Cultura: Especialistas reprueban la era panista

Consuelo Sáizar, titular de Conaculta. Foto: Eduardo Miranda
Consuelo Sáizar, titular de Conaculta.
Foto: Eduardo Miranda

Dispendio, elitismo, autoritarismo, ignorancia, desvinculación educativa… tal es la lista de deficiencias que cuatro especialistas en políticas culturales atribuyen a los regímenes panistas de dos sexenios. El historiador Ricardo Pérez Montfort, los antropólogos Bolfy Cottom y Antonio Machuca, y el economista Ernesto Piedras, ofrecen a los lectores en entrevistas por separado un balance crítico y reflexivo que, con sus matices, apunta a la ausencia de una política cultural de Estado.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El balance final sobre la gestión de Consuelo Sáizar al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), salpica no sólo a su antecesor, el director de ópera Sergio Vela, quien dejó el cargo en marzo de 2009 en medio de un escándalo mediático, sino al sexenio foxista.

Destacados especialistas en diversos campos culturales lamentan que en doce años no se lograra construir una política de Estado en la materia. Por el contrario, se fue minando la intervención y promoción estatal para cederla a los intereses mercantiles y turísticos, en beneficio de unos cuantos.

Para los gobiernos del Partido Acción Nacional, tanto de Vicente Fox como de Felipe Calderón, la cultura nunca fue prioridad. Es una de las conclusiones, que contrasta con la auto evaluación del ahora extitular del Ejecutivo y de la misma Sáizar, quienes calificaron de magnos los proyectos de su administración. Como la Ciudad de los Libros y la Imagen (llamada tradicionalmente Biblioteca de México “José Vasconcelos”), a la cual la exeditora se refirió en una entrevista como “una de las primeras hazañas culturales del siglo XXI”.

En abril de 2010, Proceso entrevistó al historiador Ricardo Pérez Montfort, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), autor de Avatares del nacionalismo cultural, entre otros libros, quien describió el panorama como “una catástrofe cultural”:

“El actual manejo de la cultura no sólo se caracteriza por el autoritarismo y la intolerancia, sino además por la ineptitud, la ignorancia y la arrogancia de los funcionarios públicos; es ajeno por completo a los principios de la democracia.”

Consultado de nuevo para hacer el diagnóstico final, reitera convencido:

“Mantengo mi posición. La cultura nunca fue una prioridad para ningún gobierno panista, ni con Fox ni con Calderón. Y si durante el régimen de Fox, con Sari Bermúdez, fue un desastre, en el caso de Calderón, con Consuelo Sáizar, continuó la misma línea pero con una variante: Un autoritarismo y una gran cantidad de actividades que se quedaron a la mitad. O sea, no sólo fue autoritaria sino además ineficiente.”

El investigador cita como ejemplo el Centro Cultural Elena Garro instalado en el centro de Coyoacán, al cual se opuso parte de la comunidad de la Escuela Superior de Música ubicada a un lado, vecinos de la zona y tiene en su contra la orden de un juez revocando el uso de suelo. Parte de las demandas fueron una distribución más equitativa de la cultura pues, dice, en la Ciudad de México se concentra en puntos como Coyoacán y San Ángel.

En esas zonas están la Fonoteca Nacional, más de 40 librerías, Ciudad Universitaria, la Cineteca Nacional. Esta última fue uno de las obras no concluidas a tiempo. Igualmente el Museo del Cine, para el cual se contrató a un equipo de gente y “pudo ser sensacional”, pero terminó siendo “una pifia”, con una muestra sobre cine y revolución en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, “ni siquiera se logró un museo propio”.

Su lista es larga: Se abandonó la fallida Biblioteca Vasconcelos de Buenavista (hecha por Fox). Se fomentó poco el teatro. Se desaprovecharon los canales de televisión Once y 22. Como Sáizar viene del ámbito editorial se desarrolló un poco ese sector, “pero tampoco nada espectacular”. Y la tan anunciada digitalización avanza lento.

