Baby Doc, del banquillo al hospital

El exdictador Duvalier. Foto: AP
El exdictador Duvalier.
Foto: AP

MÉXICO D.F. (apro).- Reynold Georges, abogado de Jean Claude Duvalier, reveló el pasado 1 de marzo que su cliente estaba hospitalizado. Mejor conocido como Baby Doc, el antiguo sátrapa haitiano fue trasladado a un centro médico el 28 de febrero, inmediatamente después de declarar ante el tribunal de apelaciones de Puerto Príncipe, donde se le sigue un juicio por malversación de fondos y crímenes contra la humanidad.

“Fue una jornada agotadora para él. Hubo que llevarlo al hospital luego de casi cinco horas de ser interrogado por los jueces”, citó el diario digital Haití Libre. Duvalier, quien ahora tiene 61 años y no había acudido a tres citatorios previos, dijo que ello se debió a motivos de salud, aunque no especificó cuáles ni sus abogados habían esgrimido este argumento antes. El único antecedente que se tiene es que en marzo de 2011 fue también internado “con dolores en el pecho”, luego de su sorpresivo retorno a Haití dos meses antes, después de 25 años de exilio en Francia.

Como se recordará Jean Claude, hijo del también dictador haitiano François Duvalier, Papá Doc, tuvo que abandonar Puerto Príncipe en 1986 en medio de furiosas revueltas populares, luego de que el gobierno de Washington le retirara su apoyo después de una presidencia de 15 años que fue heredada y debió ser “vitalicia”.

Se refugió con su familia en la Riviera francesa, donde vivió un exilio de lujos y excesos tales, que empezó a ver mermada la millonaria fortuna que extrajo de su empobrecido país. Su situación económica se complicó aún más, cuando en 1993 su entonces esposa Michèle Bennet, miembro de la poderosa oligarquía mulata de Haití, le pidió el divorcio no sólo retirándole el acceso a la fortuna familiar, sino exigiendo fuertes compensaciones. También enfrentó presiones fiscales, pero el golpe mayor se produjo cuando sus depósitos en bancos suizos fueron congelados a petición del gobierno haitiano, que espera recuperar el dinero bajo una nueva ley helvética de restitución de fondos públicos robados, que entró en vigor en febrero de 2011.

Quince días antes, el 16 de enero, Jean Claude Duvalier reapareció sorpresivamente en Haití. Interrogado por la prensa sobre los motivos de su retorno, sólo contestó vagamente que deseaba ayudar a la reconstrucción de su país, golpeado por un devastador terremoto un año atrás, pero no dijo cómo. Analistas consultados por The Guardian, especularon que se trataba de una treta: una breve estancia sin repercusiones en suelo haitiano, le permitiría a Baby Doc argumentar que no tenía problemas legales en Haití y, por lo tanto, podía tener acceso a sus depósitos congelados.

De hecho su compañera de los últimos años, Veronique Roy, dijo que sólo habían pensado quedarse tres días en el país; pero las cosas se complicaron. Después de una reunión privada con altos funcionarios del gobierno haitiano, el 18 de enero Duvalier fue sacado por la policía del hotel Karibe, donde se alojaba, y llevado ante las autoridades judiciales para ser interrogado sobre el multimillonario saqueo de los fondos públicos durante su gobierno. El monto, impreciso, se calcula entre 300 y 800 millones de dólares.

Sin ser arrestado pero sin permiso de abandonar el país –Gervais Charles, otro de sus abogados, dijo que “ni siquiera tiene pasaporte”– Duvalier regresó a su hotel a esperar la decisión del juez sobre si sería procesado por corrupción y malversación de fondos. Pero como el trámite podía durar hasta tres meses, decidió buscarse un alojamiento más permanente y cómodo. Mientras Veronique Roy distraía a los periodistas en la entrada principal, Duvalier salió por una puerta trasera para dirigirse discreta y rápidamente a una residencia en el elegante barrio de Petionville, que desde unas colinas mira hacia Puerto Príncipe y el mar.

La decisión fue acertada, porque a los cargos financieros casi inmediatamente se sumaron demandas por crímenes contra la humanidad. “Si de veras se quiere hacer justicia en Haití, las autoridades haitianas deben iniciar una investigación criminal sobre la responsabilidad de Duvalier en un sinnúmero de graves violaciones a los derechos humanos que ocurrieron durante su gobierno y que incluyen torturas, detenciones arbitrarias, violaciones sexuales, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales”, coincidieron en señalar Aministía Internacional (AI), Human Rights Watch (HRW) y organizaciones civiles locales.

Michèle Montas, una exvocera en Haití del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y que fue una de las primeras en presentar una demanda individual contra Duvalier tras su regreso, dijo que “todo aquél que de alguna forma fuera idependiente del régimen, era sistemáticamente arrestado y muerto”. Ella tuvo que partir al exilio después de que el duvaliersmo cerrara la estación de radio de su fallecido esposo.

En conjunto se calcula que durante el gobierno de Baby Doc (1971-1986) unas 30 mil personas fueron detenidas, muertas u obligadas a exiliarse. Los principales perseguidos eran líderes políticos, periodistas, sindicalistas, activistas sociales, artistas o intelectuales críticos y hasta sacerdotes que se ocupaban de la lacerante pobreza del pueblo haitiano.

La principal encargada de este trabajo sucio era la milicia de los “tontons macoutes”, una especie de guardia pretoriana creada por Duvalier padre. Aunque ni éste ni su hijo reconocieron nunca la existencia de prisioneros políticos, más allá de los asesinatos claramente selectivos, la muerte de presos opositores en la cárcel era algo común, no sólo debido a las torturas, sino a enfermedades, falta de comida y lamentables condiciones sanitarias.

