La campeona solitaria

Fernanda González, nadadora mexicana. Foto: Aarón Cadena
Fernanda González, nadadora mexicana.
Foto: Aarón Cadena

Para Fernanda González, la única nadadora mexicana clasificada para Londres 2012, no existen imposibles. Con experiencia en justas olímpicas luego de su participación en Beijing 2008, comenta que en sólo cuatro años pudo bajar cuatro segundos en sus registros, lo que no es un logro menor. Confía en que hará un buen papel en esta ocasión y asegura que será en el próximo ciclo olímpico cuando estará en su plenitud deportiva. Fernanda, que de niña le tenía terror al agua, afirma: “Ya desde ahora estamos haciendo historia…”.

SAN LUIS POTOSÍ (Proceso).- Fernanda González Ramírez, la mejor nadadora mexicana en la actualidad, le tenía demasiado temor al agua. Con sólo acercarse a una piscina se inquietaba en exceso. “Tenía pavor de meterme a nadar”, cuenta.

Pese a que desde pequeña aprendió a convivir con sus miedos, le desagradaba sobremanera la idea de que en su colegio la natación formara parte del currículo escolar. Como fuera, siempre se las ingenió para evadir las clases de nado. Incluso le pedía a su madre que les dijera a sus maestros que estaba enferma.

Sólo le entusiasmaban la gimnasia, el ballet y la danza. Incluso el beisbol era parte de sus inquietudes. Un día sus padres le regalaron una pelota, la manopla y el bate, y se dieron a la tarea de buscarle campos para que pudiera jugar.

Pero un día su madre, María Mónica Ramírez, adquirió una membresía de un club deportivo del Distrito Federal y decidió inscribirla junto a su hermano Sergio en clases de natación. Les dijo: “Quiero que aprendan a nadar y después podrán hacer lo que quieran”.

La decisión no fue discutida, pero la idea no la hizo feliz. Se sentía abrumada y, ante todo, forzada, porque la actividad acuática no terminaba por convencerla. Entonces se prometió: “Trataré de aprender lo más rápido posible para después hacer lo que quiera. Nunca pensé quedarme en la natación… Además, ya estaba bastante grande para aprender a nadar.

“Ahora sí que fue cosa del destino: entré a las clases de natación con el profesor Armando Fernández. Con él comencé a nadar, y hasta la fecha sigue siendo mi entrenador. Me conoce demasiado; con él convivo y viajo a las competencias. Poco a poco le perdí el miedo al agua y la natación se me hizo un gusto.”

A los cuatro años se recuerda sentada sobre la cama de sus padres mientras presenciaba con la familia por televisión las incidencias de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.

“Cada vez que se realizaban los Juegos Olímpicos, en mi casa no se veía otra cosa más que deportes”, recuerda. Dice que el personaje que se le quedó más grabado fue el legendario Carl Lewis. Fue así que de pequeña visualizó su futuro: “quiero ser olímpica”.

Lo dijo sin saber siquiera lo que eso significaba y todo lo que debía esforzarse para merecerlo. “Vi a mi madre disfrutar tanto el evento que me dije: ‘¿Qué hace esa gente para salir en la tele? Yo también quiero ser como ellos’”.

Nacida en un año olímpico (1990), los inicios de Fernanda en la natación coincidieron con los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Frente al televisor se deslumbró con las hazañas de Ian Thorpe y el equipo australiano.

“Me acuerdo perfectamente el momento: vimos a Thorpe nadar con su traje largo negro. Fue impresionante. Me dejó bastante marcada, y desde ahí supe lo que quería hacer de grande. No sé si tomé a Thorpe como referencia o no, pero me marcó porque fue un deporte que ya practicaba, pero no había vivido todo eso. Comencé a nadar en febrero de 2000 y los Juegos Olímpicos fueron en julio de ese año. Apenas ahí me di cuenta de muchas cosas que pasaban en el deporte que entrenaba.”

Mentalidad de triunfo

Fernanda es la nadadora más prometedora de México. En Londres cumplirá sus segundos Juegos Olímpicos después de alcanzar su sueño en Beijing 2008, en la modalidad de dorso. Clasificada en el lugar 26 del ranking olímpico y 12 de la actual temporada, es hasta el momento la única representante de la natación local con un boleto garantizado a Londres 2012, en una disciplina que no despunta desde las medallas que lograron Felipe Muñoz y María Teresa Ramírez en México 68.

