“La noche más oscura”

Imagen de la película.
Imagen de la película.

MÉXICO, D.F. (apro).- En La noche más oscura (Zero Dark Thirty, EU-2012), Kathryn Bigelow se sumerge en las entrañas de la guerra contra el terrorismo y en la mente de una aguerrida agente de inteligencia dispuesta a dejar parte de su vida, con tal de encontrar la ubicación de Bin Laden.

Al igual que lo hiciera con Zona de miedo (The Hurt Locker, EU-2008), Bigelow narra esta historia a ritmo lento y por momentos desesperante –un retrato del estado mental por el que atraviesan los protagonistas–, que nos guiará a un trepidante final en donde nadie saldrá emocionalmente ileso.

Recién “salida del horno” la agente Maya (Jessica Chastain) se incorpora al equipo encargado de monitorear las actividades de Al Qaeda y con ellas, la ubicación de Bin Laden.

El camino de Maya es largo y sinuoso, amigos van y vienen, y con el tiempo, la senda de Maya se vuelve dolorosa; pasa el tiempo y las pistas parecen llevar a ningún lado: los terroristas capturados son huesos duros de roer, la tortura es el pan nuestro de cada día pero nunca es algo cotidiano, nunca es atroz.

Al ver La noche más oscura es inevitable pensar sobre cuestiones morales relacionadas con la tortura, pero el punto de vista de la protagonista se impone a través de la empatía y es entonces que aceptamos la convención de que “en la guerra todo se vale”, en la guerra no hay buenos y malos, tan sólo seres humanos luchando por hacer su mejor papel para vencer al enemigo con lo monstruoso que eso sea.

La noche más oscura posee ese halo de patriotismo que a muchos puede caer mal, pero la cinta no es una crítica al sistema, como Zona de miedo, Bigelow aborda la psique del guerrero y lo lleva a un plano distinto del resto de los mortales: el guerrero es incapaz de vivir una vida normal pues su mundo no es ese mundo regido por el contrato social.

Si le gustó Zona de miedo, debe ver La noche más oscura, si por el contrario aquella le pareció lenta y aburrida, ésta no es una opción.

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