Legalizar ya

Exigen al Senado legalizar la mariguana. Foto: Hugo Cruz
Exigen al Senado legalizar la mariguana.
Foto: Hugo Cruz

MÉXICO, D.F. (Proceso).- “Estamos tan acostumbrados a las malas noticias, que a veces no sabemos aprovechar las buenas”. Tal escribe Claudio Lomnitz, una de las mentes preclaras y más cosmopolitas de nuestra generación. La buena noticia siendo la legalización de la mariguana en dos nuevos estados de nuestro país vecino. Colorado y Washington.

Para apreciar la oportunidad que tal suceso nos abre, hay que dar un paso atrás en el tiempo.

La satanización de la mariguana se inició en los años setenta del siglo pasado, cuando un muy puritano y rígido presidente Richard Nixon declaró la guerra contra las drogas. Así la pobre motita, que era una planta con una larga tradición entre nosotros, recientemente adoptada como alteradora de la conciencia por los jipis, se convirtió en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. Y luego, y en consecuencia, México, siempre fiel tanto a la Virgen de Guadalupe como al poder estadunidense, también la criminalizó y persiguió su cultivo y tráfico.

La legalización de la mariguana en ya 18 estados del país vecino, y los próximos plebiscitos previstos para decidir su estatus en otros tres estados, anuncian su paulatina pero inexorable rehabilitación. La Hierba Verde va en el norte en vía segura de transformarse de satánica en un enhacer, un incentivador de la sensualidad, especialmente preferido a los alteradores artificiales por la suavidad de sus efectos y la ausencia de sedimentación en el hígado o el corazón.

El Huffington Post señala dos beneficios inmediatos para Estados Unidos de la legalización de la planta. El ahorro de más de 13 mil millones de dólares anuales, incluidos mil millones tan sólo en gastos carcelarios. Y el aumento de la recaudación fiscal al integrar el comercio de the weed a la legalidad.

Si esos son los beneficios de la legalización allende nuestras fronteras, de este lado son aún mayores.

Amén de los mismos, el ahorro de los gastos de la persecución de sus traficantes y la recaudación de impuestos en su comercialización, por fin pararíamos esta guerra boba. Boba porque es contra una plantita, carambas. Boba porque fue una guerra mal planeada y mal ejecutada. Y boba porque todas las guerras son bobas: son el resultado de la incapacidad de la inteligencia humana.

Además, podríamos separar el crimen del narcotráfico. Separarlos permitiría que nuestro Ejército y nuestras policías dediquen y afinen su capacidad balística y de inteligencia en el combate de los delitos que verdaderamente destruyen vidas y familias y han llenado de agujeros nuestro tejido social. El asesinato, el secuestro, la extorsión, el robo, la trata de blancas.

Igual de trascendente, la legalización reintegraría a la nación zonas y poblaciones hoy gobernadas por el narco, las zonas donde miles de campesinos cultivan y empaquetan la mota y las zonas donde otros tantos de mexicanos arriesgan la vida transportándola hacia el norte. Un cálculo somero es de 30% del territorio nacional.

En otro aspecto más creativo, la mariguana podría convertirse rápidamente en la base de una industria que la exporte al mundo entero. Hoy existe un mercado de 78 millones de consumidores (y esos son sólo los que así se confiesan en las encuestas): 34 millones en Europa, 44 millones en Norteamérica, según cifras de la ONU.

Claudio Lomnitz propone que busquemos pronto el derecho a la “apelación de origen” para nuestra mariguana comercial. Es decir, que únicamente nuestras plantas tengan el privilegio de llamarse mariguana. Tal logramos con el tequila, con beneficios espléndidos. Tal lograron hace más tiempo los franceses con la champaña o el coñac.

Mariguana mexicana lado a lado al coñac francés en las boutiques de sustancias finas para la dulce traslación de los sentidos desde el estrés al placer. ¿Por qué no? Uno puedo soñar ya las etiquetas. Acapulco Golden, mariguana pura de las colinas bañadas por el sol guerrerense, lado al lado del Remy Martin, de los viñedos del corazón del coñac.

Claudio Lomnitz imagina también líneas de comercialización a precios populares con marcas como Sardo o Levita o Avándaro o El 68. No sé, en este punto diferimos. Le concedo que tales puedan venderse únicamente en México, y al extranjero destinemos sólo las más costosas. Yo quisiera ver a los estadunidenses y a los europeos olisqueando nuestras latas con 20 cigarrillos de mariguana dentro como si olisquearan una exquisitez. Caviar. Caracoles. Té de rosas chinas.

Nos la deben, me parece.

Pero volviendo al presente. La posibilidad de legalizar ya y de comercializar pronto es real, y de dejarla pasar sólo podremos culparnos a nosotros mismos si en cinco años el sitio de gloria internacional que merece la Acapulco Golden es ocupado por la California Gold.

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