Combatir la violencia con música

El director sinfónico, Eduardo García Barrios. Foto: Germán Canseco
El director sinfónico, Eduardo García Barrios.
Foto: Germán Canseco

Artífice del programa de educación musical Redes en Baja California, el director sinfónico Eduardo García Barrios se integra al equipo de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, quien lo nombró director del Sistema de Coros, Orquestas y Ensambles el mes pasado. Su misión: llevar la música por el país como opción para alejar de la violencia a niños y jóvenes

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Cuando hace más de 25 años el director de orquesta Eduardo Mata conoció el sistema de orquestas infantiles y juveniles de Venezuela, dirigido por José Antonio Abreu, escribió emocionado al entonces secretario de Educación Pública, Miguel González Avelar, para contarle la experiencia. Al poco tiempo comenzaron a crearse en México las primeras agrupaciones, bajo la coordinación del director Fernando Lozano.

El programa, que alcanzó a crear orquestas en cada delegación política del Distrito Federal y en varias entidades del país, inició su declive con la llegada a la presidencia del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de Sari Bermúdez.

Ahora con el nombramiento, el pasado 22 de marzo, de Eduardo García Barrios como director general del Sistema de Coros, Orquestas y Ensambles (Programa Nacional de Fomento Musical), el proyecto se reactivará como parte de las acciones de prevención del delito, combate a la violencia y reconstitución del tejido social del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Pero, ¿puede una orquesta acabar con la violencia en una colonia?, se pregunta el propio García Barrios, egresado del Conservatorio Tchaikovski de Moscú y fundador de la Sinfonieta de Moscú y la Orquesta de Baja California (OBC). Y responde sin empacho:

“Lo dudo. Lo que sí se puede con una orquesta de 120 niñas y niños, más un coro de 80, es crear una opción de uso del ocio alucinante. Y no sólo van a usar su tiempo esos 200 niños, vas a involucrar al primer círculo que los rodea en una actividad que les levanta la autoestima de manera impresionante, que les da una visión y un camino de capacidades. Eso está demostrado.”

Afirma que existe un estudio, próximo a publicarse, sobre el caso Redes 2025, mediante el cual creó orquestas infantiles y juveniles, en Tijuana, Baja California, en donde dirigió tanto el Centro de Artes Musicales como la OBC. Estas experiencias fueron determinantes para que el actual presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, lo invitara a integrarse a su equipo.

A decir del director, el estudio muestra cómo cambia la vida de los niños, y hasta su manera de pensar, quieran o no ser músicos en el futuro, cuando se les da la opción de hacer un trabajo colectivo. El resultado impacta también a la gente que “se conmueve” de ver la fuerza “visual y energética” de 120 niños, más un coro, tocando juntos. Y replantea la pregunta:

“¿Puede contribuir esto? ¡Claro que puede! ¿Va a terminar con la violencia? No, porque al mismo tiempo debe haber otros programas que enlacen el trabajo; pero desde nuestra perspectiva, para la lucha contra la violencia la opción que podemos dar es musical y sería genial lograr cinco orquestas en cada barrio.”

Si bien Venezuela y Colombia avanzaron en su lucha contra la delincuencia incluyendo programas y proyectos culturales, la pregunta es si basta con dar una opción a un niño, a quien de cualquier forma no se le modifican las condiciones de su comunidad a veces carente de recursos o con otros problemas. En Medellín, dice, se hizo todo un plan con 27 escuelas de música, teatro, bibliotecas, programas sociales, de desarrollo y hasta de pavimentación, “es un combinado de elementos y eso hay que entenderlo perfectamente”.

–Le toca a usted una parte. Para tener éxito ¿tendrá que plantearle a la cabeza, Rafael Tovar en primera instancia o al mismo Peña Nieto, que no basta con darle un instrumento a un niño?

–Creo que hay claridad total al respecto. La transversalidad será un principio fundamental y obviamente hay un programa transversal que en su momento será anunciado por el presidente y por el licenciado Tovar.

No copias al carbón

 

Fue en la visita que el titular del Conaculta hizo a Tijuana, acompañando a Peña Nieto, cuando se le invitó a encabezar este proyecto. Considera que coinciden en el concepto de trabajo para la comunidad a través de la música:

“Para mí Baja California fue una posibilidad maravillosa de hacer coincidir mi pensamiento musical, mi ser como artista, como músico, con mi pensamiento ideológico-filosófico de una manera totalmente integral. Se rompió la línea entre el ser artista, maestro, promotor y estar en la comunidad, porque era una unidad. Es el sentido del trabajo que quiero hacer con el equipo de Fomento Musical.”

–¿Cuáles son los conceptos en los cuales coincide con Tovar?

