España-Venezuela: Más allá del “¡Por qué no te callas!”

Zapatero, el rey Juan Carlos y Chávez. Encontronazo. Foto: AP
Zapatero, el rey Juan Carlos y Chávez. Encontronazo.
Foto: AP

MADRID (apro).- Las relaciones entre los gobiernos de España y el del recién fallecido presidente Hugo Chávez vivieron permanentes tropiezos, incluso momentos de mucha tensión, como el desencuentro con el Rey Juan Carlos, cuando éste le espetó el famoso “¡Por qué no te callas!”, durante la Cumbre Iberoamericana de Chile, en noviembre de 2007.

Esas tensiones se trasladaron continuamente del terreno diplomático al de las inversiones de los consorcios españoles en Venezuela, que contradictoriamente crecieron durante los mandatos de Chávez hasta 6.6 mil millones de euros, 900% más que los mil 150 millones invertidos en 2001, según el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo español.

Aparte de este terreno altamente sensible para España, hubo otros desencuentros cuando, ante la ofensiva de España y Francia para disminuir a la organización vasca ETA, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero señaló que Venezuela cobijaba a importantes miembros de la organización independentista, incluso, en cargos públicos.

La Audiencia Nacional documentó en procesos judiciales abiertos la presunta participación de miembros del chavismo en los acuerdos para que la banda armada y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) compartieran entrenamiento en suelo venezolano.

Y los litigios con los medios de comunicación españoles no fueron menos. Recientemente, durante el proceso de agravamiento de salud del mandatario venezolano, la fotografía de un supuesto Hugo Chávez entubado sobre una cama de hospital que publicó el diario El País provocó una respuesta furiosa de Venezuela, que la calificó de “tan grotesca como falsa” y anunció medidas judiciales contra el matutino español. La dirección del diario retiró la imagen de su web y de su edición impresa y ofreció una disculpa pública por el error.

El diario español ABC también publicó diversas informaciones, manteniendo sus fuentes en el anonimato, sobre el empeoramiento de salud de Chávez, como sucedió en enero, cuando aseguró que había entrado en un coma inducido.

Luego de la muerte de Chávez, este diario afirmó que el presidente venezolano murió en La Habana, Cuba, siete horas antes del anuncio oficial y que su cuerpo fue transportado en secreto a Caracas.

El viernes 8 dio a conocer, citando a fuentes militares, que el ataúd llevado durante el largo cortejo fúnebre por las calles de Caracas, el miércoles 6, iba vacío, e insistió en su versión sobre que Chávez murió en Cuba y fue transportado al aeropuerto venezolano La Carlota y de ahí al sótano de la Academia Militar, en el complejo militar Fuerte Tuina, instalaciones donde después fue presentado el cuerpo para las guardias de honor.

España y el golpe de Estado

El malestar del gobierno de Hugo Chávez contra España se centró en el expresidente español José María Aznar por el supuesto apoyo que brindó al golpe de Estado contra el gobierno venezolano en 2002.

En mayo de 2009, en tono provocador, Aznar dijo durante una conferencia en Perú que era un “disparate” que lo implicaran en el golpe de Estado contra Chávez, pero que “si hubiese estado detrás de eso, igual hubiese ganado” el golpista Pedro Carmona.

Aunque Venezuela apuntó hacia esa idea, la información más contundente surgió de España. En noviembre de 2004, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del gobierno socialista, Miguel Ángel Moratinos, acusó a Aznar de haber otorgado su apoyo al golpe, durante una entrevista en la televisión pública española, en la que sentenció que eso “no se va a repetir en el futuro”.

El 2 de diciembre de 2004 Moratinos corroboró sus dichos ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso español, aportando documentación en los que se confirmaba las instrucciones que recibió el embajador español en Caracas, Manuel Viturro de la Torre, “para legitimar el golpe de Estado de la junta cívico-militar”.

Bajo esta premisa es que, durante la cumbre Iberoamericana de 2007, cuando Rodríguez Zapatero estaba en el uso de la palabra y Hugo Chávez le interrumpió reiteradamente refiriéndose a Aznar como “fascista”, provocó el malestar del mandatario español y la reacción airada del rey Juan Carlos, quien le lanzó a Chávez el famoso “¡Por qué no te callas!”

Pero el tema tiene más fondo. El diputado Gaspar Llamazares, entonces coordinador del grupo de Izquierda Unida (IU), dijo durante un desayuno organizado por periodistas parlamentarios que su bancada contaba con más correspondencia del embajador Viturro donde anunciaba un encuentro previo con el golpista Pedro Carmona.

