De Ramón Tamayo

Señor director:

Le agradeceré publicar la siguiente carta, dirigida a su colaborador Rodolfo Obregón.

Estimado Rodolfo Obregón: Ya de por sí me sentía estimulado a escribirte desde que empecé a leer tus textos sobre el Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo. Quería compartir contigo lo que he hecho en estos últimos años. Por cierto que a raíz de que tomé contigo un curso de Comedia del Arte, me dio por aprender italiano (y también francés) y darme una vuelta por Europa. Lo hice y lo sigo haciendo. He tomado varios cursos, he conocido gente y he hecho buenos contactos; he visto muchos espectáculos, pero, sobre todo, he logrado exponer mis ideas y mis creaciones (tanto plásticas como escénicas) y las de mis estudiantes y compañeros actores en España, Francia, Alemania, Holanda y Canadá. Gracias.

Sucede que en tus textos sobre el Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo esperaba yo ver mencionada la relevancia del maestro Sigfrido Aguilar en relación con esta forma de estar sobre el escenario, de crear. Pero no, de pronto voy y me lo encuentro en la sección Palabra de Lector, luchando contra lo que a vivas luces nos parece injusto.

Creo que sabes bien lo que significa trabajar de manera independiente en esto de las artes escénicas y los abusos que se suelen cometer aprovechando esta situación de indefensión. Si bien el teatro es efímero, no puede serlo el esfuerzo de mucha gente, entre las que están tú y muchos otros, pero, sobre todo, para mí al menos, el maestro Sigfrido Aguilar.

Tengo un profundo respeto y agradecimiento al maestro Sigfrido Aguilar y creo que esto es compartido por mis alumnos y compañeros actores, con los que alguna vez he trabajado y transmitido mis conocimientos; para muchos de ellos, lo máximo siempre ha sido tener la oportunidad de tomar un taller con Sigfrido Aguilar.

Gran parte de mis conceptos de hoy se basan en las enseñanzas de Sigfrido Aguilar, quien ha sabido compartir, a lo largo de muchos años, su búsqueda y sus hallazgos; pero también de los maestros que en muchas ocasiones Sigfrido Aguilar trajo a Guanajuato o a Morelia para compartir con nosotros, sus alumnos y sus compañeros (incluidos Jean Aselin y Denise Boulanger). Muchos de estos conceptos son los que comparto con mis estudiantes y compañeros artistas en la Universidad Autónoma de Baja California o en cualquier otra institución donde se interesen por mis enseñanzas, incluido el Centro de Artes Escénicas del Noroeste, donde alguna vez hemos coincidido como instructores. Porque del maestro Sigfrido Aguilar también aprendí esto de compartir (aunque a veces nos lo hagan tan difícil). El año antepasado me vi en problemas para traer aquí a Mexicali y Tijuana a otro de mis maestros, Antón Valen, de España. Finalmente, con apoyo del Grupo de Teatro La Matraca, lo llevé a Hermosillo. Sin embargo, esto truncó en gran medida la posibilidad de traer el año siguiente al maestro Norman Taylor y de organizar el Primer Encuentro Internacional del Comediante en América, cosa de lo que muy pocos se enteraron y seguramente también a pocos importa, por nuestra forma de trabajo independiente.

Por último, quiero decirte que, efectivamente, el maestro Sigfrido Aguilar forma parte de mi presente, y su presencia la puedes encontrar en casi toda mi obra, incluida la plástica y literaria.

También me gustaría compartir contigo que estoy más activo y productivo que nunca.

Atentamente

Ramón Tamayo

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