El nuevo partido, para apapachar a Peña

Nuevo partido a modo. Foto: Miguel Dimayuga
Nuevo partido a modo.
Foto: Miguel Dimayuga

“Aquí está el plan del nuevo partido”, se regodeaba Manuel Espino mientras agitaba una hoja tamaño carta en su oficina de Volver a Empezar (VAE), el movimiento que fundó cuando supo que sería expulsado del Partido Acción Nacional (PAN).

Era el jueves 3 de mayo, a un mes de iniciada la campaña presidencial y tres semanas antes de que VAE se adhiriera al priista Enrique Peña Nieto, el martes 22 de ese mes, junto con políticos variopintos que firmaron el Plan de la Concertación Mexicana, denominación del partido que ahora pretenden fundar.

Con la bandera de la unidad entre derecha e izquierda –no “nos hemos propuesto poner fin a 200 años de confrontaciones políticas por diferencias ideológicas”–, el amasijo de políticos anticipó que será de respaldo, no oposición, al régimen de Peña Nieto.

“(Será un partido) no de oposición al régimen, sino de cooperación responsable en todo cuanto sea para bien de los mexicanos”, puntualizó Espino en el anuncio del nuevo partido, el sábado 13.

También se propone modernizar el sistema de partidos y aun sustituirlos. “(Seremos) una institución que inicie la modernización del sistema de partidos y la suplantación paulatina de los que se han quedado en la obsolescencia o dejado de representar los intereses del pueblo”.

Junto a expanistas, experredistas y militantes de partidos de izquierda y derecha que no lograron obtener o retener su registro, Espino aseguró que Concertación Mexicana tendrá identidad propia, humanista y progresista, programático y plural, comprometido con las causas sociales más apremiantes:

“(Seremos) un partido formador de conciencia comunitaria, de responsabilidad solidaria y subsidiaria, nunca una organización demagógica ni populista, tampoco electorera y facciosa. Mucho menos de preponderancia caciquil, autoritaria o mesiánica.”

Autor del libro El poder del águila. De la lucha por la silla presidencial a la concertación mexicana, un estudio sobre la histórica confrontación entre liberales y conservadores, Espino asegura que es indispensable la unión de izquierda y derecha.

Conocida su relación de amistad con Peña –quien le confesó incluso que no le gusta leer–, Espino niega que el Partido Concertación Mexicana se haya concebido para respaldar al próximo gobierno priista.

–Usted dijo que “no será de oposición al régimen”. ¿Será partido pro Peña?

–Dije que formaremos un partido con misión de causa y no de coyuntura, con visión de país y no de grupo… No de oposición al régimen sino de cooperación responsable en todo cuanto sea para el bien de los mexicanos. Nunca insinué siquiera otra cosa. Solo alguien muy prejuicioso puede suponer que queramos hacer un partido “pro Peña”.

–No es prejuicio, es un hecho que los principales promotores de Concertación Mexicana son abiertamente peñistas. ¿Quiénes no lo son?

–Nadie se ha pronunciado peñista. Nadie.

 

Peñistas

 

Pero la adhesión a Peña fue obvia desde que, el 22 de mayo, Espino y otros promotores del nuevo partido, como la exjefa de gobierno de la Ciudad de México, la perredista Rosario Robles –integrante del equipo de transición del presidente electo–, firmaron el Plan de la Concertación Mexicana.

Los experredistas Patricia Olamendi, René Arce, Ramón Sosamontes, la expanista Lía Limón, la locutora Teresa Guadalupe Vale Castilla, conocida como Tere Vale, y Jorge Carlos Díaz Cuervo signaron el plan, leído por Espino, y dieron como ganador inevitable a Peña:

“Reconocemos que la Coalición Compromiso por México va a ganar la Presidencia de la República y que Enrique Peña Nieto cargará con la responsabilidad de cerrar con éxito la etapa de transición e insertar a México en una nueva forma de gobernar y para la sociedad.

“Convocamos a los mexicanos a sumarse a este esfuerzo histórico, el primero del siglo 21 en el que todas las formas de pensamiento se unen en afanes superiores de la nación para apoyar al próximo gobierno a lograr los objetivos pendientes en la transición.”

