Michoacán: la disputa de todos los cárteles

No ceden ante el Ejército los grupos de autodefensa en Michoacán. Foto: AP /  Gustavo Aguado
No ceden ante el Ejército los grupos de autodefensa en Michoacán.
Foto: AP / Gustavo Aguado

Michoacán está inundado de violencia, de narcolaboratorios, de cárteles. Se lo disputan Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, el de Sinaloa, el del Golfo, Los Zetas y los Beltrán Leyva. Lo quieren porque es la puerta de entrada a los precursores químicos y la salida hacia el norte; porque controlarlo es tener un pie en Jalisco y por su geografía, que permite esconder plantíos y “cocinas” de crack.

MORELIA, MICH. (Proceso).- Todos los cárteles quieren a Michoacán. Debido a su ubicación, que permite la entrada y salida al Pacífico por los puertos de Lázaro Cárdenas (y su cercanía con Manzanillo, Colima), así como el paso al Bajío y norte del país por la red de carreteras, esa entidad se ha convertido en una de las plazas más peleadas por Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), aunque también han metido sus manos el Cártel de Sinaloa, Los Zetas, el Cártel del Golfo y los Beltrán Leyva.

En los municipios de las regiones Tierra Caliente y Costa –en los que recientemente han surgido grupos de autodefensa ciudadana– se concentra el mayor número de laboratorios de droga química. Michoacán ocupa el primer lugar del país en la presencia de ese tipo de laboratorios, conocidos como “cocinas”.

 

El dominio de Los Templarios

 

De acuerdo con un estudio oficial al que Proceso accedió, Los Caballeros Templarios –fundados por Nazario Moreno El Chayo, El Doctor o El Dulce– es el principal cártel en la entidad. Controla 41 de los 113 municipios del estado. Sin embargo, su presencia se ha debilitado el último año ante el embate de los integrantes de La Familia y el CJNG.

En 2012, los templarios llegaron a controlar 81 municipios, que colindaban incluso con Guerrero y Guanajuato, pero la pelea constante con los otros dos cárteles y el surgimiento de los grupos de autodefensa en Tierra Caliente y la Meseta purépecha los obligaron a ceder terreno, de acuerdo con reportes de inteligencia.

La guerra por el control de los territorios michoacanos entre los límites de Jalisco, Colima, Guanajuato y Guerrero se puede dimensionar a partir del número de muertos: de junio de 2013 a la fecha se han perpetrado 415 homicidios dolosos, de los que 223 han sido cometidos con armas de fuego, según fuentes de la Procuraduría de Justicia del Estado de Michoacán (PGJEM).

En un estudio realizado por Octavio Ferris –agente de inteligencia federal certificado por la DEA, el FBI y la PGR–, se explica que Los Caballeros Templarios, cuya cabeza visible es Servando Gómez La Tuta, tienen una organización “espejo” de la PGJEM.

“Los Templarios están divididos, igual que la Procuraduría Michoacana, en siete subregiones, cada una de ellas con su jefe. Aunque hace un año y a principios de 2013 controlaban 81 municipios, hoy solamente tienen poder en 41 de ellos, los más importantes de la entidad, incluyendo Morelia, donde manda Luis Valencia Alzate El Chuky, El Tarasco o El Gallo.”

Según este diagnóstico, otros de los cabecillas de esta agrupación son Gregorio Abeja Linares El Güero, en Zitácuaro; en Uruapan está Omar Tafolla Rodríguez El Gory y Pablo Magaña Serrato La Morsa; mientras que en Apatzingán están las principales cabezas del grupo: Enrique Plancarte El Kike, Dionisio Loya Plancarte El Tío, Servando Gómez Martínez La Tuta y Rigoberto Rentería Andrade El Cenizo.

Mientras, La Familia Michoacana –cuyo líder es Chuy Méndez, hermano de El Chango Méndez– controla 18 municipios de la entidad, varios del Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo y Querétaro.

Nueva Generación manda en 13 demarcaciones, entre las que destacan Jiquilpan y La Piedad, en los límites de Michoacán con Jalisco y Guanajuato.

Aunque ahora se nota más la presencia de los grupos por la pelea del territorio, el crimen organizado ya estaba en el estado desde hacía tiempo. Cuando Lázaro Cárdenas Batel era gobernador del estado (2002-2008) reconoció que las redes del narcotráfico estaban enquistadas en la sociedad desde hacía varios años (Proceso 1510).

El mandatario perredista incluso manifestó a este semanario su preocupación por la existencia de casos, difíciles de probar, de alcaldes o autoridades municipales menores que presuntamente recibían dinero del narcotráfico.

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1917 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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