El derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad

Asume Obama segundo periodo presidencial. Foto: Xinhua / Gabriel B. Tait
Asume Obama segundo periodo presidencial.
Foto: Xinhua / Gabriel B. Tait

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La conquista de un segundo periodo presidencial para Barack Obama llenó de satisfacción a muchos. No estaban equivocados. El discurso pronunciado en su toma de posesión demuestra hasta dónde el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos también representa las mejores tradiciones de la democracia americana. En momentos en que tales tradiciones se encuentran bajo el asedio de sectores ultraconservadores –encabezados por movimientos como el Tea Party o los Minute Men que salen a cazar indocumentados– Obama retomó los valores de los llamados “padres fundadores”.

Hace más de 200 años aquéllos pusieron en los documentos fundacionales de los Estados Unidos “que todos los hombres son creados como iguales, que reciben del Creador ciertos derechos inalienables y que entre estos están los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”. Estableciendo un puente con el presente, Obama recordó que esos valores son “evidentes” pero nunca se “han realizado por sí mismos”. A lo largo de la historia de Estados Unidos se ha requerido de la acción colectiva para preservarlos.

Ese fue el punto de partida para un discurso cuyo eje central fue el llamado a la acción a favor de la igualdad y la justicia social. Una pieza oratoria brillantemente escrita situó a Obama en la vertiente más progresista del espectro político estadunidense. De esa manera inicia el segundo periodo con un compromiso más fuerte que en el pasado con las medidas que permitan “a los trabajadores honestos recibir un salario que pueda sacar a sus familias del sufrimiento, en el que una niña, nacida en la más sombría pobreza, sepa que tiene las mismas oportunidades que cualquiera… en que encontremos una mejor forma de acoger a los esforzados y esperanzados inmigrantes que todavía ven América como la tierra de las oportunidades”.

El discurso casi no abordo temas de política exterior, sin embargo su corta referencia fue muy esperanzadora al pronunciarse por la búsqueda de la paz. En efecto, enfatizó su compromiso de resolver las disputas internacionales de manera pacífica “porque creemos que el entendimiento puede eliminar de forma más duradera las sospechas y los miedos”.

De otra parte fue notorio su compromiso –el cual no había sido asumido durante la campaña electoral– con la lucha contra el cambio climático. “Algunos pueden todavía negar el contundente juicio de la ciencia, pero nadie puede evitar el devastador impacto de los incendios masivos, las monstruosas sequías y las tormentas más poderosas”. Por ello advirtió que “el camino hacia las fuentes de energía sostenibles será largo” pero, añadió, “Estados Unidos tiene que estar al frente”.

Cabe señalar que no es trivial haber insistido en la igualdad y la justicia social cuando la evolución que siguen los principales países industrializados de occidente, incluido Estados Unidos, va exactamente en la dirección opuesta. La crisis económica ha acelerado la concentración de la riqueza en unos cuantos, ha golpeado duramente a las clases medias y ha ensanchado el número de aquellos que se encuentran en situación de pobreza.

Estados Unidos es el país rico que tiene un porcentaje más alto de su población en situación de pobreza. Se calcula una cifra de 46 millones, que lejos de reducirse ha crecido durante los últimos años. Asimismo la clase media, ese amplio sector en el que mejor se expresaban los ideales del “sueño americano”, ha visto evaporarse sus buenos niveles de bienestar. Sus ingresos han disminuido y sus expectativas se han limitado. El encarecimiento de la educación superior, por ejemplo, es uno de los factores que mayormente golpea a quienes ahora tienen que ahorrar durante años para poder mandar a su hijo a la universidad.

Tiene toda la razón Obama cuando señala en su discurso que un país igualitario no puede triunfar “cuando a muy pocos les va muy bien mientras que a una mayoría cada vez más amplia le va cada vez peor”. Es alentador que se pronuncie contra ese estado de cosas. El problema no son las palabras, aunque estas valen para fijar posiciones, sino la posibilidad real que tendrá de revertir el proceso hacia la desigualdad, que es la nota distintiva de las tendencias económicas de los últimos años.

Obama se encuentra en una posición mejor que en el primer periodo. Cierto que el desempleo se ha detenido y la economía ha comenzado a crecer, pero los niveles de deuda pública son demasiado elevados y los presupuestos, con todas sus consecuencias para los grupos vulnerables, tendrán que ser austeros. La oposición republicana que domina la Cámara de Representantes no da visos de ceder en su voluntad de reducir la acción gubernamental.

Los enfrentamientos que se darán en torno a la reforma migratoria serán un botón de muestra de los problemas que vienen. Los republicanos están dispuestos a considerar posiciones menos duras que en el pasado (necesitan del voto latino). Pero esto no significa que dejen de ser muy selectivos en el tipo de inmigrantes que desean legalizar ni que sean muy terminantes por lo que toca a fortalecer la frontera para evitar que lleguen más indocumentados.

La batalla para acercarse a la igualdad de oportunidades que está en el corazón mismo de los instrumentos fundacionales de la Unión Americana será muy ardua. Esperar que dicha igualdad será efectiva para los esforzados y esperanzados inmigrantes es quizá ilusorio. Ya es algo, sin embargo, que Obama haya demarcado claramente el espacio ideológico en que se encuentra. Veremos si durante los próximos cuatro años puede recuperar la esperanza en el derecho de todos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Comentar este artículo