La historia de un periodista transexual obsesionado con la política

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Glenda Prado Cabrera, aspirante a política.
Foto: Joel Barrera / LadoB

MÉXICO, D.F. (apro).- En junio de 1997, Mario Alonso Prado decidió hacer pública una certeza que lo aprisionaba en su interior: sacar a flote su lado femenino.

Fue así como un día decidió salir a la calle vestido de mujer, pero no pasó mucho tiempo cuando la policía lo detuvo y lo humilló. El escándalo le salió caro, porque perdió hasta su empleo.

En aquel entonces Mario trabajaba como reportero en el diario regiomontano ABC.

Deprimido, intentó quitarse la vida después de siete meses de haber sido despedido del periódico y por no encontrar trabajo como periodista.

Años después, en 2008, publicó en el periódico La Rocka una autobiografía y habló de su frustrado suicidio:

“…El gas invade poco a poco la cocina, acostado en el piso se apodera de mí un sueño cada vez más pesado… Siento que ya no tengo nada que perder, lo he perdido todo, trabajo, novia, estudios, el futuro servido en bandeja de plata; un jale seguro en el ABC… Apenas puedo respirar, un pensamiento me despierta: ¡Si te vences vivirás arrepentido toda la eternidad viendo pasar ante tus ojos la existencia que rechazaste… Vendrán tiempos muy duros, pero la decisión está tomada; viviré… ”.
Y así lo hizo. Se aferró a la vida.

Antes, en 1988, aún siendo hombre, inició su activismo político y participó en las manifestaciones de protesta contra el fraude cometido a Cuauhtémoc Cárdenas.

Su lado femenino aparecía de vez en cuando, hasta que en 1998 decidió cortar por lo sano: dejó de existir Mario Alonso Prado y nació Glenda, bautizada así un día que andaba en la carretera rumbo a Guadalupe, con un grupo de travestis y homosexuales que se prostituían.

Esa transformación no le impidió continuar con su activismo político.

En 2003, Glenda Prado Cabrera buscó su primer puesto público al contender por una diputación local por el partido México Posible en Monterrey, Nuevo León, donde consiguió 300 votos.

Un par de años después, en 2005, formó el Colectivo “La Libélula”, una agrupación en defensa de los derechos humanos de la comunidad gay y transexual en el estado de Nuevo León.

En 2006 se convirtió en la primera mujer transgénero en trabajar en un medio de comunicación en esa entidad, el semanario Ecos de Monterrey.

Ya conocida y con cierto cartel político, en ese mismo año Glenda buscó de nueva cuenta llegar a la Cámara de Diputados, ahora cobijada bajo las siglas del partido Nueva Alianza. No logró su objetivo, pero cosechó más votos que en su primera incursión política al sumar 11 mil votos en la ciudad de Guadalupe.

En ese entonces, la transgénero se ganó el respeto de sus contrincantes y rompió con el paradigma de que sólo mujeres y hombres pueden contender por puestos de elección popular.

Tres años después, en 2009, la licenciada en Letras, Historia y Periodismo por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) hizo un tercer intento por llegar al Congreso, con la bandera del Partido Social Demócrata (PSD) por el VIII Distrito de Nuevo León, pero fracasó al conseguir sólo 900 votos.
Sin embargo, se hizo escuchar: se quejó de que a los homosexuales, transexuales y bisexuales los consideren “seres marginales, personas raras y extrañas que están pugnando por causas perdidas”.

A la par de sus actividades políticas, la activista ha participado en las marchas del orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT) y ha sido ponente en encuentros de escritores LGBT en Guadalajara, Distrito Federal y Xalapa.

En marzo de 2009, Glenda representó al Instituto de las Mujeres de Nuevo León en el XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en la Ciudad de México.

Hija de Irene Cabrera y Abundio Prado Castillo –él, un ferrocarrilero, dominante, ella, una mujer sumisa, que gustaba de cantar y pintar–, Glenda decidió abandonar su natal Monterrey y mudarse a la vecina ciudad de Saltillo, Coahuila, a finales de 2009, tras la muerte de su progenitora.

A sus 43 años y a pesar de sus anteriores descalabros políticos, la transgénero mantiene firmes sus aspiraciones de alcanzar un cargo público.

De hecho, anticipa que en la próxima elección buscará contender por la alcaldía de Saltillo como candidata independiente, sabedora de los problemas que deberá enfrentar por su condición de transexual.

En entrevista con el diario Zócalo de Coahuila, la activista aseguró que ya tiene lista la papelería que presentará ante las autoridades electorales de ese estado.

Además, mencionó que ya cuenta con la planilla de miembros de la sociedad civil, activistas sociales y miembros de la comunidad lésbico-gay y transexual de Saltillo que la acompañarán en campaña.

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