Carlos Fuentes: “el arte sobrevive a la política”

Carlos fuentes durante una firma de libros en diciembre de 2011. Foto: Octavio Gómez
Carlos fuentes durante una firma de libros en diciembre de 2011.
Foto: Octavio Gómez

El escritor Carlos Fuentes concedió recientemente una entrevista a Daniel Barrón, colaborador del blog Homozapping, que a continuación reproducimos.

A sus 83 años de edad, el escritor Carlos Fuentes está, como siempre, poniendo el dedo en las llagas del momento. Su nombre ha sido trending topic en Twitter debido a que Enrique Peña Nieto citó el título de una de sus novelas, pero confundió su nombre con el de un historiador; y días después, Vicente Fox, preguntó en público “¿Carlos Fuentes? ¿Muy leído o qué?” Pero Fuentes está mucho más allá de esos gags de precampaña. Como subraya al final de esta charla, la literatura, el arte sobrevive a la política.

Daniel Barrón: Empecemos con la guerra contra el narcotráfico: ¿cree que es un buen camino?

Carlos Fuentes: No, soy parte de una comisión integrada por el expresidente Zedillo, Fernando Henrique Cardozo, y César Gaviria, y allí estamos intentanto que este problema se trate de otra manera, mediante la despenalización, y no mediante en ataque frontal. Aquí hay un problema muy grave para México, porque el mercado son los Estados Unidos y ellos no dan un solo paso en serio, dan pasitos chiquitos, pero no un paso en serio para combatir el consumo de la droga no, y eso es lo que finalmente alimenta el negocio. Si no hubiese el gran mercado consumidor norteamericano, pues no habría oferta mexicana. Y ellos hacen muy poco. Estados como California, y otros más, están tomando medidas por su cuenta, pero la gran medida federal, no la ha tomado el gobierno de Washington. Ese es un problema que no tuvo Colombia; sin embargo, yo creo que con el problema de México, que es un problema muy particular, hay que proceder a la despenalización progresiva, para que esto se convierta en algo tan simple como tomar alcohol.

Cuando Roosevelt en el Nuevo Trato permitió el consumo del alcohol, se acabó Al Capone pero no se acabaron los borrachos. Entonces aquí podremos tener la situación en que se acaben las grandes organizaciones criminales, pero se siga consumiendo la droga quien quiera consumirla, pero ya no con el atractivo, con el aura que da la interdicción.

— Y se convertirá simplemente en un problema de salud, y no de criminales.

— Eso es los que queremos en este grupo, que sea un problema de salud, nada más.

—Los indignados, y el movimiento tanto en España como en Egipto, Londres y Nueva York han cambiado la agenda política…

—Mire, donde menos se piensa salta la liebre, quién iba a decir que de África del Norte iban a hacer este movimiento. Un hombre se inmoló en Túnez, y prendió una llama que ha abarcado el norte de África, ha derrocado el gobierno de Mubarak, y el gobierno de Gadafi; quién lo hubiera pensado, llevaban treinta, cuarenta años en el poder. Se cayeron y el movimiento cruzó el Mediterráneo y ha cruzado el Atlántico, y de allí el problema de los ocupados en Estados Unidos. Ellos plantean un problema muy radical que es: ni demócratas ni republicanos, vamos a buscar una nueva solución, una nueva situación política para problemas inéditos, porque lo importante es que los partidos tradicionales ya no tienen soluciones para los nuevos problemas, y la gente lo sabe. Lo saben los indignados en España, lo saben todos los que se levantaron prácticamente en armas en la Gran Bretaña, en seis, siete, diez ciudades y lo saben los jóvenes norteamericanos —los jóvenes y viejos—, de manera que estamos ante una novedad que no se ha manifestado en América Latina. Ha empezado en Chile, ha habido un movimiento, pero fíjese usted que por primera vez los problemas no empiezan en América Latina. Pero indudablemente van a llegar a América Latina y hay que estar preparados, hay que pensar, en qué soluciones tenemos para la gran mayoría de los mexicanos que no están contentos. Saben que tienen problemas, tienen exigencias que no están siendo satisfechas.

—¿Por qué el movimiento de indignados no ha prendido en América Latina?

—Porque simplemente no había la urgencia aparente, digo aparente de los problemas, que sí había para acabar con el régimen de Gadafi, o acabar en el régimen de Mubarak, estos eran problemas muy urgentes de tiranías atroces que duraban muchos años. Era como acabar con Porfirio Díaz, quién iba a creer que Porfirio Díaz que celebró con un gran boato las fiestas del Centenario en septiembre, en noviembre iba a estar en una Revolución. No era posible pensarlo, lo mismo pasó en los regímenes del norte de África. No con nosotros porque hemos tenido en los últimos diez o veinte años mecanismos de corrección de problemas, Brasil ha tenido la gran fortuna de tener dos excelentes presidentes Cardozo y Lula, entonces las cosas marchan más o menos bien, pero en otros países marchan mal. En México hay un retraso de las soluciones, se están creando muchos problemas que no están siendo atendidos, por el sistema político actual, y esos problemas tarde o temprano se van a manifestar ¿Cómo? Yo no lo sé.

