Argentina: El voto adolescente

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Foto: AP
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner.
Foto: AP

BUENOS AIRES (apro).- “La mayoría de mis amigos piensa que una persona de 16 años no tiene todavía la mente como para poder votar”, dice a Apro la adolescente Manon Lavayén Segret. “Y yo les digo que sí, que hay personas que ya están interesadas e informadas y que les gustaría participar. A mi me gustaría poder votar. Entonces no me parece un delirio que los chicos de 16 años puedan hacerlo.”

Manon cursa cuarto año de secundaria en una escuela pública de Lomas de Zamora, en los suburbios de Buenos Aires. Tiene 16 años. Irradia seguridad y frescura. Es muy probable que pueda darse el gusto de votar en las elecciones legislativas de octubre de 2013. El gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner impulsa la aprobación de una ley que permitirá ejercer el derecho al voto a partir de los 16 años. Cuenta para su sanción con el apoyo necesario en ambas cámaras.

La iniciativa ha provocado un gran revuelo. El oficialismo la presenta como una ampliación de los derechos de los adolescentes. Un millón 400 mil chicos de 16 y 17 años engrosarían así el padrón electoral en 2013. Los fundamentos del proyecto de ley hablan de “una demanda cada vez mayor de participación formal en niveles locales, comunales, municipales y, por parte de los adolescentes, en colegios secundarios y universidades.” La oposición, por su parte, acusa al gobierno de realizar una maniobra electoral. El voto adolescente vendría a compensar una supuesta pérdida de apoyo en sectores que ahora son esquivos a Cristina.

“Entre mis amigos muchos piensan que la presidenta lo hace para generar votos a favor”, dice Manon. La joven toma clases de actuación, hace acrobacia y se ha recibido de modelo profesional. Proviene de una familia en la que se habla mucho de política. Manon militó durante algunos meses en un sector juvenil del peronismo: “La idea principal es el trabajo social, ir a las villas (barrios marginados), la idea de igualdad”, dice:

“Cuando me metí me di cuenta que había muchísimos chicos de mi edad. No es que yo primero me politicé y después busqué una organización. Yo caí en esta organización y ahí adentro entré a politizarme más.”

Durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999), la desmovilización de los estudiantes secundarios fue casi completa. “En los 90 la política era minimalista, tecnocrática, subordinada a la economía y era poco lo que se le podía pedir. No se la pensaba como un lugar de transformación social, entonces era un ámbito muy poco atractivo para los jóvenes”, sostiene el licenciado en psicología Sergio Balardini, miembro del Programa de Estudios de Juventud de Flacso, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Página 12, 16 de septiembre de 2012).

Para el investigador, la crisis terminal que vivió el país a principios de siglo trajo una preocupación por lo público pero un rechazo hacia lo partidario. A partir de 2003, con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, el Estado asumió un nuevo rol, “que empuja a la transformación en vez de limitarse a administrar lo que encuentra”, sostiene Balardini.

Y agrega:

“Si la política puede operar sobre la realidad y confrontar sobre los poderes fácticos, cambiar lo que estaba dado, vuelve a ser atractiva.”

En efecto, los adolescentes recuperaron un lugar dentro de la escena política argentina a partir del gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007). En la actualidad puede verse una nutrida presencia adolescente en cada acto convocado por Cristina. Así ocurrió en la provincia de San Juan, el 13 de septiembre último. La presidenta inauguraba ese día una planta industrial.

Hasta allí se acercaron cientos de jóvenes de La Cámpora, el sector juvenil del kirchnerismo. Con sus bombos y sus banderas le daban al acto una atmósfera ritual, heredera y a la vez renovadora de la militancia de los 60, 70 y 80. En algunas pancartas se leía “Queremos votar”. Eso mismo le gritó un adolescente a la presidenta en una pausa del discurso. “Si, querido, vas a votar”, le contestó Cristina, refiriéndose a la próxima cita electoral. “Y vas a votar a quien quieras.”

Participación temprana

El proyecto de ley, presentado por los senadores del Frente para la Victoria (kirchnerismo) Aníbal Fernández y Elena Corregido, descolocó a buena parte de la oposición, encarnada sobre todo en los grandes medios. El gobierno ha vuelto a mostrar buenos reflejos a la hora de imponer la agenda política. En las semanas previas, el oficialismo y la oposición habían discutido mucho sobre el rol de la política en las escuelas secundarias.

“¡Qué es esto de que los jóvenes son manipulables! ¡Por Dios!”, disparó Cristina en la provincia de San Juan. La presidenta defiende la participación temprana de los jóvenes en la vida política.

La voluntad del gobierno es que la ley sea aprobada. La comisión de Asuntos Constitucionales, que debatirá el proyecto en el Senado, maneja un cronograma de audiencias públicas. La primera, el 19 de septiembre, contó con más de 60 expositores. Entre ellos, el director nacional electoral, Alejandro Tullio, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, representantes estudiantiles del Colegio Nacional Buenos Aires y del Carlos Pellegrini, dirigentes de la Federación Universitaria Argentina, de UNICEF y de algunas organizaciones civiles.

