Escultura Monumental Mexica, libro de Matos y López Luján

La portada del libro.
La portada del libro.

MÉXICO, D.F. (apro).- Al tiempo que se conmemora el 35 aniversario del hallazgo del enorme monolito de la Coyolxauhqui –ocurrido accidentalmente el 21 de febrero de 1978 en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y dio origen al Proyecto Templo Mayor–, comienza a circular el libro Escultura Monumental Mexica, de los arqueólogos Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján.

De la misma manera fortuita se encontraron en 1790, en la ahora llamada Plaza de la Constitución, la tan temida por los españoles diosa Coatlicue y la Piedra del Sol, también conocida popularmente como el Calendario Azteca. En octubre próximo se cumplirán, asimismo, seis años del descubrimiento de otra colosal diosa, Tlaltecuhtli, oculta por cinco siglos en el predio que ocupó la Casa de las Ajaracas, en la esquina de Guatemala y Argentina.

Estas grandes esculturas, junto con la Piedra de Tizoc y la Piedra del Antiguo Arzobispado, son el centro del bella y profusamente ilustrado libro de 467 páginas, coeditado por la Fundación Conmemoraciones (creada en el marco del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana), el Fondo de Cultura Económica (FCE) y Fundlocal.

En él, los arqueólogos, que en distintas épocas coordinaron el Proyecto Templo Mayor, se propusieron dejar constancia escrita y gráfica de estos monumentos que –explican en la introducción– tienen varios rasgos en común:

“Todos son obras del mismo pueblo, el mexica. Todos pertenecen a la producción escultórica mayor del llamado periodo imperial, es decir, son piezas de grandes dimensiones que fueron talladas en rocas volcánicas dentro de un lapso que no supera los cincuenta años entre la más temprana y la más tardía. Todos, además, fueron descubiertos en lo que fue el corazón de la antigua Tenochtitlán, ya en el interior de su recinto ceremonial, ya en la plaza del mercado principal, hoy ocupada por el Zócalo de la Ciudad de México.”

Su estudio parte de presentar el contexto histórico y social en que los monolitos fueron creados, luego se habla de las peculiaridades del arte escultórico mexica “para que el lector pueda tener una visión global de su mundo creativo”, se busca también desentrañar los mitos, la cosmovisión y los deseos que motivaron la intención de perpetuar en la piedra sus propias acciones y luego se atiende en forma pormenorizada cada una de las esculturas.

La publicación se divide en seis capítulos, en el I. “La sociedad mexica”, Matos Moctezuma cuenta la historia de Tenochtitlán, fundada el 13 de abril de 1325, según los sacerdotes mexicas que adaptaron el hecho a un eclipse solar ocurrido en esa fecha. Habla también del origen del pueblo “azteca”, “mexica” o “tenochca” y explica el porqué de esas denominaciones. Desde luego habla de sus dioses, opuestos como el Sol y la Luna, y de sus gobernantes.

En el capítulo II. “El arte escultórico de los mexicas y sus vecinos”, de López Luján y Marie-France Fauvet-Berthelot, se habla del encuentro de los españoles con una civilización en que daba tanta o más importancia a las imágenes religiosas que en el Viejo Continente. Relatan los autores, por ejemplo, que luego de una guerra en la cual vencieran, los mexicas arrebataban sus dioses a sus adversarios, no para destruirlos e imponer los suyos, como hacían los españoles, sino para despojar a los vencidos de sus fuerzas divinas.

Llevaban a cuestas las esculturas para colocarlas al Coateocalli, donde se exhibían junto a las de las demás naciones sometidas por el imperio. Y, agregan, que incluso los mexicas y sus vecinos hicieron grandes excavaciones en las ruinas de Teotihuacán y Tula para “recuperar imágenes que ellos suponían obra de dioses, gigantes o pueblos míticos”.

Enseguida viene un capítulo para cada piedra, el III y VII para La Coatlicue y La Tlaltecuhtli, respectivamente, realizados por López Luján. Los siguientes son IV. La Piedra del Sol o Calendario Azteca, V. La Piedra de Tizoc y la del Antiguo Arzobispado, y VI. La Coyolxauhqui, escritos por Matos Moctezuma.

El libro está ilustrado con fotografías de las seis esculturas referidas, además de otras de diferentes culturas, tanto antiguas como del presente, imágenes de códices, planos de la antigua Ciudad de México, documentos y obras de arte.

Las presentaciones iniciales están a cargo de Alejandro Encinas y Ana Lilia Cepeda, que fueron jefe de gobierno de la ciudad y directora del Fideicomiso del Centro Histórico, respectivamente, cuando se descubrió la Tlaltecuhtli.

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