En una concepción de la cultura que va más allá del Conaculta, señala también el mismo paso retardado en el Archivo General de la Nación y las bibliotecas, y además lamenta que se apuntalara la universidad privada, mientras a las públicas se les redujeron los presupuestos. Evoca también como parte de la cultura los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, en los cuales hubo un “gasto verdaderamente enloquecido, espeluznante”:

“Frente al raquítico desarrollo cultural de años anteriores, de pronto en el 2010 había mucho dinero para muchas cosas, y la mayoría de ellas tuvieron muy poca trascendencia. Ahí tenemos el caso tan emblemático de la Estela de Luz, que en el fondo es un monumento a la corrupción. En este sentido, el balance en términos culturales de este sexenio es bastante negativo.”

Juzga que el Estado ya no va a la vanguardia como hace décadas, ha dejado de ser un promotor cultural, un fomentador de las artes, para convertirse en una especie de administrador menor. Todo ello como reflejo de que el PAN, los gobiernos de derecha en general, le temen a la cultura.

La misma Secretaría de Educación Pública (SEP), a la cual está adscrito el subsector cultura, “sigue anquilosada, amordazada por ese sindicato gobernado por Elba Esther Gordillo, que es una vergüenza internacional”. Lo mismo dice de las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) “que mostraron una arrogancia verdaderamente insólita, una falta de compromiso con los trabajadores e investigadores que tuvieron que tomar el Museo Nacional de Antropología”.

No hay, en suma, la efervescencia cultural de los años setenta y ochenta. Para él siguió la “catástrofe”. Y ve en este parteaguas de cambio de gobierno la oportunidad de que se reconsidere la relevancia de la cultura, que no la abandone el Estado, y no se deje en manos privadas:

“Creo que merecemos unas autoridades y propuestas culturales mucho más dignas del país que de la élite política que nos gobernó, que fue bastante ignorante, inculta y poco comprometida con el país.”

 

Sin política de Estado

 

El antropólogo, historiador y abogado especializado en legislación cultural, Bolfy Cottom, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, coincide en el señalamiento de que la SEP “evidenció su debilidad” y “no supo qué hacer con el subsector cultura”.

Visto desde la perspectiva del propio Conaculta, dice que se puede aceptar que hubo logros, pero considera triste corroborar que en la realidad se trató de una gestión llena de escándalos, manipulación –incluso en el órgano legislativo–, confrontación institucional, homenajes y premios al por mayor, y un dispendio de recursos “verdaderamente grosero”:

“El balance no es positivo. Se logró colocar al subsector en la más absoluta incertidumbre. Todo se canalizó en asuntos como la búsqueda de declaratorias, reconocimientos y premios, olvidándose de la cultura como razón de Estado, como una prioridad desde la perspectiva de la educación.”

En algunos medios se ha destacado la abundancia de actividades, las magnas obras de la administración de Sáizar, quien llegó a afirmar en entrevistas que trabajaba más de 20 horas al día, pero Cottom contrasta que la cantidad no explica el sentido ni el contenido de un modelo cultural:

“Podemos hablar de una enorme cantidad de actividades, nadie cuestiona la diversidad pero ¿son fundamentales?, ¿para qué?, ¿por qué?, ¿a quién benefició?, ¿qué provecho en términos del avance nacional obtenemos? En términos de una razón de Estado eso no se puede ver.”

No se puede ver –explica– porque implica que las estructuras del propio Conaculta debieron buscar la consolidación de la administración pública para fortalecer un proyecto nacional. Y nunca se vio ese proyecto o política pública, entendida ésta “como las herramientas del Estado para abordar un campo específico de su interés”.

La prueba de que efectivamente hubo muchas actividades es que la Auditoría Superior de la Federación emitió “una cantidad impresionante de observaciones a la Cuenta Pública del 2010… Desafortunadamente eso no muestra que la cultura es una razón de Estado, por lo tanto su política cultural no es suficientemente clara”.

Sin embargo, Sáizar aseguró tener un modelo, el Proyecto Cultural del Siglo XXI Mexicano. En un principio habló de tres áreas: Conformación de un proyecto internacional; digitalización de museos, sitios arqueológicos y documentos; y la puesta en práctica de un sistema de medición de objetivos y resultados. Al final cambió, dijo que los ejes eran: La preservación del legado cultural y artístico (mediante la digitalización); convertir a México en la plataforma intelectual del español; y lograr la vinculación con la sociedad. El Programa Nacional de Cultura destacó más el impulso al turismo cultural.

Cottom evalúa que en ese punto no hubo “nada innovador”, y lo logrado se debió no a la incidencia de las instituciones culturales; quien llevó la batuta fue la Secretaría de Turismo, con los gobiernos estatales y locales. (Se recuerda que el extitular de esa institución, Rodolfo Elizondo, opinó que se debían quitar “candados” a la Ley de Monumentos, lamentó la cancelación del espectáculo de luz y sonido Resplandor Teotihuacano y apoyó programas de promoción turística en las zonas arqueológicas).

Agrega que los bienes culturales y las tradiciones de los pueblos y comunidades se vieron en la lógica del mercado, como una “posibilidad de sacar recursos, captar divisas”.

La preservación del patrimonio puede anotarse también como otro logro, pero no porque se lo propusiera un presidente del Conaculta, sino porque es la obligación y razón de ser de los institutos INAH y Nacional de Bellas Artes (INBA), que cumplieron “no sin sus escándalos”. (Proceso dio cuenta de lo ocurrido en casos como la remodelación del Palacio de Bellas Artes, la zona arqueológica de Tzintzuntzan y los fuertes de Loreto y Guadalupe en Puebla).

En cuanto a la plataforma para el idioma español, indica que hubo un fuerte apoyo de ciertos escritores, pero “lo relativizo, pensar que este país ha puesto al español en la mira internacional es francamente desmesurado”.

El especialista expresa su preocupación porque ve en los recién llegados legisladores de las comisiones de Cultura en las cámaras de Diputados y Senadores, los mismos discursos de “hace veinte años”, porque hay grupos cercanos a ellos que les entregan su diagnóstico parcial y tendencioso, ellos “lo compran sin preocuparse por generar un proceso distinto e incluyente”.

De continuar por ese camino no ve un futuro halagüeño, como no lo ve tampoco en el Ejecutivo, sobre todo luego del “remedo de reunión” que tuvo hace unas semanas Enrique Peña Nieto con un grupo de intelectuales, “en donde yo pregunto: ¿Cuál fue el objetivo? y, ¿a quiénes representaron quienes estuvieron ahí?

El punto, resume, no es la cantidad de actividades realizadas en la pasada administración cultural, hasta “sería injusto decirle a la presidenta del Conaculta ‘oiga, usted no trabajó’; sí trabajó, el problema es para quién y dónde están los resultados en términos del interés nacional”.

Desea que el nuevo gobierno sea capaz de estructurar una política cultural atenta a los temas actuales como la vinculación de la cultura con el turismo o la economía, pero también reconocer su relación histórica con la educación. Que la cultura sea nuevamente razón de Estado, de lo contrario, la evaluación de los primeros cien días será similar a la de ahora, advirtió.

 

Turismo y economía

 

Para Antonio Machuca, investigador de la Dirección de Etnología y Antropología Social y especialista en temas de patrimonio, diversidad y turismo cultural, la propuesta del gobierno pasado de impulsar este último resultó en “un mal maridaje” porque el turismo no genera la posibilidad de salvaguardar el patrimonio; sobrepone los intereses económicos a la cultura.

Así, acciones como la elaboración del Atlas Cultural de México, coeditado por Conaculta y la Secretaría de Turismo, dado a conocer hace un par de semanas, está dirigido a las demandas del sector turístico. Habría sido diferente si la cultura fuera una prioridad.