No obstante, la nadadora, quien conquistó tres medallas de bronce en los pasados Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, se dice predestinada a triunfar en su deporte.

“Cada vez me compro más esa idea. No sabía cómo llegar a ser olímpica; no sabía todo lo que iba a tener que pasar, lo que iba a tener que entrenar, lo que iba a vivir para serlo. Pero cada vez me queda más claro. Ya desde ahora estamos haciendo historia: en los Juegos Panamericanos pasaron más de 30 años para que un mismo deportista ganara tres preseas en natación. Eso ya es hacer historia.”

Es fanática del australiano Thorpe. “Ya he visto a muchos, entre ellos a Michael Phelps, y uno de mis sueños es ver nadar a Thorpe. Le pido a todo el mundo, a Dios, al agua, que ojalá y siga nadando y que me toque la fortuna de verlo nadar algún día, porque cuando lo vi competir por la tele quedé bastante impresionada por lo que hacía. Es sumamente natural; se ve tan relajado en las competencias”.

En su vida, que califica de increíble, nada le ha faltado: “Todo lo que quiero lo tengo. Como niña me porté bien, entonces Santa Claus siempre me trajo los juguetes: honestamente tuve todo lo que pedí siempre. Tuve todo el apoyo de mis padres y me cumplían todos mis caprichos para verme feliz. Son recuerdos que te quedan, pero de grande te das cuenta que puedes vivir sin esas cosas, menos materialista y más enfocada a la familia y a los valores”.

Por la natación fue capaz de modificar muchas cosas: estudios, amistades y hasta una mudanza con sólo una parte de la familia. En abril del 2009 su patrocinador Nelson Vargas la sorprendió. Le pidió que trasladara su domicilio a San Luis Potosí. Les hizo ver los beneficios de trabajar con su entrenador en unas instalaciones para el alto rendimiento como el Centro Deportivo La Loma, donde acostumbraban realizar sus campamentos.

“En un principio dices que no, que cómo me voy a ir del Distrito Federal, de mi casa, de mi familia, de mi rutina. El profe Nelson nos hizo notar las cosas positivas, entre ellas la cercanía del lugar de entrenamiento. En el Distrito Federal pasaba en promedio tres horas y media diarias manejando en la carretera para llegar a mi destino de entrenamiento, de Interlomas a mi casa. Hubo días en que tuve que llamarle a Armando y decirle: ‘esto está imposible. No me he movido en más de tantos minutos y no voy a llegar a tiempo’.”

Entre el cansancio y el estrés de la gran urbe, Fernanda sentía que no avanzaba mucho. “Todo eso nos los hizo ver el profesor Nelson, quien con toda su experiencia nos dijo: ‘si no hacen ese cambio no van a llegar a ningún lado. Igual sí llegan, pero les va a costar más trabajo’”.

Antes, Armando Fernández ya se había convencido de experimentar nuevos retos. “Debemos probar, San Luis es una ciudad que está creciendo, no te vas a estresar por el tráfico ni te vas a arriesgar por esa parte de ir por la carretera”, le sugirió el entrenador.

No viajaron solos: a Fernanda se le unieron su madre y sus dos hermanos. Su papá no quiso moverse, pues duda que en San Luis pueda encontrar las oportunidades que en su profesión de médico le brinda la Ciudad de México. En cambio, el entrenador Fernández decidió mudarse con toda la familia.

“Fue un cambio muy grande, pero necesario. Empecé a descansar mucho, a comer como gente decente; ahora ya no tengo que alimentarme dentro del coche, ya me siento a comer con mi familia, a la que ahora disfruto. Tengo tiempo para todo: para dormir, relajarme, leer, ir al cine y escuchar música. Fue un buen cambio, y los resultados se ven: nos está yendo maravillosamente bien. Cada vez me siento más fuerte, y en un lugar en el que tengo que estar”, dice Fernanda.

A su madre no le importó dejar atrás su redituable instituto de inglés, con 27 años de trayectoria, ni incluso al marido. Les dijo: “Los acompaño. Quiero ser parte del cambio, del proyecto, de estar con ustedes, y si ustedes se van me voy con ustedes”.

