Velázquez con sus Leones de la Sierra de Xichú

Guillermo Velázquez y sus afamados Leones de la Sierra de Xichú
Guillermo Velázquez y sus afamados Leones de la Sierra de Xichú

Una larga trayectoria en el huapango desemboca el sábado 9 en el Teatro de la Ciudad con los 35 años de Guillermo Velázquez, en un concierto con sus afamados Leones de la Sierra de Xichú. El programa se titula Del México florido y espinudo. El decimista canta: “Soy Guillermo Velázquez, un trovador que desde siempre ha estado con los de abajo, y no sólo divierto y hago relajo, hago también conciencia con mi labor…”

MÉXICO, D.F. (Proceso).- A punto de cumplir 65 años, el huapanguero y repentista guanajuatense Guillermo Velázquez festeja 35 trovando acerca del México florido y espinudo, como se intitula el recital conmemorativo que encabeza con su grupo Los Leones de la Sierra de Xichú en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, el sábado 9 al atardecer.

Con boina oscura y mirada visionaria, canta la décima:

Los gobiernos están muy por debajo

de lo que precisamos con urgencia,

y a nosotros nos falta más conciencia,

más fuerza enarbolada, más trabajo,

más cojones, más ímpetus, ¡carajo!,

para lidiar un toro tan cornudo.

Pero si en otras épocas se pudo,

es hora de asumir lo que nos toca

con glifos y conjuros en la boca

del México florido y espinudo.

–¿Cómo se inició en la trova topeteada?

–Son ya 35 años de trovador huapanguero desde mediados de los setenta cuando me incorporé a la tradición, mi encuentro con ella fue desde niño en Xichú pero no me imaginaba que iba a hacerlo, yo escuchaba a los repentistas y cantores sin saber que cantaban en décimas, los oía toparse y echar saludados, porque eso es muy típico de nuestra tradición musical.

“Así conocí aquella emoción y cuando me incorporo y empiezo a aprender de ellos fue una etapa iniciática alucinante, tengo vivas emociones a 35 años de haber caminado con los trovadores en las noches de lluvia acompañándolos por las sendas de la sierra de Xichú.”

–¿Gusto, curiosidad?

–Destino.

“Hablo de mis recuerdos en Xichú, al norte de Guanajuato, unas de las tres zonas del universo de nuestra tradición juglaresca, y pienso que es un destino pues ya estaba de alguna manera previsto en esta urdimbre misteriosa de la geografía de mi vida. Fue algo como determinado a que yo me incorporara, eso lo he reflexionado hasta después, un destino que se me reveló en un momento crucial de mi vida y lo abracé hasta la fecha. Ha sido apasionante y nada fácil.”

–¿Destino de qué oficio?

–El destino de la palabra, de ser trovador y además, de comunicar, divertir, hacer fiesta, hacer conciencia. Como lo puse en una vieja cuarteta o planta de poesía, como le llamamos en mi tradición:

“Soy Guillermo Velázquez, un trovador que desde siempre ha estado con los de abajo, y no sólo divierto y hago relajo, hago también conciencia con mi labor…”

–¿En qué formas poéticas le agrada trovar más?

–La forma estrófica nuestra es la décima …

Tengo la vida, que es lo primero…

Tengo el destino de guitarrero,

trovador, bardo, poeta arribeño

y nadie sabe que me despeño

en el abismo de mil preguntas,

buscando el ixtle para mis puntas.

Tengo colores, tengo el diseño

de los que hilaron antes la trama

y a mí me toca tejer el sueño

en los telares del llano en llamas.

“La décima es una forma estrófica del siglo XVI pero con un gran arraigo en el continente latinoamericano. Hoy día, el país de mayor riqueza de tonadas para acompañar la décima es Puerto Rico, tiene más de cien tonadas para la décima improvisada.”

 

Memoria e improvisación

 

Según Guillermo Velázquez, los trovadores huapangueros de la sierra “somos hermanos carnales de los decimistas puertorriqueños, los payadores urugayos, los repentistas cubanos”.

O los vascos versolaris, “porque también en el País Vasco se ha asumido por jóvenes universitarios ese versolarismo por una generacion de universitarios que poseen doctorados, los imporvisan a capella en euskara pues no tienen música, y convocan a miles de personas”.

–A usted no se le nota su edad biológica. ¿Se necesita poseer harto vigor como el suyo para improvisar cánticos horas enteras?

–Sí, vigor es lo que se requiere para topetear, trovar e improvisar.

En el ambiente de huapangeuros y trovadores arribeños, las topeteadas duran no menos de ocho horas, y la última a la que asistí fue la del 31 de diciembre en Xichú, duró desde las doce del dia último del año hasta las 11 de la mañana del 1° de enero, con motivo de los 30 años del huapango arribeño y de la cultura de la Sierra Gorda. Hicieron presencia multitud de trovadores…

–¿Estuvo Óscar Chávez?

