Occupy Wall Street: Dos años después, una red que se diversifica

Una de las protestas en Wall Street. Foto: Alejandro Saldívar
Una de las protestas en Wall Street.
Foto: Alejandro Saldívar

MÉXICO, D.F. (apro).- El pasado 17 de septiembre se cumplieron dos años de la ocupación, por parte de miles de jóvenes, del parque Zucotti, en el corazón financiero de Estados Unidos: Wall Street.

Al poco tiempo, los llamados “ocupas” colocaron como tema central de su discurso la desigualdad económica y social. Se hizo así famoso su lema: “Somos el 99%”.

Ahora ya no ocupan grandes plazas. Fuera de los noticieros más importantes de Estados Unidos, los activistas han decidido hacer otro tipo de labor.

Nathan Sneider, periodista que cubrió desde el primer momento al movimiento para diarios como The Nation, relata que hoy existen redes de activistas en todo el país que continúan trabajando en una variedad de asuntos, mayoritariamente de índole comunitario.

“Tienen menos atención que cuando ocuparon un parque cerca de Wall Street”, opina Sneider, “pero es un paso necesario para crear un movimiento más robusto”.

Y añade: “Hay un anhelo de estructuras efectivas de coordinación y toma de decisiones”.

Rebecca Manski, encargada de prensa del movimiento, detalla que a dos años de la ocupación del Parque Zucotti los ejemplos organizativos de Occupy Wall Street se tejen en distintos campos.

Existe, por ejemplo, Strike Debt, proyecto que se empeña tejer una red con el objetivo de crear una especie de “Sindicato de Deudores” capaz de lanzar una huelga de pagos. También Rolling Jubilee, que compra las deudas de las personas y luego las abole. Y It´s Our Economy, un proyecto que busca democratizar la economía y redistribución del ingreso.

Continúan activos también Salud para el 99%, integrado por doctores y enfermeras; Occupy Faith (Ocupa Fe), centrado en crear reflexiones éticas sobre política; Occupy the Pipeline (Ocupa el Gaseoducto), que trabaja con asuntos de combustibles fósiles y cambio climático en Nueva York; y Haciendo Mundos, un grupo de académicos y activistas.

Destaca especialmente la creación de Occupy Sandy, una red de socorro en Nueva York que surgió durante el huracán que golpeó la ciudad en octubre de 2012.

Manski detalla que el movimiento trajo sangre fresca a antiguos movimientos como los ligados a luchas contra las hipotecas y los desalojos que surgieron desde el estallido de la burbuja inmobiliaria con el proyecto Occupy Our Homes (Ocupemos Nuestras Casas), especialmente en Minnesota y Atlanta.

También resalta que durante el auge de las movilizaciones hubo sectores de trabajadores que por primera vez comenzaron a organizarse, como los de McDonald´s, Wall Mart, locales de comida rápida y cadenas de negocios en Nueva York.

“Estos esfuerzos involucraron activistas de Occupy, o dieron crédito directo a Occupy por su radical inspiración”, cuenta Manski.

Sin embargo, siguen siendo el 99%.

“La situación es la misma en términos de la rampante desigualdad que enferma nuestro país y el mundo”, dice Manski.

“Nuestro trabajo ha consistido en hacer posible un llamado para hacer salir al elefante del cuarto”; es decir, “que podamos discutir el problema abiertamente después de muchos años de silencio: los primeros años del gobierno de Barack Obama y una década de miedo bajo la administración de George W. Bush”, señala.

La inequidad en Estados Unidos no ha cambiado, e incluso se ha acrecentado.

En julio de 2013, el diario The New York Times publicó un artículo titulado “Desigualdad en América: los datos son aleccionadores” donde se explica que dentro de los países de la OCDE, Estados Unidos es, después de México, Polonia y Turquía, el país donde más niños viven en hogares pobres. Las oportunidades de educación están estancadas para la clase media y pobre, pues 60 por ciento de los niños con desventajas económicas van a escuelas con menores recursos.

La inequidad entre los estadounidenses que más ganan y los de clase media es tan grande como la que existe entre Estados Unidos y Azerbaiyán. El ingreso de las familias de clase media desde el 2000 ha disminuido en 4 por ciento (más que en México), dice el texto del diario, el cual cita datos de la OCDE.

“Actualmente, parece que muchos de los cambios para mejorar son superficiales y las cosas empeoran respecto de las libertades civiles, políticas y económicas. La situación se está poniendo peor”, considera Sneider.

Manski se pregunta si como movimiento podrán arreglar todas estas cuestiones en una noche, en un año o dos; y su respuesta es: por supuesto que no. Considera que sólo una movilización global a gran escala podrá trazar los caminos para poner fin a la desigualdad social.

“Hemos comenzado, y cuando digo nosotros no hablo de Occupy, me refiero a varios grupos dentro del 99%”, advierte.

Como terroristas

Manski recuerda que cuando comenzó la represión contra el movimiento Ocuppy, los activistas se ligaron a las luchas contra la encarcelación masiva y contra la brutalidad policial, como la protesta contra el asesinato del afroamericano Trayvon Martin en Florida el 26 de febrero de 2012.

Un aspecto poco comentado es la forma en la cual diversas instituciones del gobierno estadounidense trataron de aplacar a los Ocupas, algo que también minó la organización, detalla la activista.

“La represión fue física en la forma de arrestos injustificados y golpes. Pero fue también psicológica en forma de espionaje e infiltración de provocadores”, detalla.

Cuenta que en Nueva York se mantienen procesos judiciales en contra de miembros activos del equipo de prensa, así como de Occupy Your Homes y luego de Occupy Sandy, los cuales fueron detenidos por la policía de la ciudad.

En diciembre de 2012,  el diario británico The Guardian publicó un reportaje titulado “Revelado: cómo el FBI coordinó la represión contra Occupy”, el cual muestra documentos en los que el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, policías locales e incluso agentes del poder bancario, se confabularon para reprimir al movimiento.

La represión, dice el texto, incluyó arrestos violentos, disolución de grupos, disparo de latas al cuerpo de los manifestantes, acoso y uso de información que bancos tenían de los activistas. Fue preparado incluso un mes antes de que se instalara el campamento en el parque Zucotti de Wall Street.

“El FBI trató al movimiento Occupy como un criminal potencial y una amenaza terrorista”, dicen los documentos obtenidos mediante la Sociedad por la Justicