“Morgana”, una película de terror

Cartel de la película
Cartel de la película

El novelista, guionista cinematográfico, abogado y cineasta, Ramón Obón no filmaba desde 1994. Tras casi dos décadas regresa con Morgana, película de terror basada en una leyenda jalisciense.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Ramón Obón León no dirigía una película desde 1994 y ahora regresa con Morgana, una historia de suspenso y terror que adaptó de una leyenda ocurrida a finales del siglo XIX en la laguna de Cajititlán, Jalisco.

El también escritor de cine y televisión y abogado especializado en derechos de autor y legislación cinematográfica confiesa que siempre le ha gustado este género. Convencido, argumenta:

“El terror es uno de los temas más generosos dentro del desarrollo de la industria cinematográfica.”

Su nueva cinta está en la cartelera cinematográfica desde el viernes 3, y así la explica:

“Con Morgana se estructura una historia moderna en donde se juegan fenómenos paranormales y las presencias de ultratumba, para inquietar y conflictuar a los personajes, que se ven inmersos en un camino que va adquiriendo, poco a poco, dimensiones terroríficas a medida que se desentraña el misterio por el cual la protagonista está siendo conducida al suicidio.”

El relato cinematográfico se ubica a finales del siglo XIX, el tema de una joven llamada Mercedes quien resulta embarazada y sus padres la obligan a abortar enterrando el cuerpo del feto en un pasadizo secreto de la casa. La mujer trata de buscar consuelo en una muñeca de porcelana, con caja de música, pero termina por suicidarse. Este hecho desata una ola de terror.

Frente a la propiedad abandonada donde todo eso sucedió vive Morgana, a quien su papá le regala la misma muñeca de porcelana que tuvo Mercedes. Así se abre una conexión entre el más allá y el mundo real. La situación se complica cuando Morgana descubre que está embarazada…

En el reparto están Alejandra Adame, Lilia Aragón, Eugenio Becker, Irán Castillo, Siouzana Melikian, David Ostrosky, Ana Julieta Recamier, Alejandra Toussaint y Luis Felipe Tovar, entre otros.

 

Un género que “no es menor”

 

El último largometraje que filmó Obón León fue la comedia A ritmo de salsa en 1994. Él se inició en el cine a los 15 años mecanografiando libretos escritos por su papá, Ramón Obón Arellano, Julio Bracho y Roberto Gavaldón.

Luego se convirtió en escritor cinematográfico: realizó Conserje en condominio, de Miguel M. Delgado; La viuda negra, de Arturo Ripstein, y La pachanga, de José Estrada. Debutó como director en 1987 con Hasta que la muerte nos separe/La mansión del terror, y siguió con Me llaman violencia (1989). Comenta:

“Con A ritmo de salsa nos fue bien. Tuvimos un muy buen sabor de boca. Pasó el tiempo, dejé definitivamente la Sociedad General de Escritores (allí fungió como director jurídico) y me dediqué más al despacho Obón Abogados, S. C., y el cine como que lo dejé aparte; pero este gusanito no se te quita nunca. Realmente no tenía previsto volver a filmar, incluso, empecé a escribir novela. Escribí tres libros El príncipe maldito, Amantes de sangre y La cofradía secreta, es una saga que la publicó Ediciones B.

“Pero a raíz del éxito que tuvo el remake de Hasta el viento tiene miedo (1968), de Carlos Enrique Taboada, que Gustavo Moheno rodó de nuevo en 2007, producida por Gonzalo Elvira Álvarez, con quien me veo seguido, él como presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas Mexicanas y yo como su abogado, en fin, y como amigos, platicando sobre ese ramake y la buena experiencia de a Ritmo de salsa. Entonces habíamos platicado de Morgana, y de pronto me dijo ‘por qué no hacemos Morgana’, y me puse a trabajar.”

Con el artículo 226 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta entró Grupo Televisa y Grupo Inbursa y se filmó.

“Creo que tenemos una muy buena película dentro del género y sobre todo encaminada a ese público que está yendo mucho al cine, los chicos de 15 hasta los 30 años”, señala Obón León, nacido en la Ciudad de México el 23 de julio de 1943.

La leyenda se la contaron y después se encontró la amarillenta nota de un periódico que daba cuenta del suceso ocurrido a finales del siglo XIX.

–El terror de la pantalla grande mexicana ha sido muy criticado, lo consideran un género menor y siempre lo comparan con el cine de terror estadunidense, ¿qué opina al respecto?

–Hay diferencias. El cine de terror estadunidense con Viernes 13 y Sé lo que hicieron el verano pasado, si se analiza, son historias muy sangrientas y muy violentas. Alien, el octavo pasajero de los años ochentas viene a crear un nuevo género de terror con un monstruo extraterrestre. Quizá las menos violentas son Los otros, de Alejandro Amenábar; La aldea y Sexto sentido, del hindú M. Night Shyamalan, y la cinta sueca Déjame entrar, de Matt Reeves. Este cine no es un género menor.

“Los mexicanos de alguna forma siempre le hemos tenido miedo a los finales felices. En los setenta crear un final feliz no estaba bien visto, es decir, nuestros héroes tenían que ser perdedores, siempre fracasaban, los mataban, se le moría la mujer, en fin. ¿Por qué debemos siempre manejar un cine derrotista en lugar de un cine que proporcione esperanza o que deje un buen sabor de boca?”

Este género “no debe ser demeritado”, insiste, “en las últimas fechas se hicieron las películas mexicanas Kilómetro 31, dirigida por Rigoberto Castañeda, y fue una buena experiencia”. No obstante, acepta que en la cinematografía mexicana casi no surgen historias de terror:

“A veces la gente se va mucho a la comedia, al melodrama y a los aspectos sociales. El problema es que la competencia es muy fuerte con Estados Unidos. Leí que con Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, de Tim Burton, se gastaron 150 millones de dólares. Si esa cantidad la traducimos a pesos, haríamos cintas mexicanas durante cinco años.

“Nuestro cine se hace en condiciones muy difíciles. Se deben cuidar mucho los presupuestos, ingeniártelas para que con el dinero que se tenga se logre un buen producto. Si tuviéramos más apertura en las salas cinematográficas, una situación de exhibición más inmediata, una distribución más rápida y más ágil, se podrían devolver capitales y se harían más proyectos de terror, melodrama, comedia, en fin.”

–¿De dónde adquiere el gusto por el género de terror?

–Siempre me ha gustado mucho. Mi padre fue escritor de radio. Tenía una serie de corte detectivesco El príncipe Oshima. A él le gustaba mucho el terror. El terror tuvo mucha incidencia en nosotros, a mí me gusta mucho la novela policiaca. El vampiro, no sé por qué ha estado siempre en nuestras vidas. Mi papá hizo los argumentos de El vampiro y El ataúd del vampiro, de Fernando Méndez, y la primera cinta que escribí fue de vampiros, El imperio Drácula, de Federico Curiel. Y la primera novela que publiqué es de vampiros.

A 18 años de no rodar, Obón León se sintió muy cómodo con Morgana, indica:

“Con el cine digital trabajas mucho más rápido. Toda la edición se realiza por computadora, entonces, el trabajo es mucho más sencillo y técnicamente hablando eso te da la posibilidad de que puedas ser más creativo.”

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