Marcha de las Putas repudia violencia contra las mujeres

MONTERREY, N.L. (proceso.com.mx).- “¡Saquen sus rosarios, de nuestros ovarios!”, corearon en repetidas ocasiones frente a la catedral de Monterrey unas 300 personas que participaron la tarde del sábado en la Marcha de las Putas 2013, convocada por diversas organizaciones civiles locales.

En la fachada del recinto católico más importante de Nuevo León se reunieron hombres y mujeres que, con gritos y pancartas, demandaban a la sociedad atender la violencia hacia las mujeres, que parece haberse convertido en asunto cotidiano en el que no repara la justicia.

En la calle, frente a la iglesia, estaba Melisa García, artista visual con los senos al aire, portando una manta en la que decía que, en ese momento, ejercía su derecho a mostrar los pechos en público. También estaba el transgénero Aruba Nájera, con un llamativo hábito rojo de gasa transparente, con una cruz de plata cosida sobre el torso, que dejaba ver sus pechos puntiagudos y el calzón gris como una prenda interior.

Portaba unas hojas de papel dobladas en forma de Sagradas Escrituras que en el reverso decía: “La Biblia dice que debes ser puta”.

Los transeúntes y conductores observaban curiosos las manifestaciones contra las agresiones al género, en las que abundaban mujeres vestidas de negro, en minifalda, escotadas, con medias de encaje y tacón alto, grotescamente maquilladas para parecer prostitutas.

Sus atuendos, como lo aclararon, eran una provocación al público, en particular para los varones, para que vieran cómo ellas se sienten cuando son insultadas con ultrajes verbales en forma de piropos y galanterías lascivas.

Dos de ellas vistieron brasier, calzón y batas transparentes. Pero además se adhirieron pelo entre los senos, como una manera de expresar la transgresión abusiva de los hombres a su feminidad.

Muchas de ellas se dibujaron en el antebrazo dos semicírculos con puntos gemelos que representaban unos senos femeninos, la parte que más atrae a los hombres de ellas, explicaban las que trazaban el emblema.

Esta segunda marcha de las putas convocada por 11 agrupaciones locales, partió de la plaza La Purísima, en el primer cuadro de la ciudad, a las 18:45 horas.

El contingente avanzaba bajo el sol pelado de 35 grados, custodiado por varios motociclistas armados de la Policía de Monterrey y guiado por agentes de tránsito de la localidad.

Avanzaron por la calle Hidalgo y se desviaron por Ocampo para estacionarse frente  la Procuraduría de Justicia de Nuevo León.

Frente al edificio, cuatro chicas se tiraron y representaron un performance de muertas, con tiras de papel sobre el abdomen, en las que estaba inscrita la leyenda No Nombre, como una forma de expresar su frustración frente a la indiferencia de las autoridades, que ve a las mujeres violadas como una estadística.

“Primero se interesan en nuestro pasado, antes de investigar”, dijo en un alta voz Ana González, dirigente del colectivo Mujeres de Botas.

Luego, los presentes colocaron en la pared, donde destaca el nombre de la dependencia, una cartulina blanca con la leyenda “clausurado”, para reprobar simbólicamente a la dependencia que procura la justicia en Nuevo León.

La marcha siguió hacia el oriente, por la avenida Ocampo. Aruba, sacrílega, se introdujo en el patio lateral de la iglesia San Luis de Gónzaga, en la esquina de Hidalgo y Cuauhtémoc y posó provocadora para los fotógrafos, exhibiendo su remedo de Biblia.

El contingente entró al Paseo Peatonal Morelos, el corredor comercial más concurrido del área citadina, atestado a esa hora del sábado.

Los clientes y oferentes miraban sorprendidos al desfile multicolor en el que estaba una mujer semidesnuda y otras disfrazadas exigiendo dignidad, y trato igualitario.

“¡Pucha por pucha, mujeres en la lucha!” y “¡Oye, cabrón, no me gusta el arrimón!”, coreaban ellas, mientras la gente las veía pasar con sonrisas de sorpresa.

Entre la multitud se leían cartulinas que decían: “El doble sentido es para las calles”, “Quien ama no mata, no humilla, no maltrata”, “Libre no es fácil”, “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”.

Una chica que circulaba en bicicleta con pantalones cortos diminutos traía en una de las piernas inscrita la leyenda: “Tengo calor, no te coqueteo”.

La marcha llegó, sin incidentes, a la Catedral y después cruzó la calle para colocarse frente al Palacio Municipal de Monterrey.

Ahí, las mujeres leyeron un pliego petitorio en el que demandaron a las autoridades de todo el país respeto y justicia para las mujeres que son objeto cotidiano de violencia ante la indiferencia oficial y de la sociedad.

Concluyeron su discurso: “Hoy las presentes estamos aquí para dejar en claro que no estamos dispuestas a continuar sometidas en este régimen. ¡No más! ¡Asumamos responsabilidades para el cambio: respeto genuino, igualdad y justicia ante la ley! ¡Cambiemos la cultura patriarcal que han promovido!”.

A las 20:00 horas, frente al recinto del poder municipal fueron colgadas dos piñatas singulares, una de ellas en forma de vagina, y otra en forma de gran gota de sangre.

Los asistentes las abatieron a palos.

A las 21:00 horas se desintegró la manifestación.

Convocaron a esta marcha el Colectivo Mujeres de Botas; Comunidad Metropolitana, AC; Diálogos en Confianza: Grupo de Mujeres y Hombres Trans COMAC; Ellas Arriba: Formación de liderazgos políticos de mujeres en la frontera norte de México; ICM de México, AR; Las Juanas. Mujeres Bisexuales, Lesbianas y MsM; Mujer x Mujer; Nuestra Voz; Panochaz Chichimekaz; Tertulia Feminista, y Zihuakalli: Casa de las Mujeres Indígenas en NL., AC.

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