Pánico a las mujeres

Fénix, instructor de seducción. Foto: Tomada de Facebook
Fénix, instructor de seducción.
Foto: Tomada de Facebook

Le puedes decir: lígate a esa chica de allá, con seguridad lo logrará. Ya sea que la mujer camine de prisa, esté acompañada o muestre cara de pocos amigos, Alexis Vidal la cautivará con una altísima probabilidad de éxito. Por algo se dedica a impartir cursos de seducción.

El shock inspirador le llegó en 2005, después de leer el libro El Método, del periodista Neil Strauss, entonces una de las grandes celebridades de la revista Rolling Stone. Tras una vida de fracasos en las relaciones, el coautor de la biografía de Marylin Manson se adentró en la hasta entonces discreta comunidad de seductores de Estados Unidos. Tomó cursos, charlas y visitó varias partes del mundo hasta convertirse en uno los mayores maestros de la técnica de conquistar mujeres y narrarlo con magistral humor en su obra The Game, como se titula originalmente.

Fue tal el fenómeno que provocó el libro, que a nivel global miles de jóvenes desesperados y otros hambrientos de imitar la proeza comenzaron a replicar las técnicas y aventuras de Strauss. Incluso el canal VH1 produjo dos temporadas de un reality show titulado The Pick Up Artist protagonizado por Mistery, uno de los personajes de El Método, y quien había sido el principal maestro de Strauss.

Pues bien, la fiebre de El Método motivó a Alexis Vidal a mutar a “Fénix”, como ahora se hace llamar. Se obsesionó con el libro y leyó cuantas obras de seducción pudo. Las puso en práctica. Fracasó recurrentemente, pero no se dio por vencido. Al contrario, escribía sus experiencias en foros de internet, hasta que fue perfeccionando la técnica. De pronto, decenas de cibernautas le comenzaron a ofrecer dinero por aprender a ligar chicas en la calle. Así empezó a vivir de la seducción.

Alexis memorizó frases, respuestas. Sabía cómo interpretar el lenguaje corporal de las chicas. Dominó técnicas al grado de ejecutarlas con maestría mecánica, algo que le comenzó a molestar. Se percató que primordialmente se trataba de algo artificial, hechizo, y comenzó a idear recursos para conquistar a una mujer sin tener que mentir o inventar historias.

El mundo de la seducción se ha convertido en un fenómeno global similar a la Ley de la Atracción, guardando las justas proporciones. Abundan videos en Youtube, personas que ofrecen cursos en línea, bestsellers y hasta largometrajes. No obstante, en México este fenómeno apenas comienza. Hay muy pocas personas o compañías que se dediquen a este rubro.

En el curso inicial de LifeStyle (www.avenfenix.com), como se llama la empresa de Vidal, con duración de tres días y costo promedio de 5 mil pesos, se inscriben hasta 20 personas. Asisten desde empresarios y dueños de restaurantes, hasta estudiantes de preparatoria. A simple vista, parecen hombres comunes, sanos, que no tendrían problemas en encontrar una pareja. Alexis les pide contar su historia y el por qué están ahí. Así comienzan los relatos dramáticos de decepciones amorosas. Uno no supera su divorcio, otro más siempre se ha sentido feo, aquel es inseguro por ganar poco dinero y al de allá lo intimidan las chicas. Después de escucharlos, “Fénix” les dice cuál es su verdadero problema. Eres un tanto afeminado, le suelta a uno. Eres muy impotente, le declara a otro. Te vistes muy mal, le hace ver a uno más.

Asistí a uno de sus cursos. Escuché el testimonio de un cuarentón empático, amable. Con voz apenas perceptible, aguda, como un chillido silencioso. Muy bajito de estatura. Viajó desde España para tomar el taller. Contó que casi llegaba a sus cincuenta y quería ser padre, pero no tenía éxito con las chicas debido a su timidez. Después de confesar su situación, le brotaron lágrimas de desesperación.

Le pregunto a Alexis cuáles son los problemas recurrentes de sus alumnos. Responde: “La mayoría de ellos ha sufrido una relación fallida y tiene esa herida muy presente, si la chica los lastimó, ellos recuerdan eso todo el tiempo. Muchos se consideran incapaces en el sentido de que no saben qué decir, cómo acercarse, pero yo creo que de alguna forma es una equivocación, yo les enseño que no necesitan saber qué decir antes de acercarse a una chica”.

En el taller que me tocó presenciar, Alexis llevó a una chica muy atractiva para que los asistentes practicaran. Si bien se trataba de un ejemplo artificial, con alto grado de confort, la mayoría caía en pánico. Fénix ponía escenarios hipotéticos: ella está en el parque, sentada, ustedes le van a hablar. Ellos tartamudeaban, intentaban ser seguros pero terminaban ofendiendo a la chica o diciendo alguna estupidez.