No niega avances en el terreno, como la creación de la Comisión Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la cual se pudieron atender “focos rojos” como el caso de las tradiciones de Wirikuta afectadas por la explotación minera de compañías canadienses, que se llevaron ante la UNESCO y fueron reconocidas como Patrimonio de la Humanidad.

Pero hubo también casos desafortunados como el del parque Xcaret que se saltó a dicha Comisión y presentó la candidatura directamente con Irina Bokova, directora de la UNESCO, y también se declaró patrimonio cuando “no es una manifestación que tenga sustrato en las comunidades, es negocio de un particular”. Es el caso también de la tauromaquia, que no proviene de expresiones regionales, es fomentada por empresarios.

En otro tenor, el antropólogo contrasta las millonarias inversiones en determinadas obras como la Cineteca, los Estudios Churubusco, el mismo Centro Cultural Elena Garro y la polémica Estela de Luz, en las cuales “se espectaculariza un determinado aspecto de la cultura, la del glamour”, cuando hay muchos problemas en las culturas regionales, situaciones de riesgo como resultado del narcotráfico y el empobrecimiento de la población.Considera que se buscó el reconocimiento internacional para algunas tradiciones locales como la pirekua o los voladores de Papantla, por intereses políticos y turísticos, pero el resto fueron prácticamente abandonadas. Lamenta no ver señales de un cambio en el sexenio que comienza (Peña Nieto, como gobernador del Estado de México, fue uno de los impulsores del espectáculo Resplandor Teotihuacan):

“Parece que no va a cambiar mucho, no sabemos si haya voluntad política para que México salga adelante, estamos en la incertidumbre hasta no conocer el Programa de Cultura, pero es indispensable la democratización en el ámbito cultural.”

 

Encuesta sin publicar

 

Al economista Ernesto Piedras, especialista en telecomunicaciones e industrias culturales, se le pide también su evaluación. En varias ocasiones señaló a este semanario la ausencia del Conaculta en los debates sobre esos temas, incluido el uso de internet. Piensa que hubo avances en temas como la tecnología y digitalización.

Conaculta tuvo mucha actividad en twitter, facebook y cuenta ahora con una página en internet “muy viva”. Además se lanzaron contenidos para iPads, laptops, smartphones, pero como Bolfy Cottom, pregunta a cuántos benefició con ello pues una realidad del país es la brecha digital. Hay 44 millones de internautas en México, frente a 115 millones de habitantes, ello significa que dos terceras partes de los mexicanos están desconectados, los de menos recursos económicos.

Y si es cierto que al Conaculta corresponde el contenido y a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la conectividad, el Consejo debe involucrarse más en las telecomunicaciones y contar con al menos un par de hilos de la fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad, que llegan a todo el país.

A Piedras se le encargó, y pagó, por el análisis de la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales, realizada en 2010. Pero el resultado no se publicó y no se sabe si decisiones para la ejecución de obras como el Centro Cultural Elena Garro, responden a esa encuesta.

Al respecto, el economista dice que no se trata de tener una bodega de datos, sino de realmente darles utilidad en el diseño de políticas públicas y también hacer los estudios con periodicidad, de lo contrario pierden vigencia. Nunca se creó, menciona, la llamada cuenta satélite para cultura prometida por Sáizar y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Otro pendiente es la relación entre el Conaculta y los sectores de la economía. Opina que aun para las autoridades del subsector, la cultura suele ser algo ornamental y no un elemento productivo que genera bienestar:

“Hace falta ver al titular de cultura con voz y voto en temas de pobreza, generación de empleo, fomento a la inversión, promoción de exportaciones y turismo. Hace falta una política cultural de Estado, pero de verdad, no sujeta a los vaivenes de un titular oscurantista o una mujer trabajadora, un nuevo gobierno o a un partido político.”

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