Una aventura extraordinaria

Escena de la película.
Escena de la película.

MÉXICO, D.F. (apro).-Érase una vez un escritor (Rafe Spall) que andaba en busca de una historia que, según le habían dicho, le haría creer en Dios. Y entonces encontró a Pi (primero Suraj Sharma, luego Irrfhan Khan), o bueno, más bien le dijeron que la historia de Pi funcionaría para tal menester.

Y de eso trata Una aventura extraordinaria (Lif of Pi, 2012) —dirigida magistralmente por Ang Lee, basada en la novela de Yann Martel—, una historia sobre la existencia de Dios; así de sencillo y al mismo tiempo así de complejo.

¿Pero quién es Pi? El susodicho es un indio católico, hinduista y un poco musulmán. Sí, tres religiones. Es un indio cuya búsqueda de Dios le llevó gran parte de su infancia y adolescencia, con un naufragio de por medio y un tigre de bengala como “compañero de desventuras”.

Pi narra su larga travesía que lo ayuda a encontrar a Dios, pero ojo no es una cinta de mensaje barato; la cinta directa y concisa, es rica en simbolismos, dudas y personajes complejos, más cercana al estilo narrativo de enseñanzas bíblicas, principalmente, a las parábolas contadas por Jesús.

El Dios de Pi, es un Dios colérico y a la vez misericordioso, un Dios complejo, capaz de crear visiones maravillosas y también las más terroríficas; es un Dios violento y otras veces, capaz de brindarnos momentos de enorme paz interior.

Ang Lee crea una atmósfera maravillosa, ayuda de la tercera dimensión (de lo mejor en 3D que se haya visto) y de paisajes mágicos, que refuerzan el sentido mítico de la historia, así como la belleza y poder de la naturaleza con su capacidad creadora y destructiva.

Una aventura extraordinaria no trata de catequizar, aunque por supuesto el personaje expone su historia convencido de la existencia de Dios, pero las respuestas que propone son liberadoras tanto para el creyente como para el ateo.
Una de las mejores películas de la última década.

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