–Me refiero a algunos puntos específicos: la cultura se teje de abajo para arriba a partir de la comunidad misma, sus necesidades, valores, riqueza y posibilidades. Y hay que escuchar a la realidad y empezar a construir ahí donde hace falta y con los elementos presentes.

Agrega que en el caso específico del trabajo que desarrolla, consideran a la música como una herramienta poderosa para hacer comunidad, formar grupo, dar identidad, fortalecerla y crear conciencia colectiva, disciplina, trabajo horizontal. Todo ello beneficia a los niños y a su entorno que es, en primera instancia, su familia que devendrá en nuevos públicos.

–¿Y es posible replicar un modelo que fue exitoso en un punto específico del país, pero con diferencias culturales con otras regiones?

–¡No! No se busca una réplica mecánica, me parece muy importante que lo entendamos: cualquier réplica mecánica tiene como destino fallar. En Baja California se hicieron descubrimientos muy bajacalifornianos de formas de trabajo.

En este sentido, menciona que recibieron recursos del Programa Hábitat de la Secretaría de Desarrollo Social, para hacer una orquesta comunitaria. Se planeó en las colonias Libertad, Valle Vista, Granjas Familiares y Matamoros, pero ninguna contaba con un salón para reunir a cien niños. Así se optó por formar en cada una secciones musicales: ensamble de maderas, cuerdas, percusiones y metales. Y se reunían los sábados en el Centro de Artes Musicales para hacer los tuttis, e integrar una sola orquesta. Esto podría funcionar en algunos sitios, en otros definitivamente no.

Subraya entonces que se trata de reproducir sólo el espíritu, como sucede con el Sistema Venezuela: no puede repetirse en México pues los venezolanos son caribeños; pero sí puede replicarse el espíritu social, ciertas líneas metodológicas, algunos descubrimientos en la enseñanza colectiva y comunitaria de los instrumentos.

García Barrios dice desconocer las razones por las cuales el programa inspirado en Venezuela no recibió el mismo impulso en las administraciones panistas, pues “yo estaba fuera de este ámbito”. Pero considera que no sólo bajó el presupuesto sino también pudo ser que el modelo no siempre tuvo éxito en la realidad mexicana o no hubo el tiempo para consolidarlo.

Fue hace unos cuatro o cinco años cuando en la administración de Sergio García Ramírez en Fomento Musical, se intentó recuperar el concepto ya con tendencias a la profesionalización de los jóvenes y no sólo para formar “muchachos sanos, no músicos”, como decía Lozano en su época.

Se le pregunta si fue un error no considerar desde un inicio la profesionalización, quizá dejando pasar algunos talentos, cuando en Venezuela tienen casi como un emblema al director Gustavo Dudamel:

“Entiendo perfectamente. El éxito del Sistema Venezuela no es Dudamel; Dudamel es un producto del éxito del sistema… Él es una naturaleza excepcional, simple y sencillamente, pero no te imaginas la academia de directores buenísimos que hay, de violinistas y chelistas, y cada vez en niveles más poderosos y más fuertes. En el ámbito del quehacer musical profesional, Venezuela demuestra que lo social y lo académico no están peleados.”

Menciona como parte de la metodología hacer que los niños toquen grandes obras clásicas desde el inicio, no “música simpatiquita”, sino Beethoven, Brahms, con arreglos apropiados a su nivel, que estén en contacto con “la gran música de todos los tiempos desde el barroco hasta el contemporáneo”. Luego, hacerlos trabajar con disciplina y puntualidad sin restarle alegría y gozo, y hasta vestirlos bien para que se sientan parte “de este ritual maravilloso que es el arte”.

“Si los llevas de esa manera y les das ese reconocimiento, quizá el 80% no vaya a ser músico. ¡Y qué!, la música no sólo es para los músicos, es para todo el mundo; pero el otro 20% es una gran responsabilidad y debemos ser cuidadosos. Porque si detectas como talento a un niño de ocho años, debes crearle el camino hasta que termine su carrera y eso cuesta y no podemos dejar de pensar que éste es un proyecto a largo plazo.”

Competencias

 

García Barrios precisa los propósitos del programa comunitario:

Contribuir, sin mesianismos, a la recomposición del tejido social desde la comunidad a través de la música, en las grandes agrupaciones musicales; detectar a los talentos y contribuir a la creación de un camino que los lleve de la orquesta comunitaria a la profesionalización, e incorporar dichos talentos a la Orquesta Escuela Carlos Chávez.

Esta orquesta adopta este nombre a partir de ahora. Es un programa de educación musical profesional de licenciatura, por el sistema de competencias. Ya egresaron 2 jóvenes que ahora cursan su maestría en Francia y tienen 117 de 146 como pasantes. La agrupación continuará ofreciendo conciertos en la Sala Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes, como parte de sus actividades artísticas, pero también de su formación académica.

