Habla Maude Versini: El complot de Arturo Montiel

El exgobernador mexiquense Arturo Montiel y su exesposa Maude Versini. Foto: Eduardo Miranda
El exgobernador mexiquense Arturo Montiel y su exesposa Maude Versini.
Foto: Eduardo Miranda

En entrevista con Proceso, en París, Maude Versini describe las maniobras  de su exmarido Arturo Montiel para “secuestrar” a los hijos de ambos y retenerlos en México, violando, según ella, el acuerdo al que llegaron a raíz de su divorcio. La trama del conflicto – pasión, dinero, política y revancha, mezclados– pasa por el  propio exgobernador del Estado de México,  por las nanas de los niños, involucra al  juez que emitió un fallo “para complacer” y de alguna manera toca, a posteriori,  lo mismo a Felipe Calderón que a Enrique Peña Nieto. No amenaza, pero advierte: “Voy a dar la batalla…”

PARÍS.- Maude Versini es guapa sin ser glamorosa. Viste elegantemente informal. Apenas se maquilla. No aparenta sus 38 años ni se parece a “la mujer fatal que enloqueció” a Arturo Montiel en 2000, cuando era gobernador del Estado de México.

Mujer inteligente, oscila entre la espontaneidad y la desconfianza. Sabe exactamente lo que quiere decir y lo que quiere callar. Sabe muchísimo más de lo que acepta contar durante la lluviosa tarde parisina del jueves 26.

“No me interesa comentar ‘mi leyenda’ mexicana –insiste–, sólo me importa recuperar cuanto antes a mis hijos y dar a conocer públicamente mi versión de los hechos, puesto que Arturo Montiel ya dio la suya”.

–Sé que va a sonar cursi lo que voy a decir en una entrevista seria con Proceso, en un momento muy grave tanto para mí como para mis hijos y además en pleno año electoral en México, pero, a pesar de nuestra diferencia de edad (de 30 años), Arturo Montiel y yo nos enamoramos. Fue una pasión. Arturo es un gran seductor, es inteligente y romántico. Me atraía, pero desconfiaba.

“A mí me impresionó con eso –confía Versini–; entendí el carácter de Arturo: tiene una voluntad de hierro. Cuando se propone algo, lo logra porque lo logra. Me decía que iba a cambiar las leyes, pero yo no lo creía. Me dejó con la boca abierta. En cambio, esa iniciativa no les gustó para nada a mis padres”. (Extracto de la entrevista que se publica esta semana en la revista Proceso, ya en circulación)

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