“Despertar el polvo”, retrato fílmico de Sama sobre delincuencia urbana

Se puede ver en la Cineteca Nacional
Se puede ver en la Cineteca Nacional

En su tercer largometraje, el cineasta Hari Sama se adentra en la sordidez del Campamento 2 de Octubre y los barrios bravos de Iztacalco, ambientando a través del personaje indigente Chano una impactante historia de miseria, corrupción y violencia extremas, que sirve asimismo para brindar voz a aquellos seres olvidados del sistema, quienes cometen crímenes por falta de oportunidades.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El cineasta Hari Sama sigue con una cámara fílmica a un indigente muy conocido y querido del singular Campamento 2 de Octubre, para hacerlo protagonista de su tercer largometraje de ficción titulado Despertar el polvo.

El personaje de las calles de Iztapalapa e Iztacalco de la capital mexicana es Donaciano Hernández, apodado Chano.

Con él, Sama retrata la corrupción y la miseria urbana de la capital mexicana y pone bajo la lupa “el profundo dolor de la violencia” y “la cruda realidad del Campamento 2 de Octubre”, donde todos se dedican a delinquir “porque no les queda de otra”. Según el director, Despertar el polvo da voz a los que cometen los crímenes:

“No son los grandes capos, es el narcomenudeo: el sicario, el secuestrador, en fin. En la película no se sabe quién es quién, no hay como una especie de denuncia de esas distintas formas de delinquir y no se trataba de eso, pero se muestra dónde viven, cómo crecen, cómo es su entorno familiar y cómo ven ellos la vida.”

Sama estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y en el Centro de Investigación y Estudios de la Música (CIEM). Con su ópera prima, Sin ton ni Sonia que bajo el nombre de Carlos Sama realizó en 2003, obtuvo el premio del Público en el Festival de Cine de Guadalajara. Dos años más tarde, en 2005, se alzó con el premio Mayahuel al mejor cortometraje en ese mismo certamen por La cola entre las patas, premiado por el público en los festivales de Morelia y Orange County, en California.

Su siguiente trabajo, el corto Tiene la tarde ojos (ya como Hari Sama), ganó su segundo Mayahuel y otros galardones en los festivales de Biarritz, Francia; Cero Latitud, en Quito, y La Pedrera, en Montevideo. El sueño de Lu (Proceso 1862), su segundo largometraje de ficción, le brindó a la actriz Úrsula Pruneda el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival Internacional de Cine de Shanghai en 2012.

Despertar el polvo se proyectará en el 33 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, que se inició el 11 de abril y termina el 4 de mayo. También el Foro se extenderá a otros circuitos de exhibición del área metropolitana, como los Cinemanía, Cinemex y Cinépolis, el Centro Cultural Digital Estela de Luz, Cine Teresa y salas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También se mostrará en la segunda edición del Riviera Maya Film Festival, que se realizará del 21 al 27 de abril en varias sedes del estado de Quintana Roo, como Playa del Carmen y Cancún, entre otros.

Sama, nacido en el Distrito Federal en 1967, narra que conoció al Chano cuando elaboraba un pequeño documental para una ONG y reclutó gente de la calle:

“Él vende periódicos en las esquinas, disfrazándose; se viste de distintos tipos, dependiendo del momento del año; realmente es un actor y pensé realizar una película con él. Después de El sueño de Lu yo sentía una enorme necesidad de hablar de la violencia, de lo que está sucediendo en México, pero de la forma más honesta, más comprometida y más verdadera posible; entonces me vino a la mente inmediatamente Chano.

“Hablé con él para pedirle permiso de crear un largometraje donde fuera el protagónico; además, que me ayudara a convocar al barrio, porque me interesaba que el Campamento 2 de Octubre fuera el otro gran protagonista en el filme. Le encantó la idea, dimos una vuelta por el barrio ese mismo día y conocimos al mero mero de esa zona, y nos dio permiso de filmar. Por ello, casi todo el barrio accedió a jugar con nosotros. Fue muy curiosa la situación.”

–¿Por qué reflejar el dolor de la violencia de ese barrio?

–El tema me pareció indispensable abordarlo como un asunto en el que muchísimos mexicanos, entre los cuales estoy yo, vivimos todos los días. Llevamos años en una guerra rara, absurda, la cual es muy cuestionable, y me parece que quienes pueden explicar ese dolor de la violencia son los que secuestran, roban; los que crecen en el barrio, desde chicos, a madrazos.

“Y la experiencia fue insólita después de haber estado ahí por tres semanas y se da uno cuenta de lo complejo que es el problema. Es como uno de esos estambres que el gatito enredó por todas partes y siento que el gobierno no ha ni siquiera sacado el primer hilito que hay para desamarrarlo.”

 

Problemas de rodaje

 

Sama se dio cuenta de que el mismo barrio deseaba expresarse (“todos querían jugar, todos querían salir en la cinta”); pero un día el cineasta se topó con una serie de acusaciones:

“Empezaron a decir que lo de filmar una película era un pretexto y que en realidad estábamos ahí porque queríamos ponerle el dedo a los más malos, porque todos son malos. Entonces nos empezamos a poner muy nerviosos porque sí que es un lugar muy particular. En el largometraje hay una fiesta que ellos organizaron a petición nuestra para la historia, convocaron a un sonidero que es de ahí…”

La fiesta acabó a balazos.

–¿Cómo le hizo para trabajar con los residentes del Campamento 2 de Octubre?