“Este debate tiene que venir a los colegios y se tiene que ampliar, para que sean escuchadas las opiniones de los chicos”, dice a Apro Nadia Recoaro. La joven, de 16 años, cursa 4° año en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Está sentada junto a las arcadas que realzan la fachada señorial del edificio. Toma una gaseosa de litro junto a un compañero. El Colegio Nacional, a cien metros de la Plaza de Mayo, depende de la Universidad de Buenos Aires. Es por su tradición e historia el más politizado de la capital argentina. Sus alumnos suelen provenir de la burguesía ilustrada.

“Yo creo que la política está presente todos los días y no se trata solamente de las grandes decisiones o de que esta ley pueda salir ahora”, dice la joven de ojos azules y pelo tensado hacia atrás. “Es como un estilo de vida, el hecho de poder ver tus derechos y salir a luchar por lo que no se está cumpliendo.” A Nadia le interesa la participación activa, la militancia: “Es fundamental –dice–, porque si vos no estás, si no te interiorizás y no tenés una opinión crítica respecto de lo que pasa, es muy fácil decir ‘¡Uh, la política!’.”

La ciudad de Buenos Aires es gobernada por Mauricio Macri. Este empresario, principal candidato opositor a la presidencia en 2015, lidera con su partido, el PRO (Propuesta Republicana) un espacio de centro derecha. El gobierno de la ciudad implementó en agosto una línea telefónica gratuita para denunciar la actividad política que La Cámpora –el sector juvenil del kirchnerismo– lleva a cabo en los colegios. Esto produjo un nuevo enfrentamiento entre el gobierno nacional y el de la ciudad. La relación entre el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y los estudiantes secundarios pasa además por un momento álgido. Los jóvenes mantienen la toma de 33 colegios secundarios en protesta contra la implementación de cambios curriculares.

“Siempre se quiere desligar de la política a los chicos de la secundaria. Eso me parece que está mal”, dice Nadia Recoaro. “En el 2010, cuando se tomaron un montón de colegios, ‘eso estaba mal, porque los chicos tienen que venir a estudiar’ –recuerda–. Yo creo que la política es algo que va con los adolescentes, no es algo ajeno. Pero necesita mucho sostén de atrás, mucha ayuda, para que los pibes puedan concientizarse verdaderamente. Desde chicos se les tiene que ir inculcando eso.”

Reacciones

El kirchnerismo ha dado señales claras de que avanzará en su pretensión de modificar el Código Nacional Electoral para habilitar el voto adolescente en las próximas elecciones. El derecho incluiría también –y esto casi no se ha discutido– a los extranjeros con dos años de residencia en el país. La oposición, aturdida, se reparte entre los que prefieren no definir su posición hasta conocer los detalles de la propuesta, algunos que adelantan un apoyo crítico y un puñado de dirigentes que ratificó su posición negativa.

El socialista Hermes Binner, segundo en las elecciones presidenciales de 2011, dijo haberse afiliado a su partido al cumplir 16 años. El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical emitió un comunicado donde se lee: “Intento de maniobra electoral que tiene como objetivo la utilización de este segmento de posibles votantes con intenciones electorales.”

El jefe de los diputados de dicho partido, Ricardo Gil Lavedra, opina, sin embargo, que “la ampliación de derechos políticos es positiva”. El PRO de Mauricio Macri todavía no ha podido llegar a una postura consensuada.

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti respaldó el proyecto de ley y lo calificó como “razonable”, en declaraciones a Radio América, recogidas por el diario Tiempo argentino el pasado 9 de septiembre .

Otro juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, dijo no tener una opinión formada, pero sí ser critico de la disparidad de capacidades que existen hoy: “Si dicen que un chico de 16 no tiene conciencia para votar, entonces tampoco tiene capacidad de pena”, dijo a Canal 7 el pasado 6d e septiembre.

En Argentina, los adolescentes son punibles entre los 16 y los 18 años respecto de los delitos más graves.

El político que con mayor vehemencia se ha manifestado en contra del proyecto es Francisco de Narváez, diputado nacional del Frente Peronista, enfrentado a la presidenta. “Los adolescentes, que es lo que son los jóvenes de 16 años, están en proceso de formación, carecen de información y también de madurez. Por eso, exigirles que voten a esa edad es inapropiado”, sostuvo.

Iván Long Genes, de 16 años, argumenta en el mismo sentido. Estudia en la Escuela Técnica N° 5 de Rosario, el segundo polo industrial de Argentina. “Yo no estoy de acuerdo, porque creo que a los 16 años todavía no entendemos mucho lo que es la política y no sabemos lo que son las responsabilidades en si y no estamos preparados para saber a quién votar ni cómo se hace”, dice a Apro.

“Me parece que todavía no somos tan maduros como para participar”, añade.

Iván tiene dos grupos de amigos: el de la escuela y el de la infancia. “Con los amigos de mi infancia suelo hablar más de política, porque se interesan más –dice–. Hablamos de los temas que van apareciendo en los medios, como la inseguridad o el dólar (el control que el gobierno argentino hace del mercado de divisas). Mis amigos tampoco están de acuerdo con el voto a los 16.”

