En Michoacán, las fuerzas federales arrasan parejo

Fotografía de un enfrentamiento entre la Policía Federal y miembros de Los Templarios el 10 de agosto. Foto: Enrique Castro.
Fotografía de un enfrentamiento entre la Policía Federal y miembros de Los Templarios el 10 de agosto.
Foto: Enrique Castro.

Son días de violencia extrema en el frente michoacano de la guerra de Calderón: el viernes 10 la Policía Federal se lanzó contra el santuario de Nazario Moreno, alias San Naza, donde presuntos miembros de Los Caballeros Templarios entablaron combate, causaron bajas y bloquearon vialidades de varias poblaciones con autos incendiados. Así, aunque el contingente federal ha sido reforzado con otros 600 efectivos –que pueden incrementarse a mil–, esto no tranquiliza a nadie en el estado: la PF es la corporación que genera más quejas por abusos de autoridad, cateos ilegales, tortura y otras violaciones a los derechos humanos.

APATZINGÁN, Mich.- El pasado viernes 10, efectivos de la Policía Federal (PF) se tirotearon con presuntos integrantes de Los Caballeros Templarios en las comunidades de Holanda, El Alcalde, Úspero, Parácuaro, el Orejón y Buena Vista, lo que dejó un saldo de nueve muertos –cuatro de ellos uniformados– y varios heridos.

 

Los enfrentamientos desencadenaron el incendio provocado de alrededor de 30 vehículos y bloqueos en Zitácuaro, Contepec, Guanajuato y la Tierra Caliente michoacana. También se reportaron una caseta de peaje incendiada y un hospital cerrado, así como la suspensión de las corridas de autobuses a esta ciudad por 24 horas. El secretario de Gobierno, Jesús Reyna García, dijo que no tenía información precisa sobre la causa de estos hechos.

La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal señaló que sus efectivos llegaron a Holanda en un operativo para detener a Servando Gómez Martínez, La Tuta o El Profe, líder de la Hermandad Templaria, cuando fueron atacados “desde los cerros” y repelieron la agresión. Esto sucedió en el mismo lugar donde el mes pasado los adeptos de Nazario Moreno realizaron una “peregrinación” (Proceso 1866).

El martes 14, Reyna García declaró ante varios reporteros: “Entendemos que (se trató de) un enfrentamiento inicial que fue poco a poco escalando, hasta llegar a las dimensiones del viernes por la noche. Entendemos que no fue un operativo planeado, que no fue una acción prevista sino consecuencia de un enfrentamiento circunstancial”.

Fuentes de Inteligencia Militar se quejan de que la PF es para ellos “un dolor de cabeza”, pues no avisa al mando del Ejército de sus operativos en zonas de alto riesgo para que los apoye por vía terrestre o con helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana. “Le quieren hacer al héroe” y siempre caen abatidos, comentan.

A su vez, el comandante Octavio Ferris, del área de inteligencia de la SSP, admite que “han muerto más policías federales que militares” en la guerra contra el crimen organizado.

Después de los hechos, seis reporteros de distintos medios –entre ellos el corresponsal de Proceso– se trasladaron a la comunidad de Holanda una vez que Edgardo Morales Shertier –autor del libro Palabra de caballero– mediara para que los 12 apóstoles permitieran el recorrido.

Las llantas del Opel gris metálico de un fotógrafo patinaban en la fangosa brecha. En el camino a El Alcalde estaban desperdigados restos de la batalla: una jeep Patriot, una Datsun estaquitas, una vagoneta y dos patrullas federales calcinadas.

La lujosa capilla de San Nazario, el fallecido líder de Los Caballeros Templarios, está baleada. Le destrozaron los vidrios y violaron la chapa.

Holanda está en el sur del valle de Apatzingán, entre Guanajuatillo y el Ejido Lázaro Cárdenas. Sus amplias y terregosas calles medio desiertas contrastan con sus huertas de frondosos limoneros y algunos cultivos de maíz y sorgo. El río se vislumbra de vez en cuando entre las casas de madera y láminas de cartón.

Han pasado sólo unas horas del enfrentamiento. Cientos de casquillos de armas de alto poder dan una idea de la intensidad del combate en el que murieron cuatro policías federales. Un señor moreno como de 70 años, de camisa a cuadros, pantalones de mezclilla y huaraches cruzados, juega dominó en una mesa y espanta con ramas a los mosquitos. Saluda:

–¡Buen día, muchachos! ¿Qué los trae por estas tierras olvidadas de Dios y del gobierno?

–Venimos por la balacera…

–¡Ajá! Tomen sus fotos con calma, lo más cabrón ya pasó.

Después de un breve recorrido, unos habitantes del pueblo ofrecen un vaso de agua o refresco. El calor húmedo pega la ropa al cuerpo.

El anciano se rasca la cabeza canosa y dice: “Aquí cada rato vienen los federales a hacer tropelías. Vienen con las ratas (zetas), los policías los visten como ellos. Se llevan lo que ven, rompen puertas, ventanas, televisores… dejan su muesca, una “Z”, y se largan.

(Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1868, ya en circulación)

 

Comentar este artículo