Sobre el final de Mozart y Beethoven

Homenaje a Mozart, una pintura de Raoul Dufy.
Homenaje a Mozart, una pintura de Raoul Dufy.

MÉXICO, D.F. (apro).- Si bien son cada vez más las voces que se alzan para protestar por las investigaciones en torno de fallecimientos misteriosos de ciertas personalidades a través de la historia, como los chilenos Pablo o Víctor Jara, llama la atención que la revista Muy Interesante dedique su número del mes de marzo a nuevas teorías en relación con viejas muertes de artistas famosos, incluyendo las de dos músicos: Mozart y Beethoven.

Ambas menciones aparecen en el reportaje de nueve páginas “Detectives del pasado” que firma Gerardo Sifuentes, destacando Muy Interesante en portada: “Misterios del pasado. ¿Quién mató a Tutankamón? ¿De qué murió realmente Mozart? ¿Fue envenenado Napoleón? ¿Son auténticos los restos de Juana de Arco? La ciencia revela la verdad.”

Sobre la muerte de Mozart, el recuadro “Marcha Fúnebre” de Sifuentes comienza con una cita del autor de Don Giovanni:

“–Me temo que escribo un requiem para mí –escribiría el compositor Wolfang Amadeus Mozart de manera fatídica, tras empezar la partitura de la Misa de Requiem (el acto litúrgico tras la muerte de una persona) en noviembre de 1791. Aunque aparentemente gozaba de buena salud, el 22 de aquel mes cayó gravemente enfermo, días después de su última aparición pública…

“Un reporte publicado en la revista Annals of Internal Medicine, por el doctor Richard H. C. Zegers, de la Universidad de Ámsterdam, Países Bajos, afirma que Mozart fue víctima de una epidemia de faringitis estreptocócica, contraída por muchos vieneses durante el mes de su muerte… De este modo, como se sabe, la Misa de Requiem quedó inconclusa.”

Buscando la fuente de este recuadro de Muy interesante en internet, hallamos el siguiente artículo en inglés que apareció originalmente el 18 de agosto del 2009 en la sección “Historia de la Medicina”, de Annals of Internal Medicine, intitulado “La muerte de Wolfgang Amadeus Mozart: Una perspectiva epidemiológica”, por los médicos Andreas Weigl (Universidad de Viena), Andrew Steptoe (University College de Londres) y el citado Zegers, quien “lanzó” su teoría un año antes:

“La muerte prematura del compositor Wolfang Amadeus Mozart el 5 de diciembre de 1791 ha fascinado al mundo durante más de dos centurias. Se ha sugerido que su enfermedad fatal fue provocada por envenenamiento, falla renal, hemorragia, triquinosis y muchas otras causas.

“El registro oficial de muertes en la Viena de Mozart fue evaluado para proveer un marco epidemiológico dentro del cual las observaciones de testigos contemporáneos de su muerte pudiesen quedar integrados. Todas las muertes registradas en Viena durante noviembre y diciembre de 1791, así como enero de 1792 fueron analizadas, junto con los períodos correspondientes de 1790 a 1791 y de 1972 a 1973. Los fallecimientos de 5 mil 11 adultos (3 mil 442 hombres y un mil 569 mujeres) fueron registrados durante aquellos períodos.

“La principal edad de mortandad ocurrió a los 45.5 años en hombres y a los 54.5 años para mujeres… Tuberculosis y padecimientos asociados fueron las causas más comunes, seguidos de cachexia y desnutrición, quedando edema (hidropesía) en tercer lugar.

“De acuerdo a reporte de testigos, la muerte de Mozart se debió a un severo edema. Los fallecimientos por hidropesía fueron la causa principal entre la población joven durante las semanas cuando murió Mozart en comparación de los años anteriores y posteriores. El brote de dicha epidemia menor pudo haber surgido en algún hospital militar. Nuestro análisis es consistente con la última enfermedad que Mozart padeció: una infección estreptoptocócica que provocó un síndrome nefrítico debido a una consecuencia estreptocócica de glomerulonefritis.”

La fiebre escarlatina sería otra opción, asegura el estudio, “aunque menos probable de su muerte, desde el punto de vista etiológico” (http://annals.org/article.aspx?articleid=744666).

Beethoven y el plomo

En cuanto a la muerte de Ludwig van Beethoven (1770-1827) por “sobredosis de plomo”, es otra historia. Cuenta Gerardo Sifuentes en las páginas 52 y 54 de Muy Interesante que Beethoven escribió en 1802:

–Hermanos, si después de mi muerte el doctor Schmidt aún vive, pídanle en mi nombre descubrir cuál fue mi enfermedad e incluyan su dictamen en estas páginas para que al menos los hombres me concedan su perdón.

“En 1827, el músico de origen judío Ferdinand Hiller tenía 15 años cuando estuvo presente en el lecho de muerte del genio. En un arrebato, cortó un mechón del cabello para quedárselo como recuerdo póstumo…”, redacta Sifuentes y añade:

“Las investigaciones del doctor William Walsh, fundador del Health Research Institute de EU y quien desarrolló el primer sistema de análisis químico del cabello en el mundo, utilizó las instalaciones del Laboratorio Nacional Argonne de aquel país para definir la composición de las muestras. Por medio de técnicas de radiación de sincrotón –un tipo de acelerador de partículas, las cuales no son invasivas y permiten determinar la distribución de elementos metálicos en un solo cabello–, encontró que las muestras contenían cien veces más plomo que lo normal.”

Pero si este elemento de exceso de plomo contribuyó a la muerte de Beethoven, culmina Sifuentes, el “de dónde provino es probable que permanezca como un misterio; pudo derivar del cristal de los vasos donde bebía, o de las botellas de vino que consumió, los platos en los que comía o incluso en los manantiales de aguas minerales en las que Beethoven solía bañarse”.

(Muy Interesante, Año XXX número 3, publicación de Editorial Televisa dirigida por Francisco Villaseñor.)

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