Europa: “México, país rico, que se haga cargo de sus pobres”

Felipe Calderón, titular del Ejecutivo. Foto: Germán Canseco
Felipe Calderón, titular del Ejecutivo.
Foto: Germán Canseco

BRUSELAS (apro).- Mientras el presidente Felipe Calderón presume la fortaleza económica de México y exalta los logros de los gobiernos panistas en la reducción de la pobreza, Sandra Fuentes-Berain, embajadora de México ante la Unión Europea (UE), reclama a las instituciones de este bloque de países la decisión de recortar sus ayudas a los pobres mexicanos.

El pasado 7 de diciembre la Comisión Europea aprobó una propuesta presupuestaria para el período 2014-2020, que deja a México fuera de los países receptores de cooperación al desarrollo, junto con otros 10 países latinoamericanos. La UE pretende canalizar tales fondos a las naciones más pobres.

“En principio, los países de ingreso alto, medio alto y medio, que están en una ruta de desarrollo sostenible y/o que tienen acceso a amplios recursos domésticos o externos para financiar sus propias estrategias de desarrollo, saldrían de los programas de ayuda bilateral”, indica la Propuesta para un nuevo instrumento de financiación de la cooperación al desarrollo de la Comisión Europea.

El documento añade: “El mundo se está desarrollando: el listado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de países beneficiados de la Asistencia Oficial al Desarrollo (revisada en 2011) muestra que más de 20 naciones han pasado de la categoría de país de bajo a mediano ingreso, y de medio-bajo a medio-alto ingreso, basado en el ingreso per cápita nacional bruto.”

México está clasificado por la OCDE, el club de países ricos al que ingresó en 1994, como un país de ingreso medio superior.

“Es cierto que quedan muchas bolsas de pobreza en Latinoamérica, pero en opinión de la UE los gobiernos (de los países excluidos de la ayuda) son capaces de asumir, ellos mismos, esos retos”, dijo el comisario de Desarrollo de la UE, Andris Piebalgs, en una entrevista con el diario El País, publicada el pasado 10 de noviembre.

Reclamo mexicano

Apenas un mes antes del anuncio europeo sobre el recorte de las ayudas, el 7 de noviembre, el presidente Calderón presumió en un encuentro con pequeñas y medianas empresas que México “tiene una economía fuerte”, que “crece con baja inflación y que genera empleos”.

Pese a todo lo anterior, el 21 de marzo último, en el marco de una conferencia diplomática organizada por el medio de comunicación español Aquíeuropa, la embajadora mexicana Sandra Fuentes-Berain se quejó del recorte por parte de la UE.

En su intervención, dijo: “Los problemas que enfrentan los programas de protección y seguridad social en Europa derivarán sin duda en una escasez de los recursos destinados a la cooperación con otras regiones. De hecho, ya lo estamos viendo: se han recortado de una forma muy importante los fondos de cooperación para América Latina”.

Y se refirió a México: “Los países de renta media hemos sufrido una reducción en los recursos de cooperación para ser concentrados en los países menos desarrollados de la región”.

El español Rafael Gelabert, jefe de la Unidad de Temas Horizontales en las Américas del Servicio Europeo de Acción Exterior, calificó de falsos los dichos de la embajadora mexicana: la Comisión Europea sostiene que la ayuda recortada será reemplazada con acuerdos de asociación en programas donde se afronten conjuntamente el cambio climático, temas de derechos humanos o educativos.

Fuentes-Berain remitió al funcionario europeo al Proyecto de informe sobre la definición de una nueva política de cooperación al desarrollo con América Latina, cuyo ponente es el eurodiputado español Ricardo Cortés Lastra, presidente de la Delegación del Parlamento Europeo para la Comisión Parlamentaria Mixta México-UE.

En el punto 4 del documento –que leyó la embajadora– el eurodiputado pide a la Comisión Europea y al Consejo (la institución donde toman decisiones los 27 gobiernos de la UE) “que se mantenga el volumen del Instrumento de la Cooperación al Desarrollo para el período 2014-2020 hacia América Latina de un tercio del importe geográfico total”, que es el presupuesto actual.

Además, en el punto 8 solicita “ampliar los indicadores empleados a evaluar el desarrollo, sin limitarse al nivel de renta”, y advierte que “la clasificación de países según su nivel de ingresos se basa en cálculos que esconden desigualdad y pobreza”.

En concreto, propone a la Comisión Europea que presente “una estrategia coherente de retirada gradual de la ayuda bilateral” para los 11 países latinoamericanos excluidos. Cortés Lastra precisó a este corresponsal que un período correcto serían cuatro años.

