La caída de la Casa Blanca: Una crítica endeble

Imagen de la película.
Imagen de la película.

MÉXICO, D.F. (apro).- La nueva cinta del director Roland Emerich es quizá una de las mejores de su carrera, lo cual no evita que esta cinta taquillera sea una de las peores del 2013.

Con todo y su esencia comercial y sus efectos a granel –que intentan disimular las imperfecciones de la trama –, La caída de la Casa Blanca (The White House Down, EU-2013) tiene un fuerte mensaje político: Es la historia de la decadencia política de Estados Unidos, donde aquellos que dirigen al país poseen un fuerte deseo por hacer la guerra.

La historia gira en torno a Cale (Chaning Tatum), un exsoldado que trabaja como escolta de un alta funcionario de la Casa Blanca; Cale tiene problemas para relacionarse con su hija Emily (Joey King), quien es fan del presidente afroamericano en turno, Sawyer (Jamie Foxx).

Cale aspira a convertirse en escolta del Presidente, lo cual podría hacerle recuperar el cariño de su pequeña. El día de su entrevista de trabajo en la Casa Blanca, Cale llevará a su hija con él como un primer paso para mejorar su relación; desgraciadamente, es el día de un aplastante ataque terrorista a la sede del ejecutivo.

Casualmente, el único que podrá rescatar al presidente es Cale, no su cuerpo de seguridad, sino un exsoldado con problemas de disciplina e incluso algo mediocre. Claro que a la hora de la verdad, este muchacho reacciona como los mejores.

Balazos, explosiones, chistes simplones (uno que otro chistoso), brincos, golpes y patadas son la constante; por momentos entretenida pero básicamente palomera, sin méritos para pagar un boleto de sala por ella.

Detalle curioso: El Presidente encarnado por Jamie Foxx, afroamericano como Barack Obama, presume de sus convicciones antibélicas y lucha contra sus colegas ansiosos de someter a otros países por medio de la guerra. En la vida real, en vísperas con el conflicto con Siria, Obama, quien se ganó el Nobel de la Paz en 2009, ¿presumirá de lo mismo?

Otro detalle curioso: Si Oliver Stone hubiera hecho una crítica similar a su gobierno, la película tendría un interés mediático mayor, pero como quien la hace es Roland Emmerich, un director “poco serio”, su mensaje no será polémico en lo absoluto.

Comentar este artículo