el planeta y reinstaurará el paraíso terrenal, como en tiempos de Adán y Eva.

Su labor básica es el proselitismo, pues cada miembro debe atraer a siete personas, como en las estructuras piramidales, que quedan sujetas por un juramento de confidencialidad. A su vez, deberán integrar obligatoriamente otras siete personas y así sucesivamente. Los líderes juramentados se llaman “promulgadores”, de autoridad incuestionable.

Las denuncias de exadeptos señalan que se les inculca fuertemente que son “víctimas de persecución” debido a la incomprensión de la sociedad a su misión redentora, denominada “restitución”.

Collado ha referido que recibe los mensajes de su “padre espiritual”, un ser de ultratumba milenario denominado “Kiekiu” o “K”.
El activismo de Collado llamó la atención de las autoridades eclesiales de Puerto Rico. En 1989, el entonces obispo de la diócesis portorriqueña de Mayagüez, Ulises Casiano Vargas, emitió un decreto mediante el cual certificó que “no consta carácter sobrenatural” sobre las visiones de 1953.

Con los años y ante la obstinación de los practicantes de esta secta, la iglesia católica de Puerto Rico endureció su postura frente a Collado y sus huestes. En 1996 difundió una carta pública, en la cual catalogaron de “inconvenientes y dañinos, para la piedad de los católicos, las consignas y planteamientos doctrinales de la así llamada Misión de la Virgen del Pozo”.

La Conferencia Episcopal de Puerto Rico cerró la pinza sobre la organización en 2006, cuando el arzobispo de San Juan y entonces presidente de esa instancia, Roberto González Nieves, decretó el 14 de noviembre de ese año la prohibición de sus actividades y advirtió que los sacerdotes de MCS “no están autorizados a ejercer el ministerio en Puerto Rico” y que las Hermanas de la Restitución “no han sido aceptadas oficialmente en ninguna diócesis”.

El Vaticano no se ha quedado atrás, aunque de una forma menos contestaría. La Santa Sede aclaró el 25 de agosto de 2000, en una misiva que el entonces secretario de la Congregación para le Doctrina de la Fe (CDF), el cardenal italiano Tarcisio Bertone, envió a monseñor Casiano, que la evidencia de las apariciones no satisfacía los criterios establecidos para que la Iglesia católica pudiera considerarlas un milagro.

El sucesor de Bertone en la CDF, el cardenal Joseph Ratzinger –quien a la postre fue nombrado Papa– emitió un decreto del 19 de septiembre de 2002 en el que ordenó a los devotos de la Virgen del Rosario del Pozo “no inducir a los fieles (católicos) a llevar a cabo prácticas ascéticas particulares o a emitir promesas que comporten compromisos notables en el ámbito espiritual” ni proponerles “doctrinas ocultas, reservadas o confidenciales”, en alusión a los ritos llevados a cabo por estos creyentes.

Pero no fue sino hasta 2007 cuando el Vaticano endureció su política hacia esa orden. El arzobispo italiano Angelo Amato, secretario de la CDF, extendió el 19 de enero de ese año un documento similar, con el cual facultó a los obispos portorriqueños a amonestar e incluso recurrir a la pena del “entredicho” –una especie de excomunión de gravedad menor– a los feligreses que no se apeguen a las prescripciones establecidas.

En México, los obispos se han apegado a los planteamientos del Vaticano. El cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, arzobispo de la Diócesis de Guadalajara –quien fuera asesinado en 1993– transmitió una circular fechada el 15 de enero de 1992 con amplia información sobre la asociación y exhortó a la feligresía a abandonarla, ya que no conculcaba con los preceptos de la Iglesia. Asimismo, pidió que canalizaran su piedad hacia una verdadera devoción mariana, como característica de la fidelidad a la Iglesia y del compromiso en el apostolado.

La Conferencia Episcopal de Puerto Rico dirigió el 30 de junio de 1997 una carta a monseñor Sergio Obeso Rivera, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, sobre la situación de la Misión.

Recientemente, el tema ha vuelto a ser motivo de atención por parte de la Iglesia católica nacional. En una circular del 15 de septiembre de este año, centrada en la promoción del culto a la imagen portorriqueña, el arzobispo de León, monseñor José Guadalupe Martín Rábago, indicó: “He querido constatar la información ya tenida sobre esta asociación y, por documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, puedo afirmar con absoluta certeza que se trata de una organización que no ha sido reconocida por la Iglesia, y que también se ha desaprobado la conducta de sus dirigentes”.

El religioso alertó: “Debemos estar muy prevenidos con respecto a devociones que se alimentan de pretendidas revelaciones que no han sido reconocidas por la Iglesia. Éstas llevan un riesgo grande en las prácticas religiosas”.

