La FIL: Cada quien sus clásicos

El escritor peruano Bryce Echenique en un retrato de 1982. Foto: Juan Miranda
El escritor peruano Bryce Echenique en un retrato de 1982.
Foto: Juan Miranda

GUADALAJARA, Jal. (Proceso).- Creada en 1987, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara está cumpliendo un cuarto de siglo, marcada en esta ocasión por la que probablemente sea la pifia más escandalosa que dicho encuentro editorial haya conocido en las 26 ediciones. El escandaloso yerro fue la determinación de entregar, pese a la razonada oposición de escritores y académicos de México y otros países, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012, tasado en 150 mil dólares, al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, tristemente célebre por apropiarse y firmar como suyos más de 40 textos de otros autores, de lo cual existen pruebas documentadas.

Los organizadores del premio y las autoridades de la FIL, comenzando por el mandamás de ambos, el exrector Raúl Padilla, tuvieron que aceptar tácitamente que existía algo anómalo en la concesión del galardón al decidir entregarlo de manera anticipada y en el domicilio del escritor en Lima, Perú, y no como ha sido habitual: en el acto inau­gural de la FIL, con una serie de homenajes y mesas redondas sobre el autor premiado y su obra. Así, el 25 de octubre Bryce Echenique recibió el premio a hurtadillas, de manos de la directora técnica del premio, Dulce María Zúñiga, sin la “incómoda” presencia de algún medio de comunicación.

Con esta premiación anómala y anticipada –justo un mes antes de la inauguración de la FIL–, los integrantes de la comisión organizadora del premio de marras, con el mencionado exrector Padilla a la cabeza, buscaban varias cosas: que el conflicto pudiera enfriarse lo suficiente antes de la fecha inaugural de la feria editorial de este año para que ésta fuera opacada lo menos posible por el desfiguro, y tratar de darle una especie de salida salomónica al affaire Bryce Echenique al avalar, por una parte, el fallo del jurado del premio pero, por la otra, no aparecer como “insensibles” ante la indignación de aquellas personas a quienes les sigue pareciendo del todo inaceptable que se premie a un descarado pirata intelectual y menos con el agravante de hacerlo con el dinero de los contribuyentes.

No deja de ser irónico que mientras en Perú, el país de origen Bryce Echenique, a éste se le impuso una severa multa por sus trapacerías (los tribunales de esa nación lo condenaron a pagar 57 mil dólares por firmar como suyos 16 escritos ajenos), en México se le haya premiado con 150 mil dólares, y ello sin contar los gastos que representa la organización del premio, los cuales sobrepasan los 100 mil dólares.

El hecho de que, de última hora, se haya cancelado el aparatoso “homenaje” que ya se tenía preparado y también se hiciera todo lo posible para evitar la “incómoda” presencia del galardonado en el desarrollo de la FIL de este año, son medidas que no cambian el hecho esencial: a pesar de los pesares, Bryce Echenique es oficialmente el ganador del Premio FIL de Literatura 2012.

¿Cómo pudo llegarse hasta ese extremo de desprestigio en el caso de un premio literario que se presumía serio, se fondea con dinero público y originalmente llevó el buen nombre de Juan Rulfo, esto último antes de que, en 2006, los herederos del narrador jalisciense entraran en conflicto con los organizadores del ahora sospechoso premio? Buena parte de la respuesta habría que buscarla en la forma en que han sido seleccionados los sucesivos septetos que anualmente y desde 1991 han venido integrando el jurado que elige al ganador del premio. ¿A qué o quién se debe, por ejemplo, que el profesor peruano Julio Ortega haya sido invitado en ocho ocasiones –la más reciente precisamente este 2012– para fungir como integrante del jurado del abollado galardón?

Muy probablemente esa reiterada invitación se deba a que el académico de marras, profesor del Departamento de Estudios Latinoamericanos en Brown University, ha mantenido una añeja relación clientelar con el exrector Raúl Padilla, mandamás de la Universidad de Guadalajara, presidente de la FIL y cabeza del Comité Organizador del premio. Y aunque Ortega no ha sido el único caso de una persona que en más de una ocasión ha sido integrante del jurado del Premio FIL (Gonzalo Celorio, Vicente Quirarte, aparte del finado José Luis Martínez, lo han sido ya en tres ocasiones), nadie iguala el récord de Ortega, que como sinodal favorito de dicha presea literaria ha acumulado ya ¡ocho participaciones!

Defensor de la larga serie de plagios cometidos por su paisano Alfredo Bryce­ Echenique, Julio Ortega, en mancuerna con el escritor mexicano Jorge Volpi (quien, entre otras cosas, ha sido huésped de Ortega en Brown University), discurrió entregar el premio en esta ocasión al ya famoso plagiario peruano, a lo cual no se opuso el resto del jurado: la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres, la periodista argentina Leila Guerriero, la editora colombiana Margarita Valencia y el profesor británico Mark Millington ), ni quienes están al frente de los organismos e instituciones oficiales que conforman la asociación que otorga el mencionado premio: la Universidad de Guadalajara, el gobierno de Jalisco, los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Fondo de Cultura Económica y el Banco de Comercio Exterior.

No deja de ser un gran y costoso absurdo que las instituciones mencionadas se hayan gastado más de un cuarto de millón de dólares –alrededor de 3.5 millones de pesos, si al monto del premio se suma lo que cuesta su organización– no sólo en el mayor desprestigio que hasta ahora ha conocido ese premio literario, sino en un descrédito que, a quererlo o no, alcanza también a la misma FIL, como lo han señalado muchos de los hombres y mujeres de letras, artes e ideas que durante años han acudido a ese encuentro editorial y que en otro tiempo tan bien se habían expresado del mismo. Tal es el caso de José Emilio Pacheco, quien desde la Feria del Libro de Oaxaca anunció que en esta ocasión no participará en la de Guadalajara, ni siquiera en el homenaje a Carlos Fuentes, en el que inicialmente estaba anunciado.

Algo tendrán que hacer tanto las autoridades del encuentro editorial tapatío como los representantes de las instituciones que patrocinan el Premio FIL para tratar de devolverle a ambos la buena aceptación que tenían no sólo entre el gremio de los libreros, sino sobre todo entre el mundillo intelectual. Por lo pronto, no parece que vaya a servirles de mucho el anuncio de última hora de que el disidente chino Liao Yiwu viene a presentar la traducción al español de un libro de poemas suyo.

Pero como este año no vendrá Enrique Peña Nieto, quien ha publicado más libros de los que ha leído, quizá la mayor esperanza de las autoridades de la FIL esté depositada en la explosión demográfica de figuras y figurines de la farándula que, como en el caso de los conductores de televisión Fernanda Familiar y Yordi Rosado, vendrán a presentar sus más recientes partos intelectuales. ¡Ni hablar, cada quien tiene los clásicos que merece! Y tanto los jurados del Premio FIL 2012 como sus patrocinadores eligieron a Bryce Echenique como su clásico del año y ya están pagando las consecuencias de ello.

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