“Me alivió mucho el hecho de llegar con mi mamá, con mis hermanos, de sentir el ambiente familiar, ese calor de casa. Me hizo bastante bien”, refiere Fernanda, cuyos hermanos, de 19 y 10 años, también practican la natación.

Ambición

En San Luis la atleta y el entrenador sellaron el compromiso para poner a prueba su anhelado proyecto, “Ciento por ciento hecho en México”, que consiste en demostrar que los nadadores de alto rendimiento no necesariamente deben irse a Estados Unidos para perfeccionar su técnica.

“Es un proyecto que se puso sobre la mesa desde hace años. Lo vimos muy viable y llamaba la atención porque somos precisamente ciento por ciento nacionalistas y con amor a nuestra patria. Mi entrenador es mexicano y yo soy mexicana, entrenamos en México con recursos nacionales, con alberca mexicana, con equipo de mexicanos. Todo es para demostrar a los demás nadadores, como a nosotros, que en el país se puede lograr todo lo que se quiere. Si tienes un objetivo y una meta marcada, si no mueves los ojos de ahí, lo vamos a lograr eventualmente con el esfuerzo y trabajo que se deben poner a las cosas.”

Las pruebas la avalan: “Soy la mejor nadadora mexicana de la actualidad, la que encabeza la selección nacional. Eso demuestra que en México hay talento tanto de entrenadores como de nadadores. Hay albercas donde se puede entrenar y hay apoyo. Ahora es algo muy curioso lo que ha sucedido: la mayoría de los seleccionados nacionales ya residen en el país, y hace algunos años, cuando yo era una pequeña, era a la inversa: la mayor parte de los nadadores vivían en Estados Unidos. Creían que era mejor entrenar allá. Ahora pasa todo lo contrario”.

Pero ni Fernanda ni su entrenador se sienten satisfechos con los avances: “Somos ambiciosos y queremos más todavía. Por eso seguimos nadando, y por eso entreno y por esa razón ya cayó la marca ‘A’ que me dio el pase a los Juegos Olímpicos. Tenemos sueños más grandes, y es cuestión de tiempo, de esperar a que todas las cosas caigan en su lugar”.

–¿Cuáles son tus sueños?

–Que nada me impida nadar. El otro sueño era dar la marca olímpica para tener el boleto asegurado a Londres, y ahora que ya conseguí el pase, el propósito, como dice Armando, es pensar en una semifinal, ¿y por qué no en una final? Mi temor es dejar de nadar.

Fernanda sufrió una lesión en el hombro cuando tenía 14 años. Desde entonces está obligada a realizar ejercicios de rehabilitación. Tras la primera valoración de la parte afectada le sugirieron una intervención quirúrgica, pero su padre, al fin médico, se opuso al advertir que Fernanda estaba muy pequeña y que “un hombro ya con una operación no queda igual, pues se limita su rango de movimiento”.

Sin embargo, la lesión la forzó a parar durante 10 meses. “Todos los nadadores han tenido problemas en el hombro y todos han debido parar en algún momento. Incluso la dorsista campeona de los pasados Juegos Olímpicos en 100 metros –una de las pruebas de Fernanda–, la estadunidense Natalie Coughlin, dejó de entrenar 18 meses por una lesión en el hombro. Natalie fue mi ejemplo a seguir y la comparación que Armando me puso: ‘ella también se lesionó’. Obviamente te frustras porque te sigue doliendo, el hombro está inflamado y tendrás que hacer los ejercicios”.

Fogueo

Por el deporte dejó de tener una vida normal. Entre los viajes, las concentraciones y los entrenamientos fue perdiendo la condición de estudiante. Apenas le alcanzó para hacer la preparatoria abierta en año y medio, aun cuando la decisión no le agradó del todo a la familia, que imaginaba sus estudios de manera convencional, con graduación y fiesta incluida.

“No me arrepiento de nada, ni siquiera me duele. Al contrario, viví muchas cosas padres durante ese año y medio y he seguido viviendo cosas más bonitas todavía. Son experiencias que otras personas no van a vivir. Tiempo para estudiar te queda toda la vida, y la vida de un atleta se termina; en unos 10 años ya no voy a tener la misma condición de ahora.”