–No, aunque hemos compartido algunos CD y conciertos con él, pero… bueno, Óscar Chavez es un gran compositor e intérprete de la música tradicional mexicana, sólo que el universo de los trovadores es otro mundo, es otra cosa y muy diferente…

–¿Cuál sería la diferencia?

–La tradición nuestra se caracteriza por dos cosas: es un arte de memorística, e improvisatoria. Hay otras tradiciones incluso mucho más repentistas; pero la nuestra combina ambas porque a lo largo de doce horas es imposible improvisar con la misma intensidad y nosotros trovamos cosas que memorizamos, sólo que las planteamos como temas de fundamento.

“Por ejemplo, en la topetada del fin del año yo le preguntaba al trovador de Río Verde, San Luis Potosí, que se llama José Claro González, por la guerra que hay en Siria, o lo que había pasado con los israelitas y palestinos recientemente, y también por nuestro país, durante los días que corren desde las elecciones, porque son temas vigentes y a flor de piel.”

Relata que cuando comenzó a trovar hace más de tres décadas “los otros guitarreros me planteaban todavía sobre Carlomagno y los Doce Pares de Francia, que es un tema clásico”. Y él los convidaba, a su vez:

¿De qué puede trovar hoy en día

el poeta que sube al tablado?

¿Cómo unir el presente al pasado

en el nudo de nuestra poesía?

“Yo creo que un trovador que se precie de serlo no puede desentenderse de lo que pasa en su país, entre otros temas. Yo canto cosas acerca de los días que corren cuando llego a una fiesta o alguna topada…”

Yo quiero suponer y desearía

que Mexico no sea en sus corazones

un cártel de mafiosos y bribones.

Porque el narco y el crimen, a fe mía,

son el estereotipo que hoy en dia

substituye con creces, no lo dudo,

al del charro cantor y pistoludo,

y al del indito con cactus y sombrero.

Les digo como poeta y guitarrero

del México florido y espinudo:

No niego que hay problemas y los vemos,

pues se han agudizado últimamente;

pero ni somos un cero al cociente,

ni vamos a dejar de hundir los remos.

Carácter y grandeza los tenemos

para sortear el trance peliagudo.

Hoy se nos hace bolas el engrudo,

pero si nos armamos de coraje

aflorará la entraña y el linaje

del México florido y espinudo.

–¿Qué broncas o problemas ha tenido con políticos o medios?

–No por largo tiempo, no, ¿y sabe por qué no? Porque nosotros somos músicos que no tenemos largo alcance en los medios masivos o anchos públicos que puedan preocuparle al poder.

“Aunque últimamente tuve dos intentos de censura que se ventilaron precisamente en la revista Proceso. El último, data de agosto del 2012, pero sucedió en el Festival de Ixmiquilpan cuando tuvimos censura del presidente municipal Cipriano Charrez hace casi un año.”

–¿Le pagaron a usted y Los Leones de la Sierra de Xichú aquella actuación?

–No. Me chamaquearon, o sea, me terminaron de chamaquear porque el compromiso que hizo el alcalde de que me pagaría no se cumplió, les di el recibo de honorarios, me hicieron pagar impuestos y a la fecha no se nos ha cumpido en cubrir los honorarios; porque se me contrató y todo quedó firmado pero quisieron censurarme y aunque el alcalde lo niegue, porque así trató de acomodar las cosas, no ha cumplido con pagarnos”.

El otro conflicto fue en el Festival Internacional Cervantino 2011 (“Por censura política, Leones de Xichú fuera del FIC”, reportaje de Verónica Espinosa en Proceso del 26 de julio de 2011).

“Aquello fue aún más explícito y de facto, pero en el fondo eso ya está saldado para mí pues siento que ya se cerró un ciclo ahí, porque yo seguiré cantando lo que haya que cantar donde haya espacios y circunstancias, con el derecho que todos tenemos, conforme a la libertad de expresión que garantiza nuestra Constitución.”

Culmina versificando la décima final que brinda tema al concierto por 35 años de trovar, en el Teatro de la Ciudad el sábado 9, a las 19 horas:

Se trata de sumar la inteligencia

y enraizar firmemente las agallas,

se trata de librar grandes batallas

con alma y corazón en insurgencia.

Se trata, al fin de cuentas y en esencia,

de ponernos la pila de uso rudo

y sin darle más vueltas y al desnudo

del “¡ya basta!”, pasar al: “¿qué hay que

hacer?”

Es lo que corresponde. Es el deber.

“Décimas como éstas Del México florido y espinudo las hice a fines del año pasado, las canto pero no las he grabado. El sueño de mi país es un sueño todavía; pero México no se rinde ni se acobarda y nuestro canto ilumina lo más oscuro. Con el corazón por delante.”

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