“Django sin cadenas”, el arte de la violencia

Imagen de la película.
Imagen de la película.

MÉXICO, D.F. (apro).- Las tragedias recientes relacionadas con armas de fuego en Estados Unidos, ensuciaron el estreno de la nueva cinta de Quentin Tarantino, Django sin cadenas (Django Unchained, EU-2012) que, como todas las cintas del cineasta, se encuentra cargada de violencia.

Los medios en Estados Unidos han estado merodeando el trabajo de Tarantino con cierta mirada inquisitoria: ¿Existe relación con el contenido violento de las películas de Tarantino, así como con muchas otras cintas hollywoodenses, con el reciente tiroteo en una escuela donde murieron cerca de 20 menores de edad?

Lo que vemos en Django sin cadenas no es cualquier tipo de violencia, es una violencia que ha sido trabajada hasta alcanzar niveles artísticos, al menos, antes de los tiroteos en Estados Unidos.

Esta cinta narra la historia de un esclavo negro Django (Jamie Foxx) que es liberado por un cazare compensas alemán, el doctor Schultz (Christoph Waltz).

Schultz necesita que Django ubique a dos sujetos buscados por la justicia que trabajaron en la plantación a la que algún vez perteneció Django y la esposa de éste.

Django conoce a los sujetos en cuestión, y no sólo eso, también tiene cuentas pendientes con ellos.

Ambos hacen un trato y la cosa funciona de maravilla, de tal manera que Django y Schultz terminan forman una sociedad funcional que va más allá de los negocios.

Schultz se adhiere a la causa de Django: Lo ayudará a recuperar a su mujer, Broomhilda (Kerry Washington), quien resulta estar en casa de un poderoso terrateniente, Calvin Candie (Leonardo Di Caprio), quien tiene como amo de llaves a un esclavo negro malicioso de nombre Stephen (Samuel L. Jackson).

En Django sin cadenas todo se resume en venganza, pero también, es la búsqueda de un tesoro perdido. Y es que resulta que Django ha sido separado de su esposa. Ambos fueron vendidos a amos diferentes a consecuencia del comportamiento rebelde de ambos.

Seamos honestos: Nuestra mayor motivación en las cintas de Tarantino es la violencia. Y como había mencionado anteriormente no es cualquier tipo de violencia, es una violencia muy bien trabajada, que emerge de personajes bien delineados, algunos más complejos que otros, quienes por circunstancias particulares terminan exorcizando sus demonios a través de una pistola o un sable.

Violencia que debe ser vista como una sublimación de nuestras frustraciones más que como un instrumento de inspiración para cometer crímenes violentos. Por supuesto, no todos los productos culturales violentos son de esta naturaleza, pero al menos Tarantino merece quedar fuera de esas discusiones simplistas.

Si algo peca Django sin cadenas es que a lo mejor es final es demasiado abrupto y no nos da tiempo para saborear el arco del personaje principal.

Gran película de Tarantino, quizá no la mejor.

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