Todos se daban ánimos, como si se tratara de un club de autoayuda. En los pasillos comentaban entre sí que en el pasado habían tenido alguna novia, pero no se habían repuesto de una decepción amorosa. La mayoría tenía en común que llevaba largas temporadas de no haber salido con una mujer, había algunos a quienes les iba muy bien, pero querían ser mejores, dominar el arte del ligue.

El curso es tan diverso como la sociedad mexicana. Hay hombres con relojes lujosos que pareciera no sufrieron por pagar el costo del taller o universitarios que lavaron coches durante meses para reunir el dinero.

- En las calles hay muchísima gente, abundan hombres y mujeres, pero uno regresa a casa y está solo – le comento durante una entrevista.

- Pienso que es una muestra de la corrupción de la sociedad, en el sentido de que es más fácil meterte en la computadora que hablarle a una chica y superar ese miedo. Es más fácil quedarte en tu casa viendo la tele, acostado comiendo papas fritas que ir a un gimnasio, ir a una fiesta, ir a bailar, pero no es porque la gente lo quiera así, sino que se van sumergiendo en esa inercia de hacer las cosas más fáciles.

Al segundo día Fénix cita a sus alumnos en una plaza pública. Les pide llegar en horarios diferidos. El ejercicio es simple: él mostrará que puede ligarse a cualquier chica, la que el alumno quiera, después tratarán de hacerlo juntos y finalmente el alumno solito.

Ese día vi que había una chica con una belleza intimidante caminando junto a un señor canoso que parecía ser su padre. Ese es tu reto, le dije. Él se acercó a ella con frescura, suelto, como si no conociera la palabra nerviosismo. Con buenos modales, le preguntó al señor si era su papá,  éste lo negó, era sólo su chofer. La mujer resultó ser estudiante del Centro de Educación Artística de Televisa. Él notó su acento extranjero, era venezolana. A partir de ahí platicó con ella sobre lo difícil que es adaptarse a la ciudad (él es de Jalisco). Con ese tema en común, charlaron unos minutos. La hizo sonreír mucho. Finalmente acordaron ir al teatro pronto y ella le dio su teléfono.

Proezas similares cometió frente a sus alumnos, quienes no dejaban de estar asombrados de sus habilidades para interactuar con las mujeres. Sin embargo, cuando les tocaba a ellos, entraban en pánico.  Dudaban una y otra vez acercarse a una mujer. Se arrepentían. Dejaban pasar a las chicas. Alexis incluso llegó a empujar a uno para que no tuviera escape.

- A los hombres nos han bombardeado con imágenes de mujeres físicamente perfectas, como si obtenerlas fuera un premio, un sinónimo de que alcanzamos el éxito, la hombría –le expongo.

- Pasa demasiado, hay muchos complejos, también por eso las chicas quieren estar tan delgadas y quieren alcanzar esos estereotipos, que realmente pasan porque estamos educados así por la televisión. La mayor parte de la sociedad no le da tanta importancia a los valores de una persona, a la inteligencia de una persona, pero en cambio es más fácil llegar con tus amigos y presumirles la foto de la chica con la que sales, que está muy guapa, que tiene muy bonito cuerpo, que esté imponente, a que les digas los libros que lee, cuanto le ha costado crecer en su vida, el éxito que ha tenido, sus valores.

- Algún detractor podría refutarte que lo que haces es de una ética cuestionable.

- Yo creo que incluso las chicas se benefician de esto, ellas quieren a hombres más expresivos, a hombres más guapos, a hombres más cuidados, más seguros, ¿me explico?, y por otra parte esto ocurre en los dos lados, las chicas también utilizan las técnicas para ligarnos, usan maquillaje, por ejemplo, ropa entallada para verse más bonitas. Nosotros también podemos hacer lo nuestro.

Al tercer día del curso y después de haber practicado el día anterior por horas, los alumnos lucen radiantes, confiados de sí. Muchos de ellos ya obtuvieron varios teléfonos. Se forma una hermandad cómplice, como un grupo de adictos que en 48 horas se ha rehabilitado.  Recobraron la esperanza: el pánico a las mujeres se diluye.

El boom de la seducción sólo se puede explicar en una sociedad tan exigente como en la que nos hemos convertido. Hay que estudiar maestrías, ser un corredor profesional, comprar ropa bonita, ir al gimnasio, no ser enojón, ni muy celoso, estar actualizados en información y leer para no ser ridiculizados por un anuncio de la librería Gandhi.

Abundan páginas para conocer personas, clubs dedicados a encontrar relaciones emocionales y hasta empresas para concretar matrimonios. La era donde para todo hay que tomar un curso, incluso para encontrar el amor.

Es paradójico que las ciudades cada vez estén más pobladas, repletas de gente, de automóviles, de opciones para divertirse, pero uno regrese a casa sintiendo una cruda soledad. El asilamiento huérfano de esta modernidad.

 

www.juanpabloproal.com

Twitter: @juanpabloproal

 

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