E hizo hincapié en que sin esa aprobación “y sólo con fidelidad a los pretendidos videntes o a centros de organización en rebeldía contra la autoridad responsable de garantizar su autenticidad, se convierten en inadecuadas e inaceptables”.

La agrupación también ha enfrentado problemas en otros países. En 1999 tuvo que salir de la Diócesis de Lima (Perú) por las mismas razones y el 14 de septiembre de 2000 monseñor Juan José Omella Omella, entonces obispo de la Diócesis de Barbastro-Monzón –en el nordeste de España–, anuló el permiso de asociación privada de fieles a la Asociación de Devotos de la Virgen del Rosario del Pozo, extendido el 10 de marzo de 1999.

“Las apariciones están en proceso de comprobación. Pero no quiere decir que Roma lo haya condenado. Es simplemente una ola de información que no entiende los términos de la Iglesia. La Iglesia no tiene prisa, toma tiempo que dé sus frutos”, arguyó el miembro anónimo de los Misioneros de Cristo Sacerdote.

Penetración lenta y paciente

De manera paciente y con el respaldo de algunos obispos, la orden se ha establecido en México, no sin despertar críticas y polémica,
una historia que Apro ha podido reconstruir.

En julio de 1999, representantes de los Misioneros de Cristo Sacerdote (MCS) contactaron a monseñor José Andrés Corral, obispo de la Diócesis de Parral, en Chihuahua. En una reunión del día 28 de ese mes entre Humberto Mercader, uno de los ideólogos del grupo, y el obispo, se acordó acogerlos como comunidad y se les asignó el municipio chihuahuense de San Francisco del Oro. Al día siguiente, se emitió un decreto catalogando a los MCS “asociación pública de fieles con vistas a convertirse en sociedad de vida apostólica clerical de derecho diocesano”.

De esa forma, monseñor Corral autorizó la divulgación del apostolado de la devoción a la Virgen del Rosario del Pozo.

El 15 de agosto de ese año los misioneros tomaron posesión formal de la parroquia San Francisco de Asís en San Francisco del Oro. El proceso religioso se aceleró a grado tal que el 21 de ese mes un sacerdote y cuatro diáconos fueron ordenados. El 7 de noviembre estos últimos fueron ascendidos a presbíteros, con lo cual se enraizó la presencia de la denominación en la comunidad.

Tales actos suscitaron rispideces con el episcopado portorriqueño, pues monseñor Fernando Felices, canciller del Arzobispado de San Juan (Puerto Rico), reclamó por escrito tal ordenación. Paralelamente, la Congregación para la Doctrina de la Fe, comandada en ese entonces por el actual Papa Benedicto XVI, solicitó información a Corral sobre los MCS.

En junio de 2000, esa instancia vaticana le envió una misiva al monseñor, recomendándole “vigilar con prudencia pastoral” la situación de la agrupación y le instaba también a apoyar el desarrollo de esa orden.

En enero de 2001, Corral extendió otro decreto con la aprobación por cinco años más las constituciones de la misión.

Pero el ojo avizor de las altas autoridades religiosas del país siguió alerta sobre los sucesos de Parral. En febrero de 2001, monseñor José Fernández Arteaga, arzobispo de Chihuahua, practicó una visita apostólica sin aviso, por lo que Corral se quejó ante al Nuncio Apostólico. Su respuesta fue una disculpa diplomática.

En mayo de 2002, Corral se trasladó a Roma en compañía de Mercader y Ricardo Ramos Pesquera, otra de las eminencias grises de la secta, para presentar un informe sobre los misioneros y solicitar que éstos siguieran bajo su vigilancia.

En marzo de 2003 la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica respondió positivamente a Corral sobre las ordenaciones. En consecuencia, el 4 de julio de ese año fueron encumbrados tres diáconos y un presbítero, y el 24 de enero del año siguiente, cinco sacerdotes.

En julio de ese mismo año, Corral le encomendó a la misión la Parroquia San Ignacio de Loyola en medio de la sierra chihuahuense.

En agosto de 2005 los MCS abrieron una casa de estudios en Roma y en noviembre fueron investidos otros tres curas. En junio de 2006 inauguraron una sede en la localidad tejana de Del Río. En México, el Superior General de los MCS es el presbítero Adán Mangual Romero, conocido como José Melecio del Rosario.

El ángel caído

“Los conocí en uno de sus ‘seguimientos’ en México, charlas donde van reclutando a los adeptos y preparándolos para un lavado de cerebro. Me fueron envolviendo. Me llamó la atención, porque me hablaban de prácticas religiosas como rezar rosarios, ir a misa, etcétera. Me iban envolviendo más y más, hasta que hice una promesa que se volvió un juramento y con ello un infierno”, contó un expromulgador, quien permaneció en los MCS durante seis años.

