Alemania: El llamado “desesperado” de Norma Andrade

Malú García y Norma Andrade en la ciudad de México. Foto: Octavio Gómez
Malú García y Norma Andrade en la ciudad de México.
Foto: Octavio Gómez

BERLÍN (apro).- Desde hace año y medio Norma Andrade no experimentaba la sensación de caminar sola por la calle sin sentir miedo. Incluso en el Aeropuerto de Barajas, Madrid, mientras esperaba el avión que la traería a Alemania, la cofundadora de Nuestras Hijas de Regreso a Casa no dejaba de sentirse inquieta. Una vez que pisó suelo alemán logró relajarse un poco y enfocar energías para transmitir el mensaje que quiere dejar en este lado del mundo: Que en Chihuahua siguen desapareciendo mujeres y el gobierno mexicano sigue sin tomar en serio la gravedad del asunto.

El pasado jueves 20, la activista mexicana, cuya hija Alejandra fue secuestrada y asesinada en Ciudad Juárez en 2001, recibió junto con Marisela Ortiz el premio Alice Salomon 2013, que la Escuela de Estudios Superiores Alice Salomon de Berlín otorga a mujeres que luchan por la emancipación de su género y trabajan en condiciones adversas.

Al recibir el galardón, Norma Andrade hizo un llamado “desesperado” a toda la sociedad para que, desde su ámbito, apoye la lucha que emprendió desde hace más de 10 años para encontrar y castigar a los asesinos de su hija y de cientos de mujeres en Ciudad Juárez.

“A la fecha estos crímenes están impunes y a las mujeres desaparecidas nadie las busca. Los asesinatos y desapariciones continúan sin que hasta el momento haya responsable alguno. Dejemos de ser cómplices de esta situación. Hacemos un llamado desesperado a todo aquel que su conciencia le indique a hacer un mínimo esfuerzo por apoyar esta lucha en contra del feminicidio que parece no tener fin. Cada uno desde sus ámbitos puede participar. Ustedes pongan los límites”, dijo ante un auditorio abarrotado que le brindó un largo aplauso.

Y es que si bien el caso de las mujeres asesinadas en Juárez ha conmocionado e indignado al mundo entero desde hace décadas, los feminicidios en esa ciudad fronteriza no cesan.

“El fenómeno no ha dejado de existir. Por el contrario, ha aumentado. Estamos hablando de que ahora se pierde como mínimo una joven por semana, y todas dentro de un mismo sector. Sabemos ese dato porque las madres y las familias llegan con nosotros a pedir ayuda. Y nos referimos sólo al número que nosotras conocemos, pero ¿cuántas hay que se desconocen? ¿Cuántas tienen que ser para que el gobierno diga ya basta? ¿Cuánto es mucho para ellos?”, puntualiza Andrade en entrevista previa a la entrega del premio.

De acuerdo con datos de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, la desaparición de mujeres se ha incrementado considerablemente desde 2008. Un factor que habría contribuido a ello fue la intensificación de la violencia provocada por el narcotráfico, que de alguna manera funcionó como cortina de humo para que las bandas que cometen los feminicidios operaran con mayor libertad.

Según la organización, las colonias aledañas al centro de la ciudad son el sector preferido de los criminales para levantar a sus víctimas: Francisco I. Madero, Altavista y Fronteriza baja.

“Cuando comenzó la violencia del narcotráfico en Ciudad Juárez fue tan grave que entonces los demás conflictos comenzaron a diluirse. Y no es que redujeran o desaparecieran, simplemente se eclipsaron por el incremento de la violencia del narco. Pero jóvenes desaparecidas las sigue habiendo todo el tiempo. Si tú vas allá y hablas con los papás, los encuentras del 2005, 2006, 2008, 2010…Incluso ahora se siente más el problema, porque se pierden más seguido. Desde 2008 tanto la violencia como la desaparición de mujeres se intensificaron. Y quienes lo hacen aprovechan la coyuntura que hay en contra del crimen organizado para operar con mayor libertad”, asegura Andrade.

Con dos intentos de asesinato en su contra, la activista se ha resistido a dejar el país. Incluso, dice, ya se arrepintió de haber dejado su natal Ciudad Juárez. Eso sucedió después de que en diciembre de 2011 un hombre le descargara, a menos de un metro de distancia, cinco tiros en el cuerpo. El primero le entró por el pecho y se quedó alojado a 10 grados del corazón. El segundo le perforó la mano y los otros tres dieron en el hombro.

En febrero del 2012, ya en el Distrito Federal, fue víctima de un segundo ataque cuando un desconocido intentó apuñalarla.

“Entonces recibí una oferta de asilo para España, pero no la tomé. Si estando todavía dentro de México me quiero devolver a Juárez, ¡imagínate fuera! La verdad es que es muy difícil dejar las raíces de uno. Todo esto es muy duro. No me adapto y quizá no acepto mi situación. Extraño todo: a mis hermanas, el hombro en el que uno lloraba, y hasta el calor seco de la ciudad extraño”, dice con un dejo de melancolía en su mirada.

Refiere que tanto ella como sus dos hijos –que en realidad son sus nietos, hijos de Alejandra– la han pasado muy mal y los tres se encuentran en tratamiento psicológico.

Desinterés gubernamental

Desde la fecha del primer atentado, Andrade vive con incapacidad, debido a que no ha logrado recuperar la movilidad del brazo izquierdo y ello le impide reincorporarse a su trabajo como maestra de primaria.

“Mis dos hijos y yo vivimos de mi sueldo y de la generosidad de un alemán que al enterarse de mi caso realizó un donativo del cual he vivido todo este año”, revela.

–¿Cuál es su límite? –se le pregunta.

–No tengo límite. Luego del atentado hubo quien pensó que eso me detendría, pero no. El día en que mis hijos me enfrenten y me pregunten qué hice para encontrar al asesino de su mamá, yo quiero decirles que dediqué mi vida a ello –responde sin titubeos.

La decisión de Andrade parece inquebrantable. Anunció que junto con sus abogados evalúa llevar el caso de su hija a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde acusará al Estado mexicano y también abogará por otros casos.

“El gobierno mexicano está insensible. La nueva administración de Enrique Peña Nieto tampoco tiene interés. Los hemos buscado, les hemos pedido apoyo y no hay respuesta”, dice.

Tanto Andrade como el profesor Johannes Kniffki, coordinador del Programa Internacional de Trabajo Social de la Escuela de Estudios Superiores Alice Salomon, coinciden en que la muestra más simple de ese desinterés es la respuesta que recibieron de parte de la embajada mexicana en Berlín cuando se le invitó a asistir al evento.

“La respuesta oficial fue que no hay embajador y que, además, a partir del 19 de junio el personal se encuentra de vacaciones. Para no creerse”, señala Kniffki.

“El mensaje es claro: falta de interés. Hombre, si estoy viendo que una mexicana va a recibir un reconocimiento ante un problema tan serio como son las muertas de Juárez, cuando menos me acerco a ver qué está pasando, y si el embajador no puede asistir porque no está o tiene otros compromisos, cuando menos se envía a un representante, pero queda claro que el tema y la causa no interesa al Estado mexicano”, concluye Andrade.

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