Evitar incendios en los templos, tarea del Estado

El saldo del incendio en el templo de Santa Mónica en Puebla. Foto: Especial
El saldo del incendio en el templo de Santa Mónica en Puebla.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de que en las primeras horas del nuevo año se incendió el Templo de Santa Mónica de Puebla, el presidente municipal de esa ciudad, Eduardo Rivera Pérez, anunció un programa preventivo para regular el uso de veladoras y evitar accidentes en este tipo de inmuebles, a fin y proteger a la gente y al patrimonio histórico y artístico.

El funcionario municipal pidió la participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), aunque es responsable más directo de la conservación de ese patrimonio la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Se lee en su página web que “sus funciones son las de proteger, restaurar, conservar y catalogar los sitios y monumentos de propiedad federal (es el caso de los templos construidos entre el siglo XVI y principios del XX) de valor artístico e histórico”.

Según se establece en esa misma página, para cumplir con esa tarea la dirección debe “conocer en forma cuantitativa y cualitativa el patrimonio cultural para determinar su estado de conservación y las necesidades de intervención que posibiliten establecer jerarquías y prioridades e integrar programas de actuación, administración y control.”

Si se atiende a estas obligaciones, que son del Estado, no deja de sorprender que ocurriera un incendio en un templo que ha sido calificado como uno de los más importantes en Puebla. Los primeros reportes atribuyen el incidente a un “exceso de veladoras”, colocadas donde tradicionalmente lo hacían los feligreses, pero como era el inicio del año se pusieron veladoras de más. Y comienza a manejarse también la idea de que un cortocircuito.

Cualquiera de los dos casos da pie a diversas interrogantes sobre el cumplimiento de las funciones de la Dirección de Sitios y Monumentos pues para determinar el estado de conservación de los templos de propiedad federal, especialistas y trabajadores de la dependencia deben realizar visitas para hacer levantamientos arquitectónicos, de las instalaciones eléctricas, hidráulicas, fotográficos y demás, tendrían luego que hacer reportes, sobre la situación del inmueble tanto en su estructura como en su interior.

Otra cosa es también llevar el catálogo de las obras de arte (pinturas, esculturas, retablos, muebles e instrumentos del culto) que se encuentran en cada uno de los templos, igualmente con un reporte sobre su estado de conservación.

Pero la dependencia (que a lo largo de su historia pasó de pertenecer desde 1976 a la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas a la de Desarrollo Urbano y Ecología en 1982, y luego a la de Desarrollo Social en 1992 para pasar a la de Educación Pública en 1994 y, finalmente, en 1997 al Conaculta en donde permanece hasta la fecha) ha visto disminuidas sus posibilidades de atender los más de 20 mil inmuebles de carácter histórico que tiene a su cargo en todo el país.

Así lo denunció un grupo de trabajadores en el semanario Proceso en octubre pasado, cuando además de quejarse de malos tratos por parte de las autoridades, dijeron que se ha reducido considerablemente el personal pues de entre 900 u 800 que había quedan sólo 100, lo cual fue admitido por su director el arquitecto Raúl Delgado Lamas en su momento.

Con ello, dijeron, ya no pueden realizarse los levantamientos y la vigilancia sobre el estado de conservación. Señalaron que no se les otorgan recursos ni viáticos para ir al interior del país a visitar los templos y no se ha avanzado tampoco en la catalogación de los inmuebles y sus acervos.

¿Pudo ser posible que un reporte oportuno sobre la antigüedad y condiciones de la instalación eléctrica previniera el incendio? ¿Que una recomendación para evitar el uso de veladoras lo hiciera?

Hace más de una década, cuando el arquitecto Sergio Zaldívar Guerra, quien fue durante muchos años titular de la Dirección de Sitios y Monumentos, inició la restauración del templo de Santa Isabel Tepetzala, también de Puebla, un ejemplo del barroco popular que el especialista comparó con la Capilla del Rosario o Santa María Tonantzintla por su belleza, advirtió que algunos incendios podrían evitarse renovando las instalaciones eléctricas.

Habló también de la posibilidad de evitar el uso de las tradicionales veladoras de flama (ya algunas con mecanismos que simulan la llama), pues además de que el humo que desprenden daña las obras de arte, al dejarles una capa de hollín, el riesgo mayor es siempre que las obras cercanas se incendien y el fuego se extienda por todo el templo.

Santa Isabel Tepetzala se incendió en 1977 y en los años noventa del siglo pasado la comunidad se organizó para restaurar con sus propios recursos el retablo, los lienzos, las esculturas y las paredes, columnas y techos, decorados con lazos de estuco cubiertos con hoja de oro de 24 quilates. Se decidió conservar un pequeño recuadro sin restaurar como memoria del fatídico suceso para evitar que ocurra nuevamente.

En diciembre de 2008 la iglesia San Juan Bosco de la ciudad de Monterrey también se quemó, el fuego consumió el altar, un mural, un cristo de madera y bronce, mosaicos venecianos y parte de los muros del inmueble. Las causas se atribuyeron también, según algunos medios, a un cortocircuito.

El incendio de Santa Mónica en Puebla dañó una pintura de la Virgen María y la sexta estación del Viacrucis, además una parte del nicho tallado en madera de la efigie del Señor de Las Maravilla, la cual está intacta. El funcionario municipal le atribuyó un valor dentro del catolicismo, pero también “turístico” pues es muy visitado y se comprometió a colaborar en la restauración del templo.

Más allá de esos valores, todos esos bienes forman parte del patrimonio cultural de la nación. Y no se trata, como reza el refrán, que una vez ahogado el niño se tape el pozo. Es decir que ahora se convoque a un programa preventivo para la ciudad o el estado de Puebla, se trata de que las instituciones responsables de la conservación y el cuidado de ese patrimonio cumplan con los objetivos para los cuales fueron creadas. Va de por medio la vida de la gente y un acervo de incalculable valor.

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