Luego empezó a estudiar administración en la Universidad Anáhuac, pero no completaba ni siquiera el primer semestre cuando Vargas le planteó el cambio a San Luis Potosí, donde encontró una universidad afiliada a la Anáhuac.

“Me aceptaron muy bien, porque venía de la escuela grande”. Ahí le dio por estudiar comunicación. No obstante le fue difícil asistir a la mayoría de las clases. De tal manera que de un cuatrimestre sólo asistió mes y medio. Al final dejó los estudios, y por recomendación de la taekwondoísta María del Rosario Espinoza planea cursar la universidad en línea, “la opción más conveniente y la que más se me ajusta”.

El domingo 11, Fernanda rompió por partida doble el récord absoluto mexicano en 200 metros dorso en el Grand Prix de Columbus, Ohio, donde su nueva marca: 2:10.75 le valió la medalla de oro y la marca “A” exigida por la Fina para calificar de manera automática a los Juegos Olímpicos de Londres. Se convirtió así en la primera nadadora mexicana en cumplir con el requisito del organismo internacional (2:10.84). El récord nacional anterior le pertenecía a ella misma: 2:11.58.

La mañana de ese día, Fernanda impuso registro de 2:11.58 en la clasificación general de los 200 metros dorso. También conquistó el oro en los 100 metros dorso, pero se quedó a sólo 14 centésimas de la marca “A” (1:00.82, contra el 1:00.96 de González). No obstante, al tener la marca “B” recibiría una invitación de la Fina para tomar parte en esta prueba en Londres. De todas formas, buscará la marca “A” en el Abierto de Canadá, a disputarse a finales del mes.

En sus primeros Juegos Olímpicos, en Beijing, fue eliminada en 100 metros dorso al ubicarse en el sexto lugar en la serie eliminatoria, con tiempo de 1:02.76. Y lo mismo le sucedió en los 200 metros dorso, prueba en la que no alcanzó a superar las eliminatorias. Terminó en la cuarta posición con registro de 2:14.64 minutos para concluir en el segundo lugar.

Ahora en Londres, y a punto de cumplir 22 años, Fernanda ha bajado en más de cuatro segundos su tiempo de un ciclo olímpico a otro. Su entrenador se anticipa:

“A veces erróneamente la prensa y las autoridades dicen que para qué van si no ganarán o no van a hacer top 16. Como formador de atletas, si queremos estar en ese nivel necesitamos un fogueo de ese tipo. Iremos a nuestros segundos Juegos Olímpicos ya con una madurez en cuanto a nivel deportivo, y nuestra expectativa no sólo es participar, sino buscar algo con un tiempo macro, hacer una temporada de aquí a los Juegos, de 17 o 18 semanas, que nos da un amplio margen para dar otro brinquito y con toda la adrenalina que se genera se puede lograr incluso una semifinal, y por qué no, una final, porque históricamente la natación mexicana ha estado atorada desde los tiempos del 68.”

–¿En tiempos, qué tan lejos está la natación mexicana de las medallas?

–Justo ahora estaba viendo el ranking mundial, donde Fernanda se encuentra en el lugar 12. Este año la que más rápido ha nadado tiene un tiempo de 2.07:92. Fernanda acaba de nadar de 2.12 a 2:10.75, pero no es un suceso muy común. Entonces podríamos pensar que tendría la posibilidad de quedar entre las ocho o 10 mejores. Pero ganar el primer lugar “es un poquito circunstancial: en tan pocos segundos, ¿quién llega muy bien ese día? Michael Phelps llegó muy bien a Beijing. Parece que se le dio de manera un poco fácil, pero hubo muchas figuras que no llegaron bien y no ganaron ni una medalla.

Fernanda, quien considera que alcanzará su plenitud deportiva en el próximo ciclo olímpico, reflexiona:

“¿Cómo te explicas que el récord del mundo va bajando por centésimas, no por segundos? Porque es muy difícil entrenar para bajar centésimas, para bajar un pedacito. La respuesta es que Dios te iluminó ese día, porque todas las condiciones se dieron. Las ocho medallas de Phelps también fueron por un golpe de suerte el haber ganado los 100 metros por una centésima de segundo en el toque. Dices: ‘no puede ser. Ahí tuvo que intervenir una fuerza mayor que la humana’.”

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