Ciudad Juárez: Voto de castigo

La colonia Salvarcar en Ciudad Juárez. Abandono. Foto: Octavio Gómez
La colonia Salvarcar en Ciudad Juárez. Abandono.
Foto: Octavio Gómez

Así como el domingo 1 se recordó en Ciudad Juárez el horror de masacres como la de Salvárcar, se escuchó la voz del hartazgo: “…la culpa de lo que pasó aquí es de Calderón, ¿de quién más?”…

CIUDAD JUÁREZ, CHIH. (Proceso).- Sentados afuera de los baños públicos del Centro Deportivo Villas de Salvárcar, unos jóvenes expandilleros pasan la tarde del domingo, indiferentes a las elecciones que se realizan. Las paredes que los rodean presumen el logotipo calderonista “Vivir Mejor”. A unos metros se encuentra un memorial dedicado a los 19 estudiantes masacrados en esta colonia que, como las canchas, también fue un regalo de Felipe Calderón.
Sin embargo, el quinteto de jóvenes empleados de maquiladoras están seguros de que la gente de este lugar dará un voto de castigo al actual presidente.
– Si el voto no es por las izquierdas, la gente de aquí va a votar por el güey del copete. ¡A fuerzas! Si la culpa de lo que pasó aquí es de Calderón, ¿de quién más? Si hubiera dejado trabajar a esos güeyes del cártel no hubiera problema, porque antes de él Juárez estaba bien, bonito, había trabajo, dinero, chingo de lugares a dónde ir… –dice Miguel, almacenista de maquila, de 25 años.
–Hubiera estado bueno si hubiera declarado la guerra y si hubiera podido con ellos. Que hubiera buscado luchar contra los que tenían armas para defenderse y no contra todos –agrega Lázaro, universitario y obrero en una fábrica de arneses.
El memorial a las víctimas de la masacre está bajo candado; el árbol que daba sombra a las placas conmemorativas dedicadas a cada víctima está seco; la fuente que debería adornarlos tampoco tiene agua. El sol calcinante se consume todo en este desierto, hasta el sudor de los deportistas.
Antes de que esta frontera se convirtiera en el epicentro nacional de la violencia estos jóvenes integraban la pandilla PM, abreviación de player master. Pero las pandillas se acabaron cuando esta ciudad se convirtió en la capital del juvenicidio, y la comezón asesina (que provino de los cárteles de Juárez y de Sinaloa, así como del Ejército y la Policía Federal enviados para aplacar a los narcos) arrancó la vida de más de 10 mil personas en cuatro años.
Los jóvenes obreros continúan explicando su teoría sobre el voto de castigo:
–El Copetes va a dejar trabajar a la gente, va a pactar con el narco, porque así como estamos no se puede. Con el PRI todo estaba chidota, mataban al que la debía pero no a 20 diarios. El PRI hacía cosas pero dejaba hacer, había dinero, ahora nada pa’nadie –dice Lázaro, montado en bicicleta; lentes oscuros, aretes en los labios.
–Cuando querías podías camellear –agrega otro Guillermo, que dice ser chofer de autobús, está tatuado.
–¿A poco el Calderón creyó que con este parquecito ya estuvo? No estamos ciegos. Antes de saber, vino a decir cosas de la gente que vivimos aquí que ni al caso. Se tuvo que esperar a que mataran a todos los jóvenes para construir este parque, pero sabemos que lo hizo para callar a la gente –dice Miguel.
A dos de estos amigos los soldados los “reventaron”, los “levantaron”, los “chicharrearon” –así se refieren a la tortura con electricidad. A otro, los federales lo extorsionaron. Se quejan de que no controló a la gente –soldados, policías federales– que mandó “supuestamente a ayudar”.
–¿Por qué creen que la gente votará por Peña? ¿Qué las manifestaciones del movimiento universitario #YoSoy132 no hicieron mella? ¿Alcanzaron a enterarse de algo de ese movimiento que se gestó en la capital del país? –se les pregunta.
–Fue guerra sucia por internet de esos estudiantes de la Ibero. Pero están chavos, no saben el rollo en las calles, descubren qué pasa a través de la televisión, creen que manifestándose van a cambiar al país pero, en realidad, el gobierno maneja todo; hasta al narco. Deberían venir a pasearse por aquí –dice Lázaro.
En las placas del memorial se lee: “Marcos, para nosotros serás inolvidable al igual que tu hermano luisito, ahora en este lugar los recordaremos con mucho amor, al caminar por este lugar y recorrer este parque sentiremos la presencia de ustedes, al escuchar a los niños que jueguen los recordaremos a ustedes”.
Está dedicado a Marco Piña Dávila, uno de los dos hijos de la señora Luz María Dávila asesinados el 30 de enero de 2010, aquella noche en que un comando de jóvenes entró a una de las casas del fraccionamiento y masacró a los jóvenes, estudiantes y deportistas que celebraban una fiesta.