Según esa comunicación enviada por la legación en Caracas al Ministerio de Exteriores, anunciaba que había hecho una visita conjunta con su contraparte estadunidense Charles S. Schapiro a Carmona. Que fueron frecuentes los encuentros entre ambos embajadores previos al golpe y emitieron una comunicación conjunta en la que llamaban a la “normalización democrática plena” sin condenar a los alcistas.

La afirmación de Llamazares se basaba en un informe que desde 2002 coordinó el asesor parlamentario José Manuel Fernández, que tituló Golpismo de España y EU en Venezuela. ¡Qué olor a hamburguesa, jabugo y petróleo!, en el que además afirma que los embajadores Viturro de la Torre y Schapiro mantuvieron reuniones con Pedro Carmona “después de que éste disolviera la Asamblea y las principales instituciones del país”.

Asimismo, el informe sostiene que “Aznar mantuvo el 12 de abril –día del golpe— una conversación telefónica con Pedro Carmona, poniéndose a su disposición, y –según afirma el propio Aznar— solicitándole la vuelta a la institucionalidad democrática en el período más breve posible. Pero nunca condenó el golpe de Estado”.

Peor aún, recuerda que Aznar, anteponiendo esa inclinación política cercana a los golpistas, desde la presidencia española de turno en la Unión Europea emitió una declaración oficial en la que “manifiesta su confianza en el gobierno de transición en cuanto al respeto de los valores e instituciones democráticos, con el fin de superar la crisis actual”.

En otra parte del informe se rescatan extractos de un artículo publicado por el portavoz del PP en la Comisión de Asuntos Exteriores, Gustavo de Arístegui, en el que afirmaba que “(…) El gobierno español hizo lo que debía, tratar de encauzar los desmanes del presidente de un país (Venezuela) clave en la región y para nuestros intereses económicos y consulares. Lo irresponsable hubiera sido no intentarlo”.

Contacto en España

El informe de IU documenta que los primeros días de abril de 2002, en vísperas del golpe, “Pedro Carmona viajó a Madrid para atender un programa de reuniones con la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), en su calidad de presidente de la patronal venezolana (Fedecámaras)”. Pero debió cancelar la reunión que tenía con el entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué, “para regresar a Caracas y ponerse al frente del golpe”.

Izquierda Unida identifica a Carmona como una persona vinculada al Opus Dei, al igual que muchos de los implicados en el golpe, como José Rodríguez Iturbe, amigo cercano de Aznar y ministro de Exteriores de Carmona.

Añade: “Carmona estaba tan seguro de su futuro inmediato, que se tomó medidas y encargó en una sastrería de efectos militares en Madrid la banda presidencial que se llevó en la maleta para lucirla en su jura el 12 de abril a las 17:25 horas en el salón Ayacucho del Palacio Miraflores”.

El informe afirma que personal del Centro Nacional de Inteligencia español (CNI) asesoró a los golpistas, incluso refiere un encuentro que personal de ese centro mantuvo con Pedro Carmona en su visita a Madrid. Según el documento, el embajador de España, como jefe de misión, tiene obligación de conocer los informes de “la antena del CNI en Caracas, muy activa en los días que precedieron al golpe”.

También identifica otra pieza clave en la trama, al exembajador de Venezuela en Madrid, el general Raúl Salazar como el “coordinador internacional” del golpe y quien dice es identificado como “hombre de Washington”.

Al referirse a la conexión empresarial, el informe señala que fuentes de la CEOE, la patronal española, dijeron en esas fechas a Europa Press que “acogemos su nombramiento (de Carmona) con agrado”.

Además, sostiene que en aquel momento el hoy destituido juez Baltasar Garzón investigaba contribuciones financieras a determinados candidatos en la campaña electoral venezolana de 1998, presuntamente realizadas por el BBVA, cuya filial en ese país es el Banco Provincial de Venezuela.

Luego de que Chávez retomó el control al expulsar a los golpistas, dice IU, el embajador español reunió en la sede diplomática al personal de alto rango para dejar en claro la estrategia a seguir en adelante: “Insistir por todos los medios la necesidad de que Chávez convoque a un referéndum para modificar la Constitución y adelantar las elecciones. Exactamente el mismo mensaje lanzado por Schapiro a los periodistas angloparlantes acreditados en Venezuela”.

Es ampliamente conocido el acercamiento y sintonía que el gobierno de Aznar tuvo con su similar estadunidense George W. Bush, que los llevó a la guerra en Irak y, según estas afirmaciones, a tener una participación en Venezuela.

Por su parte, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el think thank del PP que preside Aznar, ha emitido diversos ensayos en los que hace fuertes críticas al gobierno de Chávez y contra el de Zapatero, a éste último por tener “como aliados a los ‘buenos revolucionarios’”, en alusión al venezolano, a Evo Morales, Daniel Ortega y Fidel Castro.