–Realicé un guión. Yo de plano no puedo trabajar si no escribo un guión, hasta el documental tengo que guionizar, es parte de mi personalidad como cineasta. Me interesaba que el barrio mismo expresara todo.

“Porque yo acababa de vivir una circunstancia cercana. A una persona que trabaja con nosotros, y que es de otro barrio, la policía le secuestró a su hijastro y después lo extorsionaron. Es una práctica muy común, sobre todo en las delegaciones más pobres. Hay una red de delincuentes que incluyen al Ministerio Público o a la policía, están todos coludidos, y hay un testigo comprado y a veces las personas que acaban en prisión ni siquiera tienen el dinero para pagar lo que les piden. Es un negocio, es un sindicato de terror, y yo lo viví muy de cerca.

“Esto se lo platiqué a la gente del Campamento 2 de Octubre y todos estuvimos de acuerdo en que es así. También conocí a una persona de otro barrio que mató a 15 seres humanos y salió de la cárcel a los dos años. El asunto de cómo funciona la justicia en México me sirvió de punto de partida para ficcionar. El mundo de los mexicanos es de corrupción, impunidad, violencia, un dolor terrible de falta de oportunidades, es una cosa muy compleja donde es difícil hablar de buenos y malos.”

–En aquella fiesta organizada por el barrio que aparece en el filme, ¿no está actuando la gente?

–No, las personas se están drogando frente a la cámara de verdad. No son actores, son chavos que les gusta el cemento. La gente que nos daba seguridad olía a cemento y tenían las pistolas metidas en el pantalón. Me decían: “Mira, padrino…”, y me enseñaban una pistola, “…por si pasa cualquier cosa”.

“Les contestaba: ‘¿Qué va a pasar?’, y luego, expresaba: ‘Ojalá y no pase nada, porque soy responsable de toda esta gente que está aquí rodando la película’. El que nos autorizó filmar en el barrio sale en la historia con un personaje menor, me enseñaba sus heridas y me decía: ‘Es que yo me gané mi lugar en el barrio, por eso me respetan como me respetan’.”

–¿A la gente de la fiesta no le causaba pudor la cámara?

–Todo lo contrario, quería que se viera cómo es el barrio. Hay una chica en la película como policía, quien en realidad fue policía muchos años, que cuando agarra al Chano del pelo y lo jala, lo hace como debe ser. Nos contaba: “Yo así agarraba a los cuates que arrestaba cuando se pasaban de lanza”. La preocupación siempre fue que las cosas en la cinta fueran como son en el barrio, que no simuláramos nada.

“Es que nadie le ha dado voz a esta gente. ¿Por qué los campesinos están decidiendo tomar las armas? Felipe Calderón nos hizo creer que existe una bola de malos y que nos teníamos que armar hasta los dientes para salir a acribillarlos a todos, y la verdad es que van a salir más capos si no se resuelve el problema de origen, que quién sabe cuál sea.”

–¿La violencia urbana está descuidada por las autoridades?

–En Iztacalco no sé cuáles sean las estadísticas de criminalidad, de entrada es la delegación que más reos tiene en el DF, yo estoy seguro de que más de 50% es gente que se dedica al crimen. Es que está todo puesto para eso. Es muy difícil no ser criminal en esos lugares: Tepito, Aquiles Serdán, otros sitios de Iztapalapa, Ciudad Neza… Es más difícil marcar tu raya y no ser criminal que serlo, y eso está canijo. Ahora sí, ya con algo de conocimiento en las manos, me parece que el gobierno se está equivocando.

La finalidad de Sama es mostrar todos los problemas de la violencia, “pero quizá la clase media y los ricos van a manifestar: ¿por qué siempre la violencia?, en lugar de ver cómo es que podríamos unirnos para pensar juntos en el lío en el que estamos metidos”.

–Con estos temas, ¿qué tan difícil fue levantar la película?

–El día que dije “tengo que hacer este filme”, estaba con un amigo mío, que es el fotógrafo del proyecto, José Casillas, e iniciamos juntos todo. Él puso la cámara, y la gente que labora con él decidió trabajar gratis. Yo trabajé desde luego gratis. Éramos un grupo muy reducido; entonces, el rodaje prácticamente no costó nada.

Después, el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) le ayudó a terminarla (“no sentí que el Imcine se incomodara. Creo que es ahora cuando puede generar algo de incomodidad la franqueza que tiene el largometraje”) y deduce que aunque el equipo de Despertar el polvo se halló en situaciones muy fuertes, fueron “de mucho enseñanza”. Resalta que le queda una obligación:

“Me acercaré al barrio para abrir canales de expresión de la manera más humilde. Eso es lo que debemos hacer los artistas. A lo mejor puedo dar un taller de video, que se dediquen a esto y ya no vendan mota ni se tengan que pelear con el barrio de al lado. El arte nos permite expresar el dolor de otras formas. Eso lo voy a intentar este año a toda costa, a ver cómo ayudo para sembrar un granito de arena, porque el gobierno no lo va a hacer.”

Así termina:

“Estamos en la era de la injusticia y al gobierno no le interesamos, los seres humanos no somos realmente parte de su agenda, les interesan otras cosas. No veo que Peña Nieto se ponga en los zapatos del Chano y diga: ‘Qué vida tan dura de este señor’, no lo creo. En realidad, está la situación muy dura y hay mucho dolor.”

Despertar el polvo sólo la ha visto Chano, pero será proyectada en breve en el Campamento 2 de Octubre.

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