NO LO PUEDO PERDONAR

La calle donde ocurrió la masacre luce vacía. La gente está resguardada del sol en sus casas, distrayendo el calor con aire acondicionado. La señora Dávila no salió a votar, y dos horas antes de que cerraran las casillas seguía en su casa; indiferente.
Esta mujer bajita de estatura logró llamar la atención nacional e internacional sobre los efectos devastadores de la guerra en esta ciudad –convertida en el epicentro de la violencia– aquel día en que se paró frente al presidente y le reclamó: “Usted no es bienvenido”. Ella, en trance, llorando el asesinato de sus dos hijos únicos; el presidente asintiendo con la cabeza. El encuentro significó el compromiso presidencial de construir obras, memoriales, bibliotecas, hospitales y parques para Juárez, la ciudad más lastimada por la estrategia calderonista.
“Yo tenía buen concepto de Calderón cuando entró; pensé que iba a hacer bien, pero todo se fue para abajo. De verlo me da coraje; yo todavía le echo la culpa porque él empezó la violencia, por él me quitaron a mis hijos. ¡Nunca lo perdonaré! Y qué coincidencia, ahora que se va a ir Calderón bajó todo. Qué tiempo falta para que salga Calderón y hubo nomás 40 muertos, cuando antes había 500… a varios se nos hace muy raro, mucha casualidad”, dice Dávila en la sala de su casa a oscuras.
Tiene la puerta de la calle abierta y el portón cerrado. Pese a la brisa que se cuela ella está bañada en sudor. La mujer que trabaja en una maquiladora que fabrica bocinas dice que conforme pasa el tiempo su vida se hace más difícil, que es mentira que el tiempo cura todo.
“Gane el Peña o gane quien gane van a ser todos iguales… pero espero que sean mejor que éste que se va”, dice a Proceso.
Este día en la portada de El Diario de Juárez se informa que junio es el mes con menos asesinatos en cuatro años. Durante el mes que concluyó se cometieron 49, los mismos que en febrero de 2008, cuando el ambiente apenas se calentaba. La nota explica que si en junio de 2008 se cometían 4.7 asesinatos diarios, el mismo mes de 2009 subió a 8.6, el siguiente año a 10.4. El mes que termina registró una tasa de 1.6 homicidios diarios.
Los juarenses ubican que esta frontera se convirtió en la ciudad más peligrosa del mundo a partir de mayo de 2008, la fecha en la que el presidente envió a 10 mil militares y policías federales a ocuparla, y así se mantuvo hasta 2010. Y que la violencia descendió justamente cuando las fuerzas federales salieron.
En junio pasado por primera vez hubo hasta dos días seguidos sin un solo homicidio.

SE ASOMA LA IZQUIERDA

En la casa rosa de interés social donde fue instalada la casilla de la colonia (número 2774) la afluencia es constante. Los vecinos están sorprendidos de la participación ciudadana que quiere manifestarse a través de una boleta.
“Yo voté por el PRD, ya por algo diferente: ya se probó al PAN y todo se disparó con ellos, y el PRI ya había estado, por eso es bueno probar algo nuevo”, dice Claudia Ruiz, una estudiante de 22 años, mientras se limpia el dedo entintado.
Los adultos entrevistados no quisieron revelar el sentido de su voto pero algunos dijeron, escuetos, que este año cambiaron de partido.
“Cambié mi voto esperando que cambie todo porque la violencia es insoportable… La otra noche mi esposo se dio un susto porque empezaron a balacear aquí enfrente”, cuenta una vecina que se resguarda del sol debajo de un árbol enclenque que apenas da sombra.
En los años 80, Ciudad Juárez protagonizó protestas postelectorales panistas por el fraude de 1986. Desde entonces y durante muchos años fue granero electoral del PAN (aquí estaba el distrito más panista del país), hasta que se enfrascó en la fórmula del bipartidismo y las elecciones comenzaron a ser a cara o cruz, ya sea PRI, ya sea PAN.
Lo extraño de esta elección es que el PRD disputó también como fuerza política. Para el candidato a senador por las izquierdas, Víctor Quintana, quien durante sus años de militancia ha sido protagonista de muchas campañas, señala que la de este año ha sido diferente.
“En Juárez ha sido significativa la acogida de la campaña de la izquierda, casi casi estamos a tercios para cada partido. Lo percibo así por el acercamiento de la gente, que ha sido notorio, y por el número de gentes que se registraron como representantes de casilla de nuestra fórmula, un número nunca visto”, comenta a Proceso durante el transcurso de los comicios.
Quintana explica en la entrevista que además del avance de Andrés Manuel López Obrador en el país, considera que el avance de la izquierda en esas tierras norteñas se debe también a que la gente está harta de la situación, y que la violencia “ha repercutido enormemente”.
El sociólogo Hugo Almada, integrante de la Mesa de Seguridad instalada en el marco del programa Todos Somos Juárez, coincide en que, independientemente de los resultados finales (que aún no se conocían hasta el cierre de la elección), la izquierda ganó gran simpatía entre los juarenses, que en otra coyuntura era impensable.
“En buena medida la gente le pasa la factura (de la violencia) al PAN, al gobierno federal, aunque los panistas se la pasan al PRI por no haber hecho nada. Antes esto parecería no incidir, pero en esta coyuntura parece que sí se reflejará en las elecciones”, explica.
A su parecer, además de la violencia, los chihuahuenses no leyeron de manera positiva el anuncio que hizo la candidata Josefina Vázquez Mota de que, de ganar las elecciones, invitaría a Calderón como titular de la PGR.
Afuera de la casilla de Villas de Salvárcar un discapacitado ofrece raspado. Su negocio ambulante lleva el nombre “Raspas Don Víctor”. Mientras tapa con una tela de mezclilla el bloque de hielo con el que elabora sus productos, Don Victorino Mendoza confiesa que este año dejó de votar por el PAN.
“Lo hice con dolor para ver si así mejoran las cosas. Todo está caro, hasta los frijoles, ¡ya está más barata la carne que el frijol! Votaba por el PAN pero no se ve mejoría. El gobierno tiene culpa de la violencia y ahora, gracias a Dios, ya están agarrando a los malandros”, explica.
Aunque se le pregunta si la reducción de los asesinatos no corresponden a la estrategia del presidente Calderón de atacarlos con las fuerzas federales, él contesta tajante: “¡Eso ocurrió gracias al PRI! Porque el presidente municipal y el gobernador de aquí son del PRI…. Y yo pienso que como que ellos sí saben pactar con los malos”.

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