Misión del Pentágono: atrapar a “El Chapo”… o acabar con él

Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa. Foto: Especial
Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa.
Foto: Especial

Fuentes militares en México y Estados Unidos confirmaron a Proceso la existencia de un plan para atrapar “o ejecutar” a El Chapo Guzmán, elaborado por el Pentágono y propuesto al gobierno mexicano y aceptado, en principio,  por el presidente Calderón. Prácticamente copiado del plan que llevó al asesinato de Osama Bin Laden en Paquistán, el plan se llevaría a cabo exclusivamente por miembros de la Marina de los Estados Unidos, sin intervención alguna de elementos militares o policiacos mexicanos. Sólo el rechazo rotundo de los altos mandos de las Fuerzas Armadas mexicanas lo ha detenido… Pero el Pentágono lo volverá a plantear con el ánimo de que el inminente próximo gobierno lo acepte.

Ante lo difícil que ha sido atrapar a Joaquín El Chapo Guzmán, el gobierno estadunidense tiene listo un plan para capturar este narcotraficante, el más conocido jefe del Cártel de Sinaloa, en una operación similar a la llevada a cabo en Paquistán el año pasado para dar con Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda.

Fuentes militares en México y Estados Unidos confirman la existencia del plan, que fue elaborado por el Pentágono hace varios meses y ahora se encuentra detenido porque está diseñado para ser ejecutado sólo por estadunidenses, idea que no es vista con agrado por sus contrapartes mexicanas.

El plan incluso ya fue presentado a Felipe Calderón, quien lo promovió entre las Fuerzas Armadas. Y aunque ya hubo un rechazo tajante de parte del Ejército y la Marina de México, Washington no lo ha desechado y se lo propondrá al próximo presidente.

El plan existe a partir de una orden del Departamento de Defensa y el Comando Norte lo tiene considerado como una misión prioritaria, dijo una fuente de alta jerarquía del Ejército mexicano de la que por mutuo acuerdo se conserva el anonimato. La pretensión del Pentágono obedece a los constantes “intentos frustrados” del gobierno mexicano de detener a Guzmán Loera desde que escapó del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, en enero de 2001, durante el sexenio de Vicente Fox.

El Chapo ha escapado por lo menos seis veces de cercos montados para detenerlo, confirmó la fuente militar. La más reciente ocurrió en febrero pasado en una mansión costera de Los Cabos, Baja California Sur, un día después de que la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, estuviera en visita oficial en ese balneario.

La información precisa para capturar al capo ha sido proporcionada por agencias estadunidenses, principalmente la encargada de la lucha antidrogas, la DEA, por lo que cada “intento fallido” del gobierno mexicano ha irritado a Washington.

Para México la eventual intervención militar de Estados Unidos en territorio mexicano para hacerse cargo de la detención del Chapo es “un asunto muy riesgoso”, porque además de una clara violación a la Constitución provocaría problemas de toda índole, añadió el funcionario militar.

La operación propuesta está pormenorizada en el Plan de Seguridad de Apoyo a México, diseñado por estrategas militares de las fuerzas especiales del Departamento de Defensa de Estados Unidos, el Pentágono.

La ejecución del operativo estaría a cargo de la principal fuerza especial de Estados Unidos, el Navy SEAL (acrónimo de las palabras sea, air, land), formado por comandos de la Marina entrenados para acciones clandestinas en territorio enemigo sea por mar, aire o tierra.

La operación sería una copia de la que el Pentágono ejecutó en secreto en Paquistán para “capturar o eliminar” a Bin Laden, quien finalmente fue muerto en su escondite en mayo de 2011. Helicópteros de las fuerzas especiales llegaron hasta el búnker del líder musulmán en las afueras de Islamabad, muy cerca de la academia militar paquistaní.

A partir de esa experiencia los mandos del Pentágono le explicaron a Calderón la propuesta para detener al Chapo, en lo que se definió como una operación “sencilla, rápida y quirúrgica”.

En la sierra de Sinaloa, donde Guzmán Loera entra y sale a placer, la captura requeriría tres equipos especiales de seals con el apoyo de tres aviones de alta tecnología digital operados a control remoto y armados con misiles, según el plan.

Las fuerzas especiales se desplazarían por Sinaloa o Durango en helicópteros artillados. Al llegar al objetivo dos de los equipos actuarían en tierra y otro se quedaría en el aire, con respaldo de los aviones no tripulados, para prevenir cualquier represalia del grupo delictivo.

En 10 ó 15 minutos los dos equipos de asalto atraparían al objetivo y, según la propuesta operativa, en caso de encontrar resistencia lo eliminarían en el acto, al igual que a toda su guardia. Como ocurrió con el autor intelectual de los ataques terroristas contra Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, en caso de ejecutar al objetivo tendrían que recoger el cadáver.

El operativo contra El Chapo estaría observado y dirigido “en tiempo real” desde las oficinas centrales del Pentágono, del Comando Norte e incluso desde las oficinas del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. En la operación contra Bin Laden, el presidente Barack Obama siguió paso a paso desde la Casa Blanca el trabajo de los seals, aunque en el caso mexicano serían los mandos del Pentágono los responsables de vigilar el operativo.

En el plan no caben militares mexicanos, ni del Ejército ni de la Marina. Sólo entrarían uniformados mexicanos para presentar los resultados.

Según el mando militar consultado por Proceso es claro que Estados Unidos tiene capacidad para capturar al Chapo en México, aunque para simular la participación mexicana los estadunidenses tendrían que disfrazarse con uniformes de alguna corporación nacional, como la Policía Federal.

Para el Comando Norte, creado en 2002 por el Pentágono después de los ataques de Al Qaeda con el propósito de realizar operaciones “delicadas” para “la seguridad de Canadá, Estados Unidos y México”, la captura del Chapo está considerada como una misión.

Washington equipara a los cárteles de la droga mexicanos con terroristas y por consiguiente los considera una amenaza a su seguridad nacional. En consecuencia, el Comando Norte asume como su obligación actuar contra los narcotraficantes, añade el jefe militar.

(Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1867, ya en circulación)

Comentar este artículo