Intentaron envenenarme dos veces: Sandoval Íñiguez

El cardenal Juan Sandoval Íñiguez. Foto: Refugio Ruíz
El cardenal Juan Sandoval Íñiguez.
Foto: Refugio Ruíz

MÉXICO, D.F. (apro).- A ocho meses de dejar su cargo en el arzobispado de Guadalajara, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez reveló que en 1999 fue víctima de dos intentos de envenenamiento, uno de los cuales estuvo a punto de costarle la vida.

Ambos sucesos los inscribió en el contexto de la postura crítica que asumió en las investigaciones oficiales sobre la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, su antecesor como jerarca formal en la Arquidiócesis de Guadalajara, quien el 24 de mayo de 1993 fue asesinado en el aeropuerto internacional de esa ciudad.

Invitado especial a la presentación del libro “Servus”, una biografía ilustrada de su vida hecha por el escritor y periodista Juan Manuel Reyes Brambila, el prelado relató que el primer intento de asesinato ocurrió en febrero de ese año en Dallas, Texas, a donde acudió para participar en una reunión sobre temas de bioética, junto con otros obispos.

Sin dar mayores detalles, refirió que en esa ocasión le enviaron al hotel donde se hospedaba un pedazo de dulce de cacahuate muy bien envuelto que presuntamente estaba envenenado.

El segundo atentado ocurrió dos meses después, en mayo de 1999, durante una reunión social efectuada en la casa del entonces titular de la Secretaría de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa, quien, por cierto, aclaró, no estuvo presente en esa ocasión.

Sandoval Íñiguez, quien renunció a la arquidiócesis de Guadalajara en diciembre de 2011, luego de 17 años al frente de ese distrito religioso, detalló que el envenenamiento en la casa del priista le provocó una trombosis.

En la presentación del libro, relató cómo ocurrió el incidente:

“Antes de cenar: ‘¿Qué gustan tomar?’. No, pues un tequila”. Trajeron el tequila para todos y a mí me trajeron el mío ya servido. Le di un trago y me supo amargo, y dije: ‘Qué raro. Seré yo medio delicado’.

“Nomás le di dos tragos, y no grandes, y me supo amargo. Después me puse a ver qué tenía y llegó un individuo de los que andaban sirviendo y me lo arrebató y se fue”.

Poco después, dijo, fue intervenido de urgencia y le extrajeron metro y medio de intestino, ya que tenía gangrena.

El escritor Juan Manuel Reyes Brambilade destacó que el arzobispo Juan Sandoval deja un importante legado para la feligresía tapatía, “además de que habló por los que no tienen voz en diversos sucesos y circunstancias que vivió en su periodo como pastor católico de esta ciudad”.

Otro comentarista del libro, el conductor de televisión José Antonio Fernández Salazar, expresó que “don Juan Sandoval ha sido todo un personaje que se dejó escuchar con la fuerza de su voz, no tanto con el propósito de polemizar, sino de decir su verdad, aunque ésta no fuera del agrado de cierta parte de la sociedad”.

Señaló que el arzobispo emérito tapatío “nunca ha dejado de decir lo que piensa, lo que explica sus enfrentamientos ante diversos personajes de la vida pública, lo que respondió a demandas muy sentidas de la grey católica y de la misma sociedad”.

Por su parte, el cardenal dijo que aceptó la publicación del libro para que “la gente me conozca como personaje público”.

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