Aberrante, la remodelación de “La Tallera”: Híjar

"La Tallera" de Siqueiros
"La Tallera" de Siqueiros

Para crear un centro cultural en lo que fue La Tallera, a decir del crítico e investigador de artes plásticas Alberto Híjar y especialista en la obra de David Alfaro Siqueiros, se alteró sustancialmente la casa donde este artista vivió en Cuernavaca, pero sobre todo el concepto de “taller industrial”, pionero dentro del muralismo. Híjar va más allá, hasta la denuncia: todo va orientado hacia el mercantilismo, despojaron a La Tallera de todo sentido político e histórico al constituirla “en un destino turístico-cultural notable”, como dijo Felipe Calderón durante la apertura.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Abandonada durante 26 años la casa-estudio La Tallera, donde David Alfaro Siqueiros inició la creación de su gran mural La Marcha de la Humanidad y del Polyforum, reabrió sus puertas a finales de septiembre pasado luego de un proceso de remodelación en el cual el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) invirtió 46 millones de pesos.

Pero a decir del crítico e historiador de arte Alberto Híjar, especialista en la obra del pintor e incluso considerado su heredero teórico, se cometieron arbitrariedades y daños en el edificio que si bien no cuenta con la declaratoria de monumento nacional, debió respetarse en su arquitectura y su concepto de taller industrial, el primero en su tipo para el muralismo.

El espacio creado por Siqueiros en 1965 en Cuernavaca, Morelos, funcionará ahora como un centro cultural y educativo en el cual se albergarán el archivo y biblioteca del muralista. Además será residencia para artistas, críticos y curadores nacionales y extranjeros, quienes en retribución con los morelenses impartirán talleres, conferencias, charlas y asesorías, según informó la curadora Mónica Montes durante la reapertura del recinto.

So pretexto de estas residencias, se alteró sin necesidad la casa donde habitó y murió Siqueiros, lamenta Híjar, investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBA. Dice que hay jardín de sobra donde pudieron construir lo que quisieran; había una pequeña palapa en la cual el pintor recibía a sus visitas –que ya no existe– y podría haber funcionado como un café o cualquier cosa; se alteró la fachada y no se sabe qué sucedió con los muebles y el equipamiento que atesoró Angélica Arenal, esposa de Siqueiros, en sus viajes. Todo ello es arbitrario:

“La casa fue inaugurada por el entonces director de Bellas Artes, Javier Barros Valero, de modo que aunque no tuviera declaración de patrimonio, son excesos. La arquitectura de La Tallera es espectacular y se modificó la fachada de gratis. Le quitaron la torre donde Manuel Suárez (dueño original del Polyforum) ponía a los visitantes para que no interrumpieran el trabajo, a petición de Siqueiros. Tiraron ese mirador también de gratis.”

Además “se perdió el sentido de taller industrial porque pusieron un puente, un pasadizo en la nave, construido con madera y con un barandal hecho con palos que más bien da la idea de artesanía mal hecha, está bonito pero no tiene nada que ver con la idea de orden fabril que Siqueiros quiso y logró en La Tallera”.

Le gusta cómo quedó la plaza que es una especie de teatro al aire libre y la presentación en power point de la investigadora Irene Herner. En su ensayo Siqueiros disputado, enviado a esta redacción, describe también:

“La nueva entrada es espectacular con los dos proyectos murales colocados a los lados de la gran puerta que da paso a un vestíbulo, desde donde se advierte un nivel bajo gracias al predominio del cristal y el aluminio, a diferencia del interior de la gran nave con sus poleas y rieles en el techo para delizar los rectángulos y rombos de asbesto.”

Y si bien no le parece mal lo expuesto, deplora las cédulas que “padecen de gringocentrismo formalista”. Explica en su texto que en ningún lugar se aclara que Siqueiros llamó en femenino a su taller por ser “más demandante que una mujer celosa”. Más aún, como verdaderamente “alucinante” califica que en la cédula de entrada se invente el término “muralismo mestizo mexicano” cuando Siqueiros nada tuvo qué ver con las clasificaciones estilísticas:

“Eso es un recurso para los historiadores del arte formalistas y para los artistas dependientes del mercado, preocupados por mantener una misma forma para hacerla rentable. Siqueiros fue todo lo contrario a esto.”

En su opinión se pudieron haber utilizado frases del propio creador, quien desconfiado de los críticos e historiadores editó la Revista Arte Público dedicada al Polyforum, así como su propia voz describiendo La Marcha de la Humanidad, que puede escucharse en dicho espacio. Lo que hay son “cédulas que reducen todo a pura experimentación formal y algo escándaloso.En la conclusión de la cédula de entrada se dice que la influencia principal es de Walt Disney y del cine de Hollywood”.

–¿Así lo dice?

