“Más crédito no implica mayor bienestar para la gente”: banqueros

MÉXICO, D.F. (apro).- La Asociación de Bancos de México (ABM) admitió hoy que –como ha acusado el gobierno federal– la penetración del crédito al sector privado es baja en comparación con otros países, pero replicó que un mayor crédito no necesariamente es mejor ni se traduce en un mayor bienestar para la población ni en mayor crecimiento económico.

Javier Arrigunaga Gómez del Campo, presidente de la ABM, explicó en la tradicional conferencia de prensa bimestral –primera de la nueva mesa directiva, que tomó posesión en abril durante la Convención Bancaria de Acapulco– que la experiencia internacional reciente demuestra que es incluso más pernicioso apostar a un crecimiento acelerado del crédito o que el monto de préstamos bancarios sea mayor al tamaño de la economía.

En México, admitió, la penetración del crédito es de 26% del producto interno bruto (PIB), muy por abajo del 61% de Brasil o el 71% de Chile. Y mucho más por abajo del 206% de España o el 200% de Portugal.

Respecto del primer punto, de si es mejor una mayor penetración del crédito, en términos de significar mejoría social y más crecimiento económico, Arrigunaga aprovechó, para replicar, los casos de Alemania y España.

La penetración del crédito en el primer país es de 105% del PIB y en el segundo, de 206%. Sin embargo, Alemania, con una menor penetración crediticia, tiene una economía más potente y su PIB per cápita –el indicador social más relevante– es de 44 mil dólares.

España, en cambio, cuya penetración del crédito es del doble del tamaño de su PIB, tiene una economía en bancarrota y un PIB percápita menor, de 32 mil dólares.

Y en materia de crecimiento económico, el PIB de Alemania fue de 2.7% en los dos últimos años y el de España fue negativo (-0.4%).

Respecto del segundo punto, refirió el presidente de la Asociación de Bancos de México y también director general del grupo financiero Banamex (filial del estadunidense Citigroup), que si un país tiene un sistema financiero más grande que su economía, encara mayores costos cuando hay problemas económicos o sobreviene una crisis financiera.

Es el caso, por ejemplo, de Portugal. “Si el tamaño de su sector financiero es dos veces el tamaño de su economía, el costo fiscal de la crisis, si hubiera 10% de pérdidas, sería de 20% del tamaño de la economía; si fuera 20%, sería el 40%.

En suma, reiteró, un mayor crédito como proporción del PIB no necesariamente representa una mejoría para la gente.

Por otra parte, se refirió a los perjuicios que ocasiona un crecimiento acelerado del crédito. En los años ochenta y primeros de los noventa, por ejemplo, se registró un periodo de crecimiento muy fuerte del crédito, un ritmo de 7.1 veces el crecimiento de la economía en ese periodo. A tal grado que se llegó a una penetración superior a 34.1% (contra el 26% actual) que se había alcanzado en la época del llamado “desarrollo estabilizador”.

Pero fue, dijo, un ritmo de crecimiento del crédito no sostenible. “Cuando el crecimiento del crédito es muy acelerado, sin medir o prejuzgar cuál es el nivel en que es muy acelerado, pero siete veces claramente lo es, la calidad del crédito se deteriora; en otras palabras, no puedes otorgar a estos ritmos crédito con una adecuada calidad y, evidentemente, entonces esto no es sostenible”.

En aquel periodo se llegó a 38.7% en penetración del crédito como porcentaje del PIB. Pero pasó después que vino la crisis financiera y la necesidad de sanear a los bancos, limpiarles su cartera.

“En 1995 tuvimos la crisis, y de nuevo sucede lo que veíamos en el 76 o en el 82: se quebrantan créditos, las familias y las empresas se quedan endeudadas, hay que seguir ese periodo, y volvemos a caer de 38.7 a 15.7%.

“Ese es un episodio que todos conocimos muy bien.”

No lo dijo, pero se refería sin duda al expediente Fobaproa –que él encabezaba–, mediante el cual se cargó a los contribuyentes mexicanos el costo de salvar a los bancos, que 20 años después se sigue pagando.

Arrigunaga dijo, entonces, que el actual ritmo de crecimiento del crédito es correcto y prudente, dado el tamaño de la economía.

Pero auguró, por último: “Si se mantuviera un ritmo actual de crecimiento del crédito y del PIB en ocho años –claro que esto tiene un supuesto de crecimiento del PIB de 3.5%, que esperamos que sea mayor y, por supuesto, un crecimiento del crédito tres veces superior–, podríamos llegar en ocho años a 40% de penetración del crédito como proporción del PIB”.

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