“Investigar a Jean Claude Duvalier por los crímenes de derechos humanos cometidos durante su régimen es un enorme paso”, señaló Gerardo Ducos, investigador de AI para Haití. “Ahora lo que necesitamos es un proceso rápido e imparcial, acorde con las normas internacionales. Por eso hacemos un llamado a la ONU para que dé apoyo técnico a las autoridades haitianas para que puedan cumplir con las expectativas”.

Pero el saliente gobierno haitiano de René Preval no se apresuró. En septiembre de 2011 AI presentó otro informe sobre el caso. “Hay suficientes evidencias para procesar a J.C. Duvalier”, afirmó Javier Zúñiga, asesor especial de la organización. “Ahora lo que se necesita es voluntad política del nuevo gobierno para cumplir con sus obligaciones internacionales y con las víctimas sobrevivientes de los abusos”.

El nuevo gobierno encabezado por el excantante Michel Martelly tampoco mostró prisa. Es más, el presidente se dijo a favor de otorgar el perdón a Duvalier, aunque luego se retractó. Su primer ministro, Garry Conille, de inmediato aclaró que el gobierno no interferiría “en forma alguna”. Sin embargo el caso empezó a estancarse. Un solo juez fue comisionado para la investigación y la falta de recursos humanos, técnicos y económicos del sistema judicial haitiano se hizo patente.

El 31 de enero de 2012 ese único juez, Carves Jean, entregó a la procuraduría haitiana un fallo de veinte páginas que determinaba que Duvalier debía enfrentar un juicio por corrupción, pero no por violar los derechos humanos. “No encontré bases legales suficientes para mantener en su contra los cargos por violación de derechos humanos y crímenes contra la humanidad”, adujo. “Yo ya cumplí con mi trabajo y el caso ya no está en mis manos”.

Si bien el fallo resultó un duro golpe para los activistas de derechos humanos, algunos lo tomaron como “un primer paso”, ya que temían que en realidad fueran desechados todos los cargos. Una alta fuente judicial confió a The Guardian que en realidad eso estuvo a punto de suceder, ya que la fiscalía general recomendó al juez desechar los cargos por corrupción, pero éste los mantuvo. En cuanto a los derechos humanos se decidió no incluirlos porque los supuestos abusos rebasaban el estatuto de restricción de la Constitución haitiana.

Mientras los abogados de Duvalier procedían a apelar el juicio a Duvalier por crímenes financieros, la comunidad mundial de derechos humanos se movía para presionar a la apertura de un proceso contra el exdictador en esta materia. La Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Navy Pillay, recordó a las autoridades haitianas que los crímenes contra la humanidad no prescriben bajo la ley internacional, y que miles de haitianos agraviados por la represión duvalierista merecen justicia.

Mario Jospeh, de la Oficina de Abogados Internacionales en Haití, señaló que “el juez no puede sólo decidir sobre los crímenes financieros cometidos por Duvalier. También debe responder por las violaciones, torturas, desapariciones, asesinatos y crímenes contra la humanidad cometidos bajo su gobierno”.

Por su parte Reed Brody, un abogado de HRW que ha trabajado con las víctimas, consideró que si se agotan los recursos de apelación dentro del sistema judicial haitiano, se podría llevar a Haití ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. De hecho la Comisión, encargada de remitirle los casos, ya emitió una declaración en el sentido de que “Haití debe investigar las graves violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1971 y 1986, para juzgar y castigar a los responsables y compensar a las víctimas”.

En medio de estos forcejeos jurídicos han pasado dos años desde que Baby Doc regresó inesperadamente a Haití. Aparte de su cómodo retiro en Petionville, según la Associated Press Duvalier ha sido visto asistiendo a conciertos de jazz, cenando en restaurantes elegantes y departiendo, en general, con antiguos miembros de su régimen. Y aunque no tiene permiso de abandonar Puerto Príncipe se pasea sin restricciones por todo el país.

Durante este tiempo también concedió entrevistas, como la de la cadena Univisión, en la que dijo que él fue el primero en introducir la democracia en Haití. “Cuando la gente habla de mí como un tirano, me hace reir. Parece que sufre de amnesia y ha olvidado que me fui voluntariamente. No había ninguna revolución en ese momento”. Incluso se las ingenió para estrechar la mano de un sorprendido Bill Clinton, cuando el expresidente de Estados Unidos visitó la isla para el primer aniversario del terremoto de 2010.

Pero todo eso se acabó el pasado 28 de febrero, cuando después de faltar a tres audiencias un juez ordenó a la fiscalía que lo presentara ante el tribunal de apelaciones inclusive bajo custodia policial si era necesario. Duvalier acudió solo, manejando su propio auto, vistiendo un elegante traje azul marino y acompañado de Veronique Roy.

Durante la audiencia fue interrogado sobre algunos de los casos más destacados de detenciones y ejecuciones extrajudiciales de prisioneros políticos. “Se le hicieron preguntas duras, pero casi todas sus respuestas fueron evasivas”, dijoAmanda Klasing de HRW, quien estuvo presente. “Se le veía tranquilo, casi indiferente; su expresión facial nunca cambió”. Otras versiones afirman sin embargo que se le veía cansado y que contestaba en voz muy baja, al grado de que el secretario del tribunal tuvo que repetir varias de sus respuestas para que se oyeran.

La audiencia era para determinar qué cargos enfrentaría Duvalier. Fue suspendida esa tarde, para ser reasumida el jueves 7 de marzo, pero Baby Doc ya no se presentó. Su abogado Reynold Georges confirmó que sigue hospitalizado, pero se negó nuevamente a decir en qué hospital y cuál es su padecimiento.

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