Ilusión y realidad

Maestros marchan contra la reforma educativa en Guerrero. Foto: José Luis de la Cruz
Maestros marchan contra la reforma educativa en Guerrero.
Foto: José Luis de la Cruz

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En apenas un par de semanas la primera iniciativa del gobierno del PRI, la reforma al artículo tercero constitucional aprobada y cacareada con acuerdos políticos minoritarios pero sonorizada con estruendosos bombos y platillos, se ha convertido en letra muerta en algunos estados de la República y está movilizando a miles de maestros en su contra.

Desde el discurso oficial esta iniciativa es apenas el principio de la gran reforma educativa que requiere el país, porque falta su ley reglamentaria y cubrir muchos más aspectos, pero ya se le ha considerado la única vía expedita para lograr la recuperación de la rectoría del Estado en el sistema educativo nacional. En las alturas de la burocracia gubernamental la ilusión embelesa mientras que abajo, en la realidad cotidiana del magisterio, lo que toca tierra debe ser enterrado de inmediato.

El componente más duro de la reforma al artículo tercero pretende reorganizar la normatividad laboral a través de la cual se lleva a cabo la carrera magisterial, que sigue vigente bajo el control de la cúpula sindical del SNTE, con todo y su ahora encarcelada líder sempiterna. La selección de aspirantes y la contratación de nuevos maestros; la formación, actualización y capacitación de quienes están en ejercicio; la designación de directivos; el manejo de estímulos y prebendas; la ubicación de los docentes en determinadas categorías; su permanencia y su eventual retiro dependen de criterios más políticos y sindicales que pedagógicos, de eficacia, pertinencia educativa o capacidad en la gestión escolar. Pero en el planteamiento de la reforma constitucional todo esto busca ser alterado para que quede en manos del aparato gubernamental y se le arrebate al sindicato.

Falta que se pueda. Durante décadas, diversas iniciativas de reforma en las escuelas normales o en la redefinición de los términos del ejercicio docente subordinaron lo académico a lo sindical y a lo político, con lo que se mantuvo un conflicto al que ahora se le ha echado leña verde y que se extiende día a día en tiempos de estiaje. Sin embargo la opción de poner a prueba un nuevo modelito –que aún no se sabe cómo va a funcionar ni a qué proyecto educativo y de país responde– parte de la suposición de que el mejoramiento de la calidad de los aprendizajes y los conocimientos dependerá de la modificación de las condiciones laborales del magisterio.

Fragmento del análisis que se publica en la edición 1900 de la revista Proceso, ya en circulación.

Comentar este artículo