Cinta sobre B.B. King, la leyenda viva del blues

B.B. King, compositor. Foto: AP
B.B. King, compositor.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- Por salas cinematográficas de Inglaterra e Irlanda estrenó el filme documental sobre la vida del bluesista negro B.B. King, La balada de Riley B. King, homenaje del director británico Jon Brewer a este indiscutible Rey del Blues, quien con 87 años de edad y su legendaria guitarra Lucille sigue ofreciendo conciertos tal como cuando comenzó sus giras artísticas, hacia 1951.

“He aquí el testimonio fílmico definitivo del último de los grandes hombres del blues”, escribió previo a la première de La balada de Riley B. King Ed Vulliamy, en un extenso reportaje publicado por el periódico dominical más antiguo del mundo, The Observer (http://www.guardian.co.uk/music/2012/oct/06/bb-king-music-blues-guitar).

Corresponsal también del diario londinense The Guardian en México, donde hace un par de años redactó el libro Améxica, Guerra en la frontera (Tusquets, 2012), Vulliamy destaca la cinta más allá de los testimonios de alabanza unánime que en pantalla le tributan otras estrellas, por ejemplo, Eric Clapton, quien afirma:
“En realidad, B.B. King es el gran maestro.”

De mayor importancia para Vulliamy resultan los recuerdos de gente como John Fair y Clemmie Trevellaine, “quienes sentados en el patio de su casa evocan el día que el niño de nueve años Riley B. King pedaleó en bicicleta rumbo al hogar para vivir entre los campos de algodón, trabajando detrás de un granero y aferrado a los arneses de una mula”.

Incluso el mismo cineasta Brewer (cuya película Jimi Hendrix: Héroe de la guitarra data de 2010) le confesó a Vullamy no haber tenido “ni idea” de que así transcurrió la infancia de B. B. King, “viviendo solo a la intemperie o en una covacha, platicando con sus únicos amigos, los conejos, en una labor de cuatro años para pagar las deudas de su mamá y de su abuela materna”. De esas conversaciones que le provocaron lágrimas, el director de La balada de Riley B. King dio con el título para su documental. Como relató B.B. King al periodista David Ritz en su biografía Blues All Around Me, de 1996:

“Nací en el Delta del río Mississippi, aquella parte de los EU que alguien denominó el sitio más sureño del planeta. Nací el 16 de septiembre de 1925 a orillas del Lago Azul entre Indianola y Greenwood, cerca de los pequeños poblados de Itta Bena y Berclair. Mi papá fue Albert Lee King y me puso Riley B. sin que la ‘B’ significara nada, pero ‘Riley’ era una combinación. Papá había perdido a un hermano que se llamaba Riley y además manejaba un tractor propiedad de un algodonero blanco llamado Jim O’Reilly. Cuando mi mamá estaba por dar a luz, fue O’Reilly quien le ayudó a conseguir una partera.

“O’Reilly estaba ahí cuando yo nací y le preguntó a mi padre cómo iba a ponerle a su bebé. Viendo que O’Reilly era una persona buena y decente, quiso que yo me llamara como él. Años después, cuando le pregunté por qué había quitado la ‘O’, me contestó: ‘Porque tú no pareces irlandés’.”

El sello guitarrístico de B. B. King sería reconocido internacionalmente tras el jit que grabó para la disquera ABC “The Thrill Is Gone” (“La emoción se ha ido”), con el cual conquistó su primer Grammy en 1970, original de Roy Hawkins; pero antes del éxito, B. B. King luchó más de cuatro décadas contra la segregación no sólo racial, sino también musical.

Bautizo de “Lucille”

B. B. King abandonó para siempre la pizca de algodón en 1948 y se lanzó a probar fortuna musical en Memphis, la capital del blues. En una de esas giras bautizó a su guitarra Gibson como Lucille:

“Aprendí que para extender mi popularidad debía salir de Memphis y en diciembre del ’49 ya estoy en Twist, Arkansas, pueblito a unas 35 millas al noroeste de Memphis. Arkansas suele ser tan frío en invierno que la música no basta para calentar el night club donde toco, que ni siquiera es un centro nocturno sino un cuartote dentro de una vieja y helada casona, donde al centro su dueño ha colocado un tambo con montones de basura apilada que alimenta sus llamaradas con queroseno…

“Estoy allí calentando el bailongo con blues cachondos de Pee Wee Crayton. Escucho trancazos, pero no les pongo atención. A medida que la gritería aumenta, comienzo a preocuparme. En lo más tupido del cuarto, dos tipos se insultan y lo que es peor, se mientan la madre. La gente trata de separarlos, pero ya es muy tarde. Ambos ruedan por el piso enredados en una riña, y entonces tiran el montón de basura.