Tal proyecto de informe será votado este martes 24 en la Comisión de Desarrollo, y tentativamente pasará a una votación de la sesión plenaria del Parlamento Europeo el 11 de junio.

Contradicciones

Un documento de EuropeAid –la Agencia Europea de Cooperación, creada en 2001 para diseñar y gestionar esos fondos– revela que “tras la adhesión de México a la OCDE en 1994, y a la luz del desarrollo de sus indicadores macroeconómicos, muchos de los Estados miembros de la UE dejaron de considerarlo un país prioritario para la cooperación al desarrollo”.

Tal escrito, fechado el 18 de agosto de 2010 –y al cual tuvo acceso Apro–, acepta que la Comisión Europea sólo pudo justificar un programa de ayuda para México, luego de notar “las importantes desigualdades sociales (existentes) en la población del país”, así como las “grandes oportunidades en el ámbito económico, científico y académico”.

Así, el primer plan estratégico de tipo plurianual en materia de cooperación europea al desarrollo con México contó con un presupuesto de 49 millones de euros para el período 2002-2006.

De ese monto, la UE destinó 30% para apoyar el “desarrollo social y la reducción de las desigualdades” en las regiones “más pobres del país”.

Ese plan estratégico precisa que tales fondos de ayuda fueron canalizados, principalmente, en proyectos productivos en “microrregiones” del sureste de México con alta densidad de población indígena que ofreciera un “mejor acceso a los servicios de salud y educación”.

Durante ese período, la mayor parte de los fondos europeos, 35%, fue consagrado a programas para “crecimiento y apoyo económico a las reformas y a la competitividad”; 20% se dedicó a los programas en ciencia y tecnología, y 10% más a aquellos dirigidos a “consolidar el Estado de derecho y las instituciones”.

El presupuesto del plan estratégico en vigencia, que cubre de 2007 a 2013, es de 55 millones de euros. Pero lejos de disminuir la necesidad de aplicar los recursos europeos al combate contra la pobreza en México (“cohesión social” en la jerga diplomática europea), esta asignatura creció a 40%.

El objetivo del plan europeo es “identificar los obstáculos que impiden a la gran mayoría de los mexicanos beneficiarse del crecimiento y el desarrollo”.

En este plan se conserva el mismo 35% al financiamiento de proyectos de “economía sustentable y competitividad” y se otorga 25% a un nuevo rubro de programas relativos a educación y cultura.

La relación que sostiene Europa con México en este campo es contradictoria. La UE considera a México un país rico, razón por la que le atribuye montos de cooperación inferiores a los de otras naciones latinoamericanas. Así, por ejemplo, en el período 2007-2013 Guatemala recibirá 135 millones de euros y El Salvador 121 millones.

Sin embargo, los fondos para México están enfocados en la lucha contra la miseria y las desigualdades, como sucede con los países más pobres del continente.

A diferencia de México, la otra potencia latinoamericana, Brasil, percibió una cantidad casi similar de fondos europeos, 61 millones de euros, pero 70% de éstos son destinados a iniciativas para promover “las relaciones bilaterales”.

Hartazgo europeo

Un memorando confidencial de la Comisión Europea, fechado en 2009, exponía una razonable frustración al respecto.

Uno de los primeros indicadores alude a México como “un país de ingreso medio de la OCDE”.

La Comisión Europea acusaba en su escrito que, a pesar de ello, “el contexto socio-económico de México está caracterizado por una extendida pobreza y una de las más desiguales distribución de ingresos del mundo”.

Dicho documento interno –dado a conocer por Apro el 26 de febrero de 2011– remarca que “pese a un significativo incremento en el gasto público social (…) las estimaciones indican que más de 42% de los mexicanos todavía viven por debajo de la línea de la pobreza, la mitad de ellos en extrema pobreza”.

Esas cifras contrastan con las del presidente Calderón, quien el pasado 29 de marzo sostuvo que, según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, entre 2000 y 2010 la pobreza se redujo 23%.

Un mes antes, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social planteó en un reporte que, tan sólo entre 2008 y 2011, la población en situación de pobreza en el país había aumentado de 44.5% a 46.2%, lo que equivalía a 3 millones 200 mil nuevos pobres.

El referido documento confidencial de la Comisión Europea afirma que en México “los logros en la reducción de la pobreza en los últimos años han sido limitados”. Peor aún: precisa que “el gasto público general únicamente genera un insignificante efecto redistributivo de la riqueza y contribuye poco a fomentar la cohesión social”.

Consultado por este corresponsal, un diplomático europeo –que no quiso ser citado para no violar las reglas de comunicación–opinó: “Nosotros no tenemos por qué subsidiar a los pobres de México, que es un país rico; sus problemas de repartición de la riqueza son suyos, no nuestros”.

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