85 años del Teatro Ulises

MÉXICO, D.F. (apro).- En la segunda década del siglo XX surgió un movimiento de renovación teatral que dio origen al teatro moderno en México: el Teatro Ulises. Su origen se remonta a 1926, en el que participaron figuras como Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza, Gilberto Owen y Antonieta Rivas Mercado.

Por esta razón, el pasado 9 de abril en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se llevó a cabo una mesa para celebrar la génesis de este movimiento que, como expresó el dramaturgo Luis Mario Moncada, a pesar de su actividad tan efímera, sentó las bases del teatro experimental en México.

Uno de sus principales objetivos fue el de introducir a nuestro país lo más vanguardista del repertorio teatral internacional del momento. Gracias a este movimiento, el teatro se estableció como una disciplina artística en la que se propuso una actoralidad distinta a la de los grandes teatros.

El proyecto arrancó con algunas lecturas dramatizadas en la casa de Antonieta Rivas Mercado, en la colonia Roma. Posteriormente iniciaron con montajes en El Cacharro, de la calle de Mesones número 42, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La inauguración oficial del teatro de Ulises tuvo lugar en enero de 1928.

En mayo de ese mismo año trasladaron su repertorio al Teatro Virginia Fábregas, donde representaron Orfeo, de Jean Cocteau, puesta en escena que causó una gran polémica por su contenido provocador. En julio regresaron a El Cacharro para ofrecer sus últimas funciones.

Como bien señala Luis Mario Moncada, a pesar de su breve existencia el Teatro de Ulises fue uno de los grandes sucesos innovadores de la escena teatral mexicana y que influyó para que, entre otras cosas, en 1932, con el auspicio de José Gorostiza y Xavier Villaurrutia se fundara el Teatro de Orientación, que a su vez influiría en la fundación de la Escuela de Arte Teatral (EAT) de Bellas Artes, en 1946.

Para el catedrático de la UNAM, Juan Coronado, el Teatro de Ulises “nos dejó una conciencia profunda de la cultura como una necesidad de un pueblo. A veces se piensa que los creadores de este teatro eran evasionistas, pero yo creo que no, no hablaban de una conciencia social directa, pero sí de algo más profundo: la cultura como la médula de un pueblo, y esto los lleva a que sienten las bases de una cultura profunda de esa época y que hasta la fecha tiene resonancia”.

La intención era cambiar la temática nacionalista por una visión más universal del teatro, que además les permitiera a sus hacedores involucrarse en todo el proceso: actuar, dirigir, diseñar escenografías, fueran o no especialistas, era una de las premisas del Teatro de Ulises que perdura hasta nuestros días en el quehacer teatral mexicano.

“Ellos con su visión vanguardista partían de lo mexicano para llegar a lo universal. Afirmaban que el camino no es sólo verse en el espejo, sino verse retratado en lo universal, esto no quiere decir que no tengamos una cara definida como mexicanos, sino que esa universalidad nos ayuda a definirnos y no a encerrarnos en un estereotipo”, afirma Juan Coronado.

Fue así como obras de autores como Jean Cocteau, Eugene O´Neill, Roger Marx, Charles Vildrac, Lord Dunsany y H. L. Lenormand, entre otros, se montaron por primera vez en México gracias al Teatro de Ulises.

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