“¡Boom! El queroseno se desparrama por todo el piso como un río de fuego. Gritos y flamazos y pánico y la corretiza y cada uno de los presentes, incluyendo a B. B. King, se dirigen en tropel a la única puerta de salida… Afuera, estoy feliz de haber escapado con vida, pero me doy cuenta que no tengo mi guitarra. Por mi precipitación, he abandonado a ‘mi bebita’ dentro. La casona arde en llamas y sería estúpido regresar por ella, pero más estúpido dejar a mi guitarra quemarse pues las buenas guitarras son difíciles de hallar y no tengo para comprar otra nueva. Miro la lumbreras alzarse y en un segundo me decido a meterme. Alguien intenta detenerme, pero ya entré. El fuego me rodea. Las llamas lamen mis pies y suben por mis brazos. Agarro mi guitarra justo cuando una chispa se enciende frente a mí. ¡Pero la tengo!… Me quemé las piernas, pero mi guitarra está a salvo. Doy gracias a Dios.”

–¡Carajo! –dirá un parroquiano a otro allí. ¿Quién? hubiera pensado que dos tipos casi se estaban asesinando y todo por culpa de una chica como Lucille.

“Así que el pleito era por Lucille. Nunca la conocí, pero supe que ella trabajaba en el tugurio. Era una noche memorable y un nombre para recordarse, por lo cual bauticé allí mismo desde entonces a mi guitarra como Lucille, acaso nada más para tener en mente que no debería arriesgarme tan bobamente otra vez… Me agradó considerar a mi guitarra como una mujer… Con la sola excepción del acto sexual real con una mujer real, ninguna me proporciona tanto placer como mi Lucille.”

Vida de película

Festejando medio siglo desde que B.B. King firmó para ABC-Paramount Records en 1962, la disquera acaba de publicar Ladies & Gentelmen MR B.B.KING, (“Damas y caballeros, el señor B.B. King”) un paquete con diez discos digitalmente remasterizados para una caja retrospectiva de formato múltiple, cuya música de 194 piezas cubre las primeras grabaciones del Rey del Blues en 1949, y abarca sus discos más recientes.

Promocionada por Universal Music Enterprises en edición limitada, la bella caja de lujo cuesta 125 dólares. Incluye un libro de 72 páginas decorado con letras de plata, ensayos de Ashley Kahn y Dick Shuman, más imágenes del guitarrista tomadas a lo largo de su carrera. El paquete de diez discos digitales contiene además colaboraciones con grupos como U2, Los Rolling Stones, Bobby Blue Band, Eric Clapton, Elton John, Robert Cray, Etta James, Gary Moore, Bonnie Raitt y otros. Cuenta El Rey del Blues:

“ABC era una disquera grande y sentí preocupación de que me resultara impersonal. No fue así. Aparte, me agradaba su modo de vender la música negra. Acababan de contratar a Ray Charles, quien estaba en discos Atlantic… Fats Domino se estaba cambiando de Imperial a discos ABC y él influyó en mi decisión. Fats es muy realista. Me dio un buen consejo. ‘Necesitas una buena compañía que te distribuya bien, y no una disquera que archive tus discos’, me dijo. Además, me aconsejaba para mis actuaciones: ‘–Incluye aquellas piezas que sueles tocar –decía–, pero hay otras cosas a evitar como andar coqueteando a chamacas de quienes realmente no sabes nada.’ No acostumbro dejar que nadie me hable así; pero viniendo ese consejo de Fats, me lo grabé en el corazón.”

ABC era un mundo distinto, escribe B. B. King en sus memorias:

“Si con la disquera de los hermanos Biharis vendía 100 mil discos, era un éxito; en cambio, esa cifra de ventas era lo normal para ABC… Me agradó que se me permitiera mantener a Maxwell Davis como mi arreglista favorito. Ellos tenían a un buen productor llamado Sid Feller, quien comprendía nuestro estilo, e invitamos a grandes pianistas como Lloyd Glenn… Invirtieron dinero en las sesiones y contratamos a los mejores músicos. También hice mancuerna con un letrista, algo nuevo para mí, y con Fats Washington compuse ‘My Baby’s Comin’ Home’… Las ventas resultaron buenas, pero no espectaculares.”