En su tiempo libre Iván juega al fútbol o está con su novia. Con sus amigos de la escuela casi no habla de política. Allí el centro de estudiantes se ha ocupado de gestionar una fotocopiadora y una sala de computación pero no promueve el debate. Tampoco los profesores plantean temas políticos para discutir en clase: “Ni el profesor de Economía lo hace”, sonríe Iván. “Si se aprobara la ley, creo que iría a votar –dice–, pero trataría de informarme un poco más sobre los partidos y los candidatos.”

Opcional u obligatorio

El derecho al voto adolescente está poco extendido en el mundo. Los jóvenes de 16 años pueden votar en Brasil, Ecuador y Austria. En Eslovenia lo pueden hacer solo los jóvenes que posean una actividad remunerada. La iniciativa que en estos días se discute en Argentina también está siendo debatida en países como Chile, Bolivia y Gran Bretaña.

“Digamos la verdad: el proyecto kirchnerista no busca la ampliación de derechos incumplidos de los adolescentes. Si fuera así, el esfuerzo debería ponerse todavía más en el gran derecho incumplido hoy: la educación”, publicó La Nación el pasado 7 de septiembre. La nota de opinión consigna que “la tasa de escolaridad es casi plena en primaria, en secundaria baja abruptamente, con 28,5% de los adolescentes urbanos fuera de la escuela o rezagados.”

Desde otra mirada política, el diputado Claudio Lozano, de Unión Popular, autor en 2010 de un proyecto de ley similar al que ahora presenta el oficialismo, defendió el derecho al voto de la franja juvenil de 16 a 18 años. “En una situación social como la argentina, donde a seis de cada diez hogares les cuesta llegar a fin de mes y tres de cada diez son pobres, muchísimos jóvenes de 16 años han asumido responsabilidades importantes en el núcleo familiar: trabajar para complementar los ingresos del hogar y hasta como responsables del hogar, antes de lo que fuera recomendable”, dijo en entrevista con Página 12 efectuada el 2 de septiembre último.

“Si además de eso son imputables penalmente como los adultos, no existe ninguna razón para que no tengan derecho a decidir por quién quieren que gobierne el país”, expresó.

“Es lo mejor que hay votar, porque el intendente (alcalde) que tenemos acá no sirve para nada.”, dice a Apro Leandro García (nombre cambiado), de 14 años, minutos antes de comenzar la jornada de la escuela nocturna donde intenta terminar su educación primaria.

De mirada vivaz y cuerpo fornido, Leandro quiere votar para que alguna vez arreglen las calles y hagan pasillos de cemento en este barrio apartado, en Villa Gobernador Gálvez, un suburbio industrial del sur de Rosario. “Para que arreglen la calle donde vivo”, dice el chico, “porque hay cantidad de barro y no se puede salir para venir a la escuela.”

En efecto, en su barrio muchas calles son de tierra y las pocas asfaltadas parecen haber sufrido un bombardeo. Hay casas de material pero también casillas de madera y chapa. Basura en las esquinas. Perros y motos. Humo. Algún carro tirado por un caballo.

“Prometen cosas y después no hacen lo que tienen que hacer”, dice el chico, que viste camiseta de fútbol, vaqueros, una gorra con la visera en la nuca. “Te dicen ‘Te voy a dar tirantes, chapa, madera’, y cuando los votas, ¡epa! Te mienten para que los votes.”

Leandro es en muchos sentidos un adulto. Trabaja en un lavadero de coches desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. El patrón le cuida el sueldo y algunos ahorros. El chico no quiere dejar el dinero en casa por miedo a que la necesidad de algún familiar le haga pasar un mal momento. Entra a la escuela nocturna a las 18.15 horas. Es uno de esos que no falta nunca. Entrena además en un equipo de fútbol.

A Leandro también le gustaría elegir al presidente a partir de los 16 años. “Porque quiero que haya más seguridad, todo eso”, dice: “Vos vas a la esquina y a la vuelta salís en bolas”, grafica. “Una vez mi hermanito fue con unas zapatillas y cuando vino, vino descalzo, sin remera (camiseta) sin visera (gorro de beisbol), todo cortado.”

Leandro preferiría que el voto fuera optativo. Esa es otra discusión que se plantea en el Senado en estos días. En el proyecto de ley presentado por los senadores kirchneristas figura como optativo. Otros políticos del oficialismo dejaron entrever la voluntad de hacerlo obligatorio.

El investigador Sergio Balardini, en la entrevista citada, considera que es preferible que el voto sea optativo. “Es una franja de edad que recién está ingresando al sistema político”, argumenta. “Y al mismo tiempo así se respetan los tiempos de los jóvenes. Habrá quienes tengan interés en ejercer este derecho, otros que dirán todavía no estoy preparado o quisiera tener más información”, dice: “Me parece más oportuno respetar esos tiempos de maduración y apropiación del derecho y al mismo tiempo ir acompañando con programas.”

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