El sistema electoral, al servicio de las élites del poder

El mensaje de Valdés en el IFE. Foto: Benjamin Flores
El mensaje de Valdés en el IFE.
Foto: Benjamin Flores

Los comicios del domingo 1 confirman que en México no existe la democracia, sino una simulación en la que los árbitros electorales vieron impasibles cómo se fraguó el fraude mediante la compra y coacción del voto, además de que no actuaron ante la construcción de la candidatura de Enrique Peña Nieto por parte de Televisa ni ante la utilización descarada de las encuestas como propaganda política. Quien afirma lo anterior es Miguel Eraña, doctor en derecho y profesor universitario, en cuya opinión lo que hace falta al país es una reforma que implique la desaparición del IFE, la Fepade y el TEPJF, pues sólo son comparsas de las élites del poder.

Los llamados árbitros del sistema electoral mexicano están rebasados. No pueden con los grupos de poder formales y de facto que eluden cuanta reforma electoral se realice con tal de evitar un triunfo de la izquierda en México. Desde la reforma electoral de 1990 obligada por el fraude de Carlos Salinas de Gortari contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, se ha ido conformando un sistema que sólo permite el traspaso del poder entre el PRI y el PAN.

Se trata de una simulación de democracia, dice en entrevista el doctor en derecho constitucional, especializado en derecho electoral y parlamentario, Miguel Eraña, profesor de posgrado en la UNAM y de tiempo completo en la Universidad Iberoamericana.

Hace seis años el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) dejaron pasar la intromisión ilegal del entonces presidente Vicente Fox y del Consejo Coordinador Empresarial, respaldados por la televisión, para franquearle el camino a Felipe Calderón, por lo que para Eraña “hoy subsiste un presidente de facto, en lugar uno de jure”.

Pese a calificar esa intromisión como grave, el TEPJF validó la elección de 2006. Ahora los árbitros contemplaron cómo Televisa construía un candidato, avalaron la compra y coacción del voto, callaron ante la utilización de las encuestas como propaganda y con el recuento “legaloide” de la mitad de los votos de la elección presidencial terminarán por validar a ese candidato, Enrique Peña Nieto, como presidente de la república.

“Este sistema electoral –apunta Eraña– tiene más sombras que luces. Se parece más a un sistema de liberalización política que a uno democrático. Pasamos de un sistema de régimen autoritario a otro con un pluralismo deficitario, en el que en lugar de libre juego hay un recambio periódico de titulares del poder con un déficit de legitimidad democrática. Es menos malo que el anterior, pero no pasa la prueba de un régimen democrático”. (Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1862, ya en circulación)

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