–Textualmente, te lo juro. Está bien que a Siqueiros sí lo impresionó el desarrollo industrial norteamericano y la publicidad, en su célebre texto de la pintura dialéctico-subersiva de 1932 dice que hasta los andamios hacen arte refiriéndose al dolly de los fotógrafos de cine y de los directores que trepan en este andamio móvil y claro para el muralismo y sobre todo al exterior es excelente. Pero nada tiene que ver con que haya sido influido de manera determinante y menos por Walt Disney, aunque pinte figuras con movimiento.

“De modo que ese espacio espectacular logrado parece deformar la figura histórica de Siqueiros y su propia posición estética más que puramente artística. Todo esto vuelve muy sospechosa la reapertura de La Tallera, porque no hay catálogo.”

 

Atractivo turístico

 

Lo que sí hay, denuncia en su escrito, es el folleto Guía de Restaurantes, Spa’s y jardines para eventos y más de Morelos, de octubre-noviembre, en cuya portada se reproduce un fragmento de figuras geométricas y la leyenda: “La Tallera de Siqueiros, espacio de arte y creatividad”, y donde la creación del pintor “es presentada como atracción turística”. En las páginas interiores, todas de publicidad para hoteles y lugares recreativos, se dedica un par al centro cultural.

En La Tallera tampoco hay lugar para “las frases-consigna características de la lucha ideológica impulsada por el pintor comunista, insatisfecho de la crítica de arte y las políticas culturales del Estado mexicano, al que exigió cumplirle a la Revolución de 1910 con publicaciones combativas constantes. Nada se exhibe de los trabajos políticos de Siqueiros más que la mención incidental a sus prisiones”, agrega el historiador en su texto.

Ello, sumado a la pretensión de darle a la antigua casa-estudio una orientación hacia el mercantilismo y la relación turismo-cultura (expresada también en el discurso inaugural del ejecutivo, Felipe Calderón, quien destacó que La Tallera “constituye un destino turístico-cultural notable”) le parece al crítico “una derrota político-cultural”, pues si bien Siqueiros tuvo “una posición más positivista que marxista de la historia y todo iba ‘arriba y adelante’ como decía su amigo Luis Echeverría, sí lo despojaron de todo sentido político e histórico”.

Y el peligro, alerta, es que el lugar se convierta en lo mismo que la Sala de Arte Público Siqueiros, y argumentando que se impulsa el arte experimental “acabe siendo sede de becarios llegados de quién sabe dónde, patrocinados por Jumex o alguna aberración semejante para hacer instalaciones dizque conceptuales que no son sino juguetes que necesitan una cédula extensa para explicarse, porque nadie les encuentra el menor sentido”.

Una de las críticas constantes a los museos del INBA es que han ido sacrificando sus perfiles originales para apoyar este tipo de arte, se le dice:

“Efectivamente, como el MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) en la universidad. Nos han ido despojando no sólo de las figuras históricas sino de los espacios y dándole cuerda a este posmodernismo chafa espantoso. Nos vamos quedando sin espacios públicos, salvo los que vamos construyendo en las luchas populares.”

–¿Le sorprende que, como con el Palacio de Bellas Artes, el propio INBA haga ese tipo de remodelaciones, distorsionando el sentido y el concepto que Siqueiros quiso dar al inmueble?

–Por eso considero que estamos derrotados, pues no es sólo el INBA, son los gobiernos de todos lados a los que les vale madres esta socialización del espacio público. Ahora todo está señalizado por los mamotretos de Sebastián o cosas semejantes. De modo que estamos sufriendo una derrota histórica que va junto con otra derrota histórica: ese clasismo brutal que nos están aplicando ahora mismo que están recibiendo en la presidencia la reforma laboral para ser publicada. Entonces es la clase poderosa, la burguesía que va para delante y nosotros para atrás, perdiendo todo lo construido a lo largo de nuestra historia.

–Argumentarán algunos funcionarios que México necesita de esa vinculación entre la cultura y el turismo para atraer recursos y salir adelante.

–¡Claro! Es la posición del Estado brutalmente clasista, ¿no? Convirtamos a México en una gran escenografía, esto fue desde el gobierno de Salinas con aquella exposición de México: Esplendores de Treinta Siglos que fue inaugurada, casualmente, en ‘Niu York’ con esa posición: a la fregada los nacionalismos cualquiera que estos sean, entramos de lleno a la globalización, vivan las inversiones extranjeras y el desarrollo que ellos llaman sustentable, pero sustentable en la explotación.

Al final, dice, los ciudadanos no sólo no se benefician de esa relación, sino todo lo contrario, pues se ha ido destruyendo la historia nacional. Y en cuanto al arte, enfatiza que ya hay lugares “para que se diviertan los conceptualistas chafas” como el Ex-Teresa Arte Actual o el Laboratorio Arte Alameda, y se prevé que la emrpesa Jumex construya su museo:

“Entonces, ¡que no frieguen! En todo caso habría lugar para todos, pero que no oculten, que no deformen la memoria Siqueiros. El Anahuacalli de Rivera está en absoluto abandono, sacaron las colecciones de Diego. Como que no es justo, ¿no?”

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