“Ya que fui parte del grupo, me vi presionado a llegar a metas de dinero y también a tener que conseguir a siete personas que pertenecieran al grupo. Si no hacía esto, me castigaban y/o aplicaban medidas disciplinarias, era horrible pensar en esto”, prosiguió.
Los MCS y monseñor Corral no respondieron a las consultas de Apro.

La figura de Collado quedó por el piso cuando el periódico portorriqueño El Nuevo Día reveló las experiencias de seis exmiembros de la congregación, quienes lo acusaron de manipulación psicológica, tortura y violación. Desde esa fecha, el fundador de la secta ha permanecido oculto. Además, Humberto Mercader habría roto con Collado, en una estrategia para preservar el olor a incienso de los Misioneros.

La MVRP estaría dirigida en México por el expromulgador Francisco Javier Rivera Maya, quien hasta 2010 trabajó en la filial nacional del laboratorio transnacional italiano Menarini Pharma.

En su perfil de Facebook, Rivera Maya presume de ser “promulgador” y asegura que “a mí también la Virgen del Pozo me ha concedido un milagro”.

En el municipio queretano de Huimilpan, la agrupación posee la Casa de Retiros San Miguel Arcángel, donde suelen efectuar las convivencias religiosas y que ilustran las dinámicas de la congregación.

Por ejemplo, en un retiro escenificado el 18 de abril de 2008 cada promulgador debió desembolsar 3 mil pesos. Las indicaciones eran que no se ingerirían alimentos, salvo ajos, chiles, cebollas, papa cruda o un ramo de apio. Se dormiría en el suelo a la intemperie, en bolsas de dormir o lonas sin techo. Las duchas serían con agua fría y por la madrugada.

Para comercializar libros, relicarios y otros suvenires, Collado fundó la empresa True Way, exenta de impuestos y que posee los derechos de autor de esos objetos. En la ciudad de El Paso, Texas funciona la corporación Obra Misionera de la Restitución, Inc., bajo la batuta de Graciela Priemer.

“De lo que más me empezó a desanimar fue la venta de tanta comida, de tamales, de gorditas, de rifas de boletos, de todo. Todo lo que se nos ponía enfrente había que venderlo para sacar dinero, dinero, dinero y dinero; aunque lo espiritual lo echásemos a un lado. Y al irnos a nuestra casa a descansar, en lugar de dar gracias a Dios me acostaba pensando cómo vender lo que a mí me tocaba, o qué actividad podía yo preparar para sacar dinero, o a quién podía pedirle ayuda para conseguir cosas para seguir vendiendo”, refirió en otro testimonio una exasociada en Parral.

En su página web los misioneros consideran a Collado “un hombre de Dios” y quien “fue recorriendo casas, capillas y parroquias en Puerto Rico”, llevando un mensaje urgente de transformación a través de un llamado a una genuina conversión de vida” y promoviendo “la vivencia de las virtudes, la oración, el sacrificio y la invitación a una participación activa en los sacramentos” católicos.

Las alabanzas a quien está acusado de manipulación y abuso sexual no se detienen ahí, pues lo considera “tan firme” en su credo que “motivó con su ejemplo e integridad de vida cristiana” a miles de hombres y mujeres a venerar a esa virgen.

En su blog, el integrante anónimo cuenta que nació el 23 de julio de 1973 en el Estado de México. Cursó primaria, secundaria y preparatoria en el colegio lasallista Cristóbal Colón. Luego realizó estudios universitarios en las universidades La Salle y del Valle de México.

“Durante los primeros 16 años de mi vida no fui muy acercado a Dios, vivía indiferente, sumergido en un mundo superficial. A los 17 años mi madre me invitó a una consagración a la Santísima Virgen del Rosario del Pozo, a la cual asistí, y fue donde sentí palpablemente la presencia de la Virgen. Ella cambió mi vida por completo. Desde aquel día comencé a rezar el rosario todos los días, frecuentar los Sacramentos y luchar por llevar una vida en comunión con Dios”, relata.

En 1991 “hice mi compromiso” con la Virgen del Rosario del Pozo de difundir su mensaje y “entregarme completamente a su servicio”. Se sumó a las filas de los MCS en 1996.

“Me atrajo su espiritualidad profunda, su espíritu de oración, sacrificio y penitencia y su amor profundo a la Santísima Virgen, además de su misión de ser restitución dentro de la iglesia que propone una transformación radical de la imagen y función del religioso actual y una renovación en el ámbito eclesial”, asegura.

En 2005 estudió una licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de la Santa Cruz del Opus Dei en Roma, durante tres años, luego de lo cual regresó a México.

El Registro Federal de Asociaciones Religiosas de la Secretaría de Gobernación da cuenta de 7 mil 616 agrupaciones religiosas, en su mayoría católicas, evangélicas y protestantes. Entre ellas no aparecen la MVRP ni los MCS.

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