Una vez que egresen de esta orquesta, los jóvenes habrán de incorporarse a los grupos profesionales, aunque admite García Barrios no existe el número de orquestas que debería haber “para el tamaño del país”. Y es que no se ha logrado dar a la música y a la cultura el estatus debido. Para él no sólo es un problema nacional, dice que cuando se pregunta para qué sirve la música, la respuesta en el mundo sigue siendo: ‘Pues no pa’mucho’.

El director no sabe con precisión, “ni un aproximado”, el monto del presupuesto que se asignará al programa, pero asegura que los recursos vendrán de diversas instancias de los gobiernos federal y estatales. Lo que tiene claro es que para este tipo de proyectos “no hay dinero que alcance” pues irá en crecimiento la demanda. Por ahora trabaja en un diagnóstico para saber qué grupos comunitarios existen ya. Hay alrededor de 5 mil niños y jóvenes trabajando en el Sistema, de entre 7 y 18 años de edad.

En diciembre pasado, el crítico Fernando de Ita, escribió en su columna del diario El Financiero acerca de la intención de Peña Nieto de llevar el modelo del Centro Musical de Tijuana al resto del país y advirtió que el proyecto se confrontará con las orquestas juveniles Esperanza Azteca, creadas por la empresa televisiva del mismo nombre, con recursos de los gobiernos estatales a los cuales “cobra” 2 millones de pesos “por la franquicia”.

Las orquestas de la empresa de Salinas Pliego incluso han recibido recursos etiquetados por la Cámara de Diputados. De Ita refiere por su parte que Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, firmó un convenio con 22 gobernadores para formar orquestas en todo el país, y le dieron dinero “con la aquiescencia del presidente Calderón y el beneplácito de Consuelo Sáizar”.

–¿Va a competir por el presupuesto con TV Azteca?

–Quiero ser muy claro. Aquí va a haber un presupuesto para todo este Programa Nacional de Fomento Musical. Es decir, contamos con todo este recurso para las orquestas comunitarias, y sé que hay la intención de que sea un presupuesto cabal, alto, que nos permita desarrollar todo un proyecto.

Añade que TV Azteca tiene otro presupuesto y competirían sólo si se enciman los proyectos, que fundamentalmente tienen la misma metodología y trabajan con niños, sólo que la televisora cuenta con “un elemento mediático poderosísimo”. Pero confía en que el área de difusión de Fomento, les cree también una fuerte imagen.

No ve competencia; por el contrario, piensa que llegarán a trabajar con ellos compartiendo maestros o espacios, e incluso pide a la televisora poner sus cámaras al servicio de los niños de las orquestas comunitarias. Al final, pregunta: “¿cuál es la diferencia entre un niño de Esperanza Azteca y uno de una orquesta comunitaria?”

–Quizá la intención, lo que hay de fondo o detrás. Fomento quiere impulsar el desarrollo musical, de TV Azteca no se sabe…

–En última instancia no está en mí juzgarlo, lo que sí debo hacer es tender la mano y decir: ‘Vamos a trabajar juntos por ese chavo’. Si tuviste la capacidad económica de traer a un gran maestro de trombón para un curso, deja que los niños más talentosos de las orquestas cercanas puedan asistir… La actitud de Conaculta es de armonización.

A García Barrios se le vio en varias ocasiones dirigir una obra al terminar los mítines de Andrés Manuel López Obrador, era el primer movimiento de la cantata Los sueños, de Arturo Márquez.

–Su presencia hacía suponer que apoyaba a López Obrador, ¿por qué acepta trabajar ahora con este gobierno?

–¡Guau! ¡Ésa es la pregunta! –responde casi en un grito. Guarda silencio unos segundos que parecen largos, respira hondo y dice finalmente:

“La respuesta no es sencilla y no quiero ser mecánico…”

Explica que fueron varias las razones que lo llevaron a asistir a los mítines. Y cuenta que un alumno le preguntó un día: “Maestro, ¿usted es amarillo?” Repite la respuesta: No; pero sorprendido del efecto mediático para crear “conciencias o inconciencias”, consideró que debía hacer algo para expresar su inconformidad con lo que sucedía en el país en aquel momento, hace ya más de seis años. Y pasó pronto de los mítines al trabajo comunitario con la creación del Laboratorio de Investigaciones Escénico Musicales A.C., y el Coro de la Ciudad de México, integrado por gente de 17 a 85 años de edad.

“¿Por qué estoy en este gobierno? Porque la invitación que me han hecho es a trabajar con la comunidad, desde el gobierno pero con la comunidad y voy a ser consecuente –espero ser consecuente– en ese sentido. No creo que el trabajo comunitario sea partidista. Me preguntas y jamás lo voy a negar (que estuvo con AMLO)”. Por último, García Barros lo responde, así:

“A mí me invitó el embajador Rafael Tovar como artista, como promotor y como maestro, y nunca lo he dejado de ser.”

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