Así lo asegura, por ejemplo, el ensayo de Alberto Carnero, director del área internacional de FAES, quien criticó que Zapatero haya “sustituido la defensa de los intereses de España por la diplomacia de la sonrisa” y aliarse “con los más radicales de la región”, quienes pretenden “implantar en la región el socialismo del siglo XXI, aunque para ello haya que pisotear las libertades y hundir un poco más en la miseria a los pobres de su país”.

IP y controversias

En marzo de 2009 Hugo Chávez armó un revuelo en la Casa del Libro, en plena Gran Vía madrileña, al hacer una inesperada visita para comprar algunos títulos en esta conocida librería. Al salir, sonriente –en medio de gritos de “¡dictador!” lo mismo que de muestras de apoyo—, elevó el libro que llevaba en la mano, simulando un trofeo, “El capitalismo funeral” de Vicente Verdú. Subió al asiento del conductor del vehículo oficial y condujo hasta el aeropuerto llevando como copiloto a Antonio Brufau, presidente de la poderosa petrolera española Repsol.

Atrás habían quedado sus confrontaciones con Zapatero y con el Rey Juan Carlos, a quienes les llegó a decir: “Con un presidente que sale a defender a un fascista (Aznar) y a atropellar la verdad y un Rey que pretende atropellar la dignidad de un pueblo es difícil tener buenas relaciones” y les amenazó con que las empresas españolas iban a tener que “rendir cuentas” en Venezuela y “yo voy a meterles ojo a ver qué están haciendo, a todas las empresas españolas que están en Venezuela”.

En esa visita de 2009, Chávez se reunió con Zapatero y luego con el rey Juan Carlos, a quien bromeó: “Se dejó barba, como Fidel”. Y el monarca le reviró regalándole una camiseta con la leyenda: “¡Por qué no te callas!”. Habían limado asperezas.

Y es que en el centro de la polémica, el mayor peligro lo corrían las empresas españolas. Tras la confrontación en Chile, los consorcios trasnacionales de origen español dieron su apoyo al monarca, pero buscaron suavizar cuanto antes el tono del desencuentro por temor a que esto desatara acciones del gobierno venezolano contra sus intereses.

En esa visita, Chávez y Brufau anunciaron el descubrimiento del yacimiento de gas La Perla, la mayor reserva de Venezuela y uno de los más grandes del mundo.

La relación de Repsol con Chávez no fue fácil: Tres años antes de la cumbre de Chile, había renacionalizado de forma parcial el sector energético, retirando a la petrolera española cuatro secciones de la Faja Petrolera del Orinoco —entre las principales reservas de crudo de la región.

Entonces, Repsol tuvo que compartir sus actividades de exploración y producción con el grupo estatal Petróleos de Venezuela SA. (PDVSA). “Hoy por fin hemos enterrado diez años de apertura petrolera”, dijo Chávez el día que anunció su decisión sobre la empresa petrolera, en la Faja del Orinoco.

Aún así, Repsol es de las pocas empresas que se ha adaptado a esta decisión y mantiene uno de los mayores volúmenes de contratos con PDVSA; en 2007 producía 220 mil barriles equivalentes de petróleo (bepd) por día en el área del Caribe, de los que 100 mil provienen de los bloques Quiriquire, Mene Grande, Quiamare-La Ceiba y Guárico Occidental, en Venezuela, según datos oficiales. Los restantes 120 mil bepd los sustrae de sus bloques de gas y petróleo en Trinidad y Tobago.

No sucedió lo mismo con Exxon Mobile o Conoco Phillips, las cuales decidieron retirarse de Venezuela ante esta decisión.

Chávez también había nacionalizado la empresa de telecomunicaciones (CANTV), por el que Telefónica recibió 110 millones de euros por 6.9% del capital que mantenía en la principal operadora de telecomunicaciones en el país. El gobierno lanzó una oferta de compra de 100% de las acciones de la operadora para aquellas empresas que quisieran vender antes de recurrir a la nacionalización.

Aún frente a este panorama, Telefónica es el principal operador de telefonía celular en Venezuela —luego de Brasil, su mercado más importante en Latinoamérica—, lo que le significó dividendos por mil 704 millones de euros anunciados dos meses antes del encontronazo del rey y Chávez.

En contraparte, Venezuela vio frustrado su intento por adquirir en España aeronaves, buques y corbetas militares para la vigilancia litoral y de su zona económica exclusiva, por mil 700 millones de euros, debido a que Estados Unidos negó a España el permiso para el uso de tecnología militar que utiliza en aeronaves que este país vendería a Venezuela.

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