Fuegos de artificio

Peña. La foto con el presidente. Foto: Miguel Dimayuga
Peña. La foto con el presidente.
Foto: Miguel Dimayuga

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Enrique Peña Nieto ha arrancado su sexenio de la misma manera en que dio inicio a su campaña presidencial. Durante sus primeros cien días en el poder ha emprendido un desesperado esfuerzo por apantallar e intimidar a sus rivales políticos y a la sociedad entera. En respuesta, hoy se requiere una contundente acción ciudadana para romper de nueva cuenta el hechizo del supuesto poder arrasador de la maquinaria priista. En 2012 fueron los valientes jóvenes de la Universidad Iberoamericana quienes sacudieron nuestras conciencias y nos empujaron a la acción. ¿Quiénes seguirán su ejemplo y tomarán la batuta del liderazgo social en 2013?

El PRI sigue al pie de la letra la estrategia de shock and awe (conmoción y pavor) desarrollada por el ejército estadunidense y redactada por Harlan Ullman y James Wade, de la Universidad de la Defensa Nacional (resumen aquí: http://ow.ly/irGgM). Esta doctrina se basa en el despliegue de vistosas muestras de fuerza intimidatoria al principio de una campaña militar con el fin de paralizar y desmoralizar al enemigo en preparación para la introducción de las tropas terrestres.

En 2012 el intenso bombardeo de espectaculares en cada rincón de la República, encuestas de dudosa procedencia, entrevistas pagadas y costosos “regalos” a la población buscaban generar al principio de la campaña electoral la impresión de la inevitabilidad del triunfo de Peña Nieto. Hoy en cambio el objetivo es neutralizar a la oposición política y social para que el pueblo se resigne a regalar su oro negro a Halliburton y Exxon-Mobil. En ambos casos la apuesta es al desánimo y la desmovilización social. El debate democrático, el análisis crítico y la participación ciudadana constituyen los adversarios a vencer.

Lo ocurrido en las campañas del año pasado genera esperanza para el futuro. En 2012 el guión indicaba que Peña Nieto debía arrasar con 15-18% de la votación para evitar cualquier cuestionamiento a la legalidad o legitimidad de su victoria. Las encuestadoras tenían el encargo de colocar este margen en la opinión pública y los operadores políticos la responsabilidad de cumplir con ello en los hechos por medio de una masiva operación de compra y coacción del voto el día de la elección.

Pero justo cuando la estrategia empezaba a surtir efectos y todos se resignaban a la inevitabilidad del retorno de los dinosaurios al poder, de repente emergió un fuerte y combativo movimiento juvenil que les arruinó la fiesta a los nuevos alquimistas electorales. #YoSoy132 inyectó aire fresco y una sana incertidumbre democrática a las campañas. Los jóvenes también generaron una positiva presión poselectoral a favor de la legalidad y la rendición de cuentas en la actuación del IFE, el Tribunal Electoral y las principales televisoras del país.

Desde entonces el PRI y Peña Nieto han estado a la defensiva, luchando a contracorriente para establecer desde el gobierno la legitimidad que no pudieron comprar en las urnas. Así se explica la necesidad de un Pacto por México para cooptar a los rivales, la represión contra los jóvenes durante la toma de posesión, la politización de la justicia en el caso de Elba Esther Gordillo y las constantes conferencias de prensa con escenografías totalitarias para anunciar con bombo y platillo la introducción de viejo vino en odres nuevos…

Este es un fragmento del análisis que se publica en la edición 1896 de la revista Proceso, ya en circulación.

www.johnackerman.blogspot.com

Twitter: @JohnMAckerman

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