Sacerdote víctima de la dictadura argentina sin elementos para juzgar a Bergoglio

El sacerdote jesuita Francisco Jalics. Foto: AP
El sacerdote jesuita Francisco Jalics.
Foto: AP

BERLÍN (apro).- El sacerdote jesuita Francisco Jalics, quien junto con el también jesuita Orlando Yorio fue víctima, en 1974, de la represión de la Junta militar que gobernó Argentina en ese momento, aseguró que no puede adoptar una postura en torno al papel que jugó en esos acontecimientos el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco.

Mediante una comunicación oficial desde una de las sedes de los Jesuitas ubicada en la ciudad de Nuremberg, el sacerdote de origen húngaro ofrece un breve relato de lo sucedido hace 39 años en el país sudamericano y asegura haberse ya reconciliado con los hechos que vivió –estuvo en prisión durante cinco meses con los ojos vendados– y los da por cerrados en su vida.

Refiere que desde 1957 vivió en la capital argentina y que en 1974, “por deseo propio y en compañía de otro hermano”, decidió mudarse a vivir a una favela de la ciudad a fin de experimentar ahí el Evangelio y para llamar la atención de la “terrible pobreza” de la ciudad. Todo ello, asegura Jalics, fue posible con la autorización del arzobispo Aramburu y el entonces provincial P. Jorge Mario Bergoglio.

Radicado en Alemania desde 1978, el padre Jalics contextualiza en su relato el duro periodo de la dictadura argentina y señala que debido a las “entonces circunstancias de guerra civil que se vivían, en el transcurso de dos años fueron asesinados aproximadamente 30 mil personas pertenecientes a movimientos guerrilleros de izquierda y civiles inocentes”.

Asegura que en el barrio pobre en el que vivían él y su compañero, al que no menciona por su nombre pero se sabe que fue el también sacerdote jesuita Orlando Yorio, no mantenían ningún tipo de contacto ni con la Junta militar ni con la guerrilla. Que fue, sin embargo, debido al contacto que mantenían con un colaborador laico de la Iglesia por lo que se les involucró erróneamente con el movimiento guerrillero.

“Por la falta de información que había en ese momento y por informaciones malintencionadas –detalla en su relato– nuestra situación al interior de la Iglesia fue malinterpretada”.

Y explica: “En aquel momento perdimos la conexión con uno de nuestros colaboradores laicos, quien se habría sumado a la guerrilla. Nueve meses después, esta persona fue detenida e interrogada por la Junta militar, quienes se dieron cuenta que él había estado en contacto con nosotros. Bajo la suposición de que también nosotros estábamos vinculados con la guerrilla fuimos detenidos”.

“Luego de un interrogatorio que duró cinco días, el oficial que lo dirigió nos soltó con las siguientes palabras: “Padres, ustedes no tuvieron culpa alguna. Yo mismo me ocuparé de que puedan volver a su favela. A pesar de esa promesa, y de una forma inexplicable para nosotros, permanecimos arrestados durante cinco meses con los ojos vendados”, concluye Jalics su relato.

Ante ello, asegura que “no puedo tomar ninguna posición respecto al rol que tomó P. Bergoglio en estos acontecimientos”.

Tras su liberación, el jesuita dejó Argentina. Años después, dice, tuvo la oportunidad de conversar sobre lo sucedido con Bergoglio, quien para entonces ya sería arzobispo de Buenos Aires.

“Después de ello, ofrecimos una misa conjunta y nos abrazamos. (…) Le deseo al Papa Francisco abundantes bendiciones de Dios para cumplir con su cargo”, concluye su comunicado.

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