Más aún, Espino dispuso todo para convalidar, en el acto de VAE, la adhesión a Peña: le adelantó las preguntas que le harían y suprimió cualquier inconformidad, como la del exsenador Jorge Nordhausen.

“¡Cómo vamos a apoyarlo si representa la garantía de corrupción y represión!”, tronó éste ante Espino, y le pidió al menos proponerle a Peña que se eliminara de la lista para senador a Carlos Romero Deschamps, líder del sindicato petrolero, y al aspirante a alcalde de Ciudad del Carmen, Campeche, Enrique Iván González, inhabilitado para ocupar cargos públicos.

“¿Qué tiene de malo? Es una propuesta. Son un par de corruptos. Peña los palomeó y él los puede quitar. Sería una señal positiva para la ciudadanía”, argumentó Nordhausen, quien insistía en hacer ese planteamiento en una de las preguntas que se le formularían al priista.

–Yo estoy de acuerdo –lo respaldó Patricia Durán Reveles, también expanista.

No quiso Espino, quien había pactado con Peña otra cosa, como reveló Nordhausen al reportero antes del inicio del acto, celebrado en el hotel Marriot, de Polanco: “Le dieron las 10 preguntas para el evento. Un títere va a leerlas y él las contestará”.

Y así fue. Las nueve preguntas –no 10– las formularon miembros de VAE y las respuestas de Peña, en realidad generalidades, fueron antesala del pacto para 2012, semejante al de hace seis años.

En efecto, el propio Espino evocó que en esa elección, siendo él presidente del PAN, recibió el apoyo priista para vencer a Andrés Manuel López Obrador.

“En el Comité Nacional decidimos ir por el voto útil. Fui a hablar con dirigentes nacionales del PRI, con legisladores, con gobernadores, con alcaldes, y los priistas le dieron el voto a Felipe Calderón, hoy presidente de la República y, como hace seis años, a partir de hoy comenzaré a promover por México el voto útil para Enrique Peña Nieto.”

 

Yunque de izquierda

 

El elenco de promotores del Partido Concertación Mexicana es diverso: los hermanos René Arce y Víctor Hugo Círigo, experredistas de Nueva Izquierda, apoyaron, el año pasado, al priista Eruviel Ávila en el Estado de México, a cambio supuestamente de la creación de un Instituto de Economía Social y Solidaria, que ni siquiera se ha concretado.

Otro político aliado es Jorge Carlos Díaz Cuervo, quien en 2002 fundó, junto con Jorge Alcocer, exsubsecretario de Gobernación, el partido Fuerza Ciudadana, que perdió su registro en 2003, y luego presidió el Partido Socialdemócrata, que también lo perdió en 2009.

Teresa Guadalupe Vale Castilla, quien se hace llamar Tere Vale, tiene una biografía política semejante. Fue candidata a jefa de gobierno en 2000 por Democracia Social, que desapareció, fue directiva y candidata a jefa delegacional en Miguel Hidalgo de Alternativa Socialdemócrata, que también desapareció por falta de apoyo popular.

Junto a esos personajes, que se identifican con la izquierda, se encuentra René Bolio, un expanista que quiso fundar el partido Movimiento de Participación Solidaria, cuyos principales promotores son miembros de El Yunque, la organización ultraderechista.

Además de Bolio, coordinador de la precampaña de Alberto Cárdenas en 2005 y estrecho colaborador de José Luis Luege, director general de la Comisión Nacional del Agua, otro promotor del partido fue Fernando Rivera Barroso, secretario de Educación en el gobierno de Vicente Fox en Guanajuato y asesor en “valores” de Reyes Tamez, exsecretario de Educación.

Espino, cuando aún era presidente del PAN, se deslindó de ese partido en agosto de 2007 y aseguró que expulsaría a los panistas que lo promovían. “Es una señal inequívoca de traición”, declaró en entrevista para Proceso. “Esos hijos de la chingada, y así ponlo, tienen sus intereses”.

–¿Quiénes?

–Los del Yunque.

–¿Cecilia Romero, José Luis Luege, César Nava?

–Los que sean del Yunque.

–¿Usted mismo?

–No. Yo soy gente decente.

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