—Ahora también hay una diferencia que están viendo muy bien algunos intelectuales en Estados Unidos, pienso en Judith Butler quien señala que una cosa es acabar con gobiernos autoritarios y otra muy distinta es cambiar todo un sistema económico.

—Mire usted, lo que pasa en los Estados Unidos va acabar por manifestarse. Dicen que es el 99% contra el 1%, no es exacto, pero hay un movimiento que se ha manifestado primero en las calles, pero va a acabar por establecerse en zonas políticas, en áreas de acción política desde Oakland, San Francisco y Los Ángeles hasta Nueva York, entonces también va a haber un cambio político. Lo que ha sucedido es que los Estados Unidos vivían muy contentos con una clase media bastante rica, poderosa y con la confianza, casi la certeza, de que se podía ascender de una clase inferior a una superior, era el estilo de vida Americano: “yo soy de la clase media pero puedo hacerme millonario”. Hoy la clase media americana sabe que está condenada a bajar, a empobrecerse y a no tener las oportunidades que tuvieron sus padres. Entonces esto va a crear un problema político muy novedoso, además de que no son ya la única potencia. De manera que hay que adaptar a los Estados Unidos a una nueva realidad, Obama quiere hacerlo, pero si lo hace le cuesta la Presidencia.

—Además estos cambios políticos se están dando en medio de transformaciones sociales, como por ejemplo el uso de las redes sociales y auge de medios periodísticos y de análisis indepedientes.

—¡Claro, se tienen nuevos instrumentos que no se tenían hace un par de décadas! Lo vimos en África del Norte, el señor Mubarak no sabía que la gente se estaba comunicando por internet, y la población sí lo sabía, y se comunicó a través de los medios modernos y armó una revolución contra el gobierno y lo tiró. Esto no lo esperaba el gobierno que creía que tenía el monopolio de la información, como creen todos los gobiernos autoritarios. Yo no sé lo que va a pasar, no puedo adivinar, lo que sí siento es que el cambio es muy grande, y que acabará por afectarnos a todos.

—¿Utiliza su Twitter?

—No, mi esposa se encarga de los medios modernos; yo soy hombre de pluma y papel, porque es mi sensualidad de escritor. Me levanto temprano y escribo con papel y tinta, y no sé hacerlo de otra manera, luego me lo pasan a máquina y lo que usted quiera; y es mi esposa la que viene y me dice, “fíjate que el Twitter dice tal cosa o tal otra”, pero yo no uso esos medios porque quitan mucho tiempo. El tiempo que uno debería dedicarse a escribir, se lo dedica a los medios de información. Y allí se acabó el asunto.

—Ahora bien usted es trending topic…

—¿Un quéeeeee?

—Que se habla todo el tiempo de usted en Twitter, a colación de lo de Peña Nieto, de Fox…

—Yo no sé, yo no me entero.

—Pues se lo digo, usted es trending topic en las redes sociales.

—Pues yo no me entero, yo escribo mis libros en el tercer piso y ni me entero de esas cosas.

—Me hablaba hace un momento de que los políticos de Estados Unidos parecen vivir en el siglo pasado, pero ¿qué me dice de los políticos mexicanos?

—Ellos viven antes de la conquista española, eso es lamentable, en la política tradicional mexicana no hay un buen panorama, pero va a surgir porque le repito: Porfirio Díaz no sabía que iba a pasar lo que pasó, yo no creo que vaya a haber una revolución violenta en México, pero sí creo que van a haber cambios políticos que van a llenar el enorme vacío que hay entre el stablishmen político, que está muy bajito y los problemas sociales que están muy altitos.

—¿Y de dónde va a surgir el cambio?

—Yo no sé, yo creo que va a surgir de la sociedad, de la clase media mexicana, de los obreros, de los ninis, de los trabajadores, que no encuentran un empleo apropiado o que sufren bajo condiciones de dominio y opresión caciquiles, hay muchos motivos de descontento en México.

—¿Y estará usted allí para apoyarlos?

—No sé, yo estaré escribiendo libros que es lo que me toca hacer.

—Usted fue testigo de la Primavera de Praga, ¿podríamos compararla con la Primavera de Egipto?

—No, porque los países son muy distintos, la situación de los países de Europa del Este es muy distinta a la de los países de África del Norte, no, no es comparable. Dependía todo del ingenio de los checoslovacos, por ejemplo entraba un tren con soldados y amas soviéticas, y los trabajadores del riel se encargaban de que el tren diera la vuelta y se regresara a Rusia.

—Pero, en aquel momento los intelectuales tenían mucha relevancia, usted mismo que estaba allí pero ¿tienen la misma importancia ahora con el auge de las redes sociales?

—No sé, eso me lo tendría que decir usted, yo no lo sé, porque el trabajo intelectual es a largo plazo, pero muy largo plazo, yo le pregunto si usted sabe quién era presidente de los Estados Unidos cuando Melville escribió Moby Dick. No lo sabe usted ni yo tampoco, y así podemos dar muchos ejemplos, lo que queda es la obra de arte, la literatura, la pintura y no la política, salvo casos excepcionales, recordemos que existió Juárez y existió Cárdenas, pero yo no sé quién era el Secretario del Interior del presidente McKinley y usted tampoco, pero sí sabemos quién es Walt Withman, ¿verdad?

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