La explosión en Pemex: no les creemos…

Remoción de escombros en la Torre de Pemex. Foto: Eduardo Miranda
Remoción de escombros en la Torre de Pemex.
Foto: Eduardo Miranda

Al sentir generalizado en un segmento importante de la sociedad mexicana, incluyendo a la comunidad científica,  no les convence la versión oficial de la PGR en torno a las causas de la explosión del pasado 31 de enero en el complejo administrativo de Pemex. Especialistas consultados por Proceso sostienen que una acumulación de gas metano capaz de explotar de esa manera no se puede dar sino en sitios herméticos; afirman que antes de estallar, el metano habría intoxicado a las personas que estaban cerca de la supuesta concentración. Incrédulos y con argumentaciones científicas, apuntan que pudo haber sido provocada, o por un atentado o por un sabotaje.  

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para integrantes de la comunidad científica de México es inverosímil la versión de la Procuraduría General de la República (PGR) de que la explosión en el edificio B-2 del Complejo Administrativo de Pemex fue causada por concentración de gas metano. Más aún, tras analizar la información emitida por las autoridades, peritos consultados por Proceso consideran que el estallido del 31 de enero fue producto de un sabotaje o un atentado.

La noche del lunes 4, en conferencia de prensa,  el aparato gubernamental encabezado por el procurador Jesús Murillo Karam informó que la explosión que afectó al edificio B-2 –con un saldo de 37 personas muertas y más de 100 heridas– fue producto de una concentración de gas natural que detonó a raíz de una chispa producida por los tres trabajadores que daban mantenimiento a los pilotes del complejo.

Esta versión fue sostenida por peritos españoles, estadunidenses, de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional –expertos en explosivos y en estructuras colapsadas– que fueron llamados por el gobierno mexicano para que determinaran el origen de la explosión, en coadyuvancia con los expertos de la Secretaría de la Defensa, la Marina y la PGR.

El jueves 7, en una conferencia de prensa ofrecida en el auditorio 18 de Marzo de las oficinas centrales de Pemex, el perito Brian Dunagan, vicepresidente de Integridad Operacional Global de la empresa británica SGS, entró en una serie de contradicciones al tratar de confirmar la versión: “La razón por la que están seguros de que fue gas metano es porque en este momento no hay una forma específica de diferenciar sobre el gas metano, no saben exactamente de dónde salió; es lo que están investigando porque pudo haber sido una acumulación”.

Explicó que investigan “qué otro tipo de gas pudiera haber estado ahí y que hubiera penetrado de manera muy lenta. Va a tomar un largo tiempo poder eliminar todo tipo de gases para saber con seguridad qué gas fue”.

Según Dunagan, para considerar que existe una concentración de metano es necesario encontrarlo en un nivel por arriba de 10%. Si hay mucho metano en el aire no hay suficiente oxígeno para causar una explosión. También indicó que una explosión ocasionada por metano no deja residuos, es una explosión “limpia”. En este caso la explosión fue pequeña, por el bajo contenido de metano. “Por lo que no hubo fuego es porque la concentración de metano era muy poca y por eso se apagó rápidamente.

“Es poco común que se vea una acumulación de gas metano en un edificio tan grande. Fue un accidente desafortunado”, consideró el experto, quien tiene una maestría en administración de negocios por la Universidad de Texas en Austin.

En la conferencia de prensa también participó Mauricio Chequer, director industrial en México de la misma firma, quien expuso que como parte del análisis causa-raíz se investigan tres probables fuentes de la filtración del metano: El suelo, la red hidrosanitaria o un ducto de gas natural que está fuera de operación desde hace tiempo.

A su vez, un experto en física con reconocimiento internacional, quien pide el anonimato para salvaguardar su situación laboral, declara a Proceso: “No fue por gas, porque éste se incendia inmediatamente y todo lo inflamable se quema. Por el contrario, si fue un estallido provocado por explosivos, normalmente se crea una gran cantidad de aire en expansión que destruye las cosas por la presión, pero no las quema. No soy perito en explosivos pero creo que si no se quemó nada, o lo que se quemó fue muy poco, realmente fueron explosivos y no gases”.

Recuerda el final del sexenio de López Portillo, cuando presuntamente explotaron las computadoras de Pemex: “En 40 años que tengo de trabajar con computadoras no he visto que una explote. Estaban interesados en destruir algo, pero nunca supimos qué y por qué. Lo seguro es que el objetivo fue borrar archivos”.

–¿Carece de credibilidad la versión de la Procuraduría?

–El metano es el gas natural de los pantanos; se da por la descomposición en la tierra o por la desintegración de la basura. Es el más ligero de todos los hidrocarburos de Pemex, el más débil; tiene muy poca energía por volumen y no creo que sea capaz de causar destrozos en un edificio de concreto. Es difícil de creer.

Se le menciona que en su conferencia de lunes 4 Murillo Karam mostró fotografías de tres cuerpos quemados que correspondían a los tres empleados de la empresa Copicosa –contratista de Pemex–, quienes desde las 8:00 de la mañana estaban en el presunto punto de inicio de la explosión dando mantenimiento a los pilotes del edificio.

De acuerdo con la declaración ministerial de quien estaba a cargo de los tres trabajadores, ellos salieron a comer a las 14:00 y regresaron 30 minutos antes de la explosión. Narra que dejó a sus compañeros trabajando en las celdas de los pilotes y se dirigió al sótano. Para ello salió por una escotilla, caminó 16 metros y al dar vuelta a la izquierda –donde está el tablero de los controladores eléctricos– escuchó un silbido seguido de una onda expansiva que lo azotó contra la pared. Quedó en la oscuridad, aturdido, y arrastrándose y a tientas llegó a las escaleras que dan a la planta baja y pudo salir.

“Metano no fue. Para causar quemaduras el metano debe estar en combustión y en contacto con la piel. La piel genera ampollas sólo por la exposición al calor por tiempo prolongado y en una explosión de metano generalmente no se presentan ampollas o quemaduras, simplemente los avienta. Dura tan poco el contacto que no quema ni siquiera la ropa. Lo único que debió quemarles a los señores fueron las pestañas”, afirma.

–A uno de ellos se le incrustó el cable de la extensión eléctrica con el que estaba trabajando –se le señala.

–Para que se incrusten cosas a un individuo definitivamente fue una explosión, pero no necesariamente de gas metano. Fueron explosivos. Habrá que ver qué pretenden las autoridades al difundir esa versión.

(Fragmento del reportaje principal que se publica en Proceso 1893, ya en circulación)

 

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