Al transcurrir los años sesentas, otro género de la música negra lo congeló nuevamente, así como en los cincuentas el Rock’n’Roll lo había sacado de la jugada:

“Lo llamaron música soul… Para mí, la música soul es simplemente una prolongación del rhythm and blues: James Brown, Jackie Wilson y Salomon Burke son música soul. Esa música venía de Detroit. Cuando parecía que la ola inglesa con grupos como Los Beatles invadía la lista de éxitos en EU, fue el sonido soul de Motown quien creó un balance. Yo adoraba a Marvin Gaye… me gustaron Smokey Robinson y el pequeño Stevie Wonder y Martha Reeves & The Vandellas, todos ellos me gustaban… Ray Charles…Aretha Franklin, su voz me rompía el alma, fue coronada Reina del Soul dicen que reinó en aquella Era Dorada del Soul. Todo estaba bien para mí.

“No obstante, lo que detestaba era que me abuchearan en los conciertos. Eso me golpeó de un tajo. La mayoría de los críticos probablemente dirán que B. B. King tiene alma (soul significa alma); sin embargo B.B. King en verdad no formó parte del movimiento de la música soul. Desde luego que compartía escenarios con Marvin Gaye y Jackie Wilson o casi todos ellos en decenas de espectáculos a lo largo y ancho de los EU; pero yo era ‘el extranjero’ y un hombre del blues. Así como en los shows de Rock’n’Roll de los cincuentas yo había sido un forajido bluesista., me seguí sintiendo como una oveja entre las vacas…”

Tras establecer su trampolín artístico en Memphis, la gente de la estación radiofónica WDIA dejó llamarlo Riley B. King a comienzos de 1950.

“Todos los programadores y disc-jockeys tenían apodos, así que en la estación comenzaron a llamarme ‘el chico blusero de la calle Beale’, Beale Street Blues Boy . Eran tres letras ‘B’ y eso me atragantaba. Pronto reduje el alias a dos, quedando en Blues Boy…

“Me sentí a gusto grabando en Sun Studios, propiedad de Sam Phillips… A mediados de los cincuentas grabé allí con frecuencia, Sam operaba como ingeniero de grabación. Tiempo después, se mantuvo ocupado con Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Johnny Cash y Elvis Presley. Los veía a todos ellos, pero no tenían gran cosa que decir. No es nada personal, pero sentía cierto hielo de su parte conmigo. Elvis era diferente, amigable. Lo recuerdo en especial porque Elvis era guapo, tranquilo y muy decente, hablaba con acento sureño y siempre me decía ‘señor’, cosa que me gustaba. En esa época lo veía como cantante de country, me parecía buena su voz pero nunca imaginé que estaba listo para conquistar al mundo. Curioso que en aquel mismo cuarto de la disquera Sun ese bebé llamado Rock’n’Roll nacería…”

En 1966, B. B. King reveló su secreto para mantenerse en forma:

“La medicina de alta tecnología me ayudó a descubrir mi diabetes, enfermedad que atiendo cuidadosamente. Dejé de fumar hace 25 años aquellos cigarros mentolados Kool que me mataban y abandoné las bebidas alcohólicas hace nueve. Ahora, cuando agarro una Diet Coke hago de cuenta que es cerveza. Al cumplir 60 años de edad, me di cuenta que mi fuerza de voluntad no era tan fuerte como antes y decidí bajar de peso. Por primera vez en mi vida no lograba controlar mi apariencia física y cada año durante dos semanas me someto a chequeo y tratamiento en el Centro Pritkin para la Longevidad. Aprendí a comer adecuadamente y he reducido 20 kilos. Pero la lucha contra la barriga es un pleito que se prolonga hasta la eternidad…”

La estrella protagonista de La ballada de Riley B. King, culmina diciendo:

“Pienso en la música como si fueran ángeles, ya se trate de canciones pop, sinfonías o blues. La música ha sido mi ángel guardián. Cuando comenzaron a salir los equipos de sonido portátil, empecé a llevarme discos y cintas en el autobús y en el coche. Hallé energía y esperanza en la música de otra gente. Es la música lo que me mantiene activo.” (http://www.bbking.com/news/)

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