¿Quién es el que manda?

MÉXICO, D.F. (apro).- Arrogantes y presuntuosos mamíferos razonadores: ustedes perdonarán que no les tome en serio, pues, lo quieran o no, por más que presuman y afirmen obstinadamente que soy su servidor, la mera verdad es que, como lo demuestran los hechos, servidor es su rey y señor, el que ordena y manda en sus vidas.

Verdad es, lo admito, que no siempre ha sido así, que tiempo hubo, de milenios, en que no representé ni tuve significado alguno en sus vidas; tiempo en que su relación directa con la naturaleza era lo más importante para ustedes, ya que en la misma, no pocas veces en lucha constante con ella, de manera individual o colectiva, encontraban lo indispensable para su sobrevivencia; tiempo de días plenos de riesgos de muerte, de noches pasadas en las altas ramas de árboles o en cuevas de boca estrecha que no permitía la entrada de las grandes fieras y que tal vez contaban con otras salidas únicamente accesibles a los de su especie; tiempo de noches de múltiples sobresaltos y sembradas de negros sueños, de pesadillas angustiosas que aun de una u otra manera sobrenadan, giran e impregnan densamente el inconsciente de cada uno de ustedes y el imaginario colectivo de la raza, la de los bípedos implumes, lugares en los que aún tienen mucho más peso del que sospechan; tiempo en el que no eran más que recolectores de frutos, semillas y raíces y que incluso los hizo carroñeros, es decir, consumidores de la carne que dejaban las fieras en sus cacería o de animales muertos por accidentes, como los fenecidos por desbarrancamiento o ahogados en días antes; tiempo, en fin, de milenios, en que estuvieron más cerca de ser parecidos a los animales que a los humanos que han alcanzado ser gracias a su continuo saber, a la ciencia y a su tecnología, convirtiéndose así en los reyes de la creación, como ustedes mismos orgullosamente se califican.

Entre los descubrimientos e invenciones que fueron haciendo con el crecimiento de sus saberes, ni duda cabe que uno de los más felices, en todos los sentidos, para ustedes y para mí, fue el de su servidor: el dinero.

No voy a extenderme en lo que ya saben, en dónde y cuándo fui acuñado por primera vez, las diversas formas que me han adjudicado e ido dando a través del tiempo hasta llegar al dinero electrónico o virtual de la actualidad.

Recordemos otras cosas que más nos afectan a ustedes y a un servidor: en un principio, me tomaron como un simple elemento o recurso para simplificar el intercambio de mercancías de diversa naturaleza, y en ello les fui muy útil, pues, ciertamente, les liberé del estrecho y abrumador trueque, del intercambiar directamente mercancía por mercancía, lo que no fue poco, pero hubo más, ya que al tomarme como medio de intercambio de mercancías de diverso valor, automáticamente me convirtieron en la medida del valor, por variable que fuera, que tenía en sí cada una de ellas; con esas dos facultades, el ser medio de cambio y medida de valor, facilité la circulación de las mercancías, la compra y venta de bienes de consumo y servicios, y con ello di origen al libre mercado abierto. ¿Qué les parece? Más eso no fue todo, pues también descubrieron en su servidor otra realidad deslumbradora e inquietante a la vez –¿la descubrieron o me la adjudicaron? ¿Qué dicen?–: que s servidor es también poder, lo que fue reconocido y acatado por todos, tanto por los que tenían la dicha de poseerme, como por los que desgraciadamente no me poseían. Para los primeros era uno de los mejores, si no es que el mejor, de los servidores; para los segundos era uno de los peores, si no es que el peor, de los amos, ya que los que me tenían podían comprar las voluntades e incluso los cuerpos de los que no me poseían, con lo que hicieron del prójimo una mercancía, tanto en lo espiritual como en lo material –¿o no es así?–; a los que no me poseían no les quedaba más remedio que someterse por las buenas o por las malas… o rebelarse.

Pueden decirme que así fue en el pasado, pero su servidor les asegura que así sigue siendo en el presente.
Desmientan, si es que pueden, que su servidor, el dinero, continúa siendo un poder e incluso uno de los pilares de esa su sociedad; si no hay entre ustedes quien lo use para comprar voluntades, el trabajo e incluso los cuerpos de prójimos… y prójimas… y si no hay prójimos y prójimas entre ustedes que se venden al que tiene al servidor de ustedes, al dinero, hechos todos que demuestran y confirman que su servidor está siempre presente, en una u otra manera en sus pensares, decisiones y haceres, esa es la regla… con sus excepciones que la confirman, claro. De todos modos, ustedes dirán si lo expuesto en la presente muestra y demuestra o no, que de medio utilizado para conseguir un fin, me he convertido en un fin imperativo para no pocos de otros fines en sus vidas, si no es que para todos.
Mis mamíferos razonantes: de despedida, ahí les va la siguiente pregunta: por lo leído en ésta, ¿serían capaces de decirme quién ordena y manda en la realidad de sus vidas y en esa su sociedad globalizada y globalizadora?
Con el respeto que me merecen, de ustedes para lo que gusten y manden.
EL DINERO

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