Cinco años de guerra, 60 mil muertos

La escena de un crimen en Sinaloa. Foto: Juan Carlos Cruz
La escena de un crimen en Sinaloa.
Foto: Juan Carlos Cruz

Con la información de las instancias de seguridad pública y de procuración de justicia de los estados, se puede afirmar que en México el número de muertos en los cinco años de guerra calderonista contra el narcotráfico ya superó los 60 mil, cifra escalofriante en la que figuran presuntos delincuentes, sicarios, policías, soldados, marinos y civiles –“daños colaterales”,  según el gobierno federal– y más recientemente defensores de los derechos humanos. El impresionante cómputo fue elaborado por Zeta. Proceso reproduce un fragmento del trabajo de investigaciónque aparece en la edición del semanario tijuanense  que circula desde el viernes 9.

En medio de la impunidad en el sexenio del presidente Felipe Calderón los muertos en México ya no se cuentan de uno en uno. Se cuentan por montones como los 26 cadáveres arrojados en plena Guadalajara o los 35en Boca del Río.

Por cientos se registran los desenterrados de narcofosas en Durango, Tamaulipas, Nuevo León, Guerrero, hasta el momento.

Con el Operativo Michoacán Felipe Calderón inauguró lo que llamó su guerra contra el crimen organizado el 11 de diciembre de 2006.

A cinco años de gobierno y a uno de que concluya su administración, niños, mujeres, estudiantes, activistas sociales, empresarios, periodistas, adolescentes y otros mexicanos han perdido la vida.

Recurriendo como metodología a la comparación de las tarjetas informativas de las secretarías de Seguridad Pública tanto municipales como estatales y las estadísticas de las fiscalías y procuradurías generales de justicia de los estados con la información del Sistema Nacional de Información, Zetallegó a la conclusión que durante los cinco años de gobierno del presidente Felipe Calderón la cantidad de muertos llegó a 60 mil 420, escalofriante cifra que incluye lo que el gobierno federal clasifica como “ejecuciones”, “enfrentamientos” y “homicidios-agresiones”. (Extracto del reportaje que se publica esta semana en la edición 1832 de la revista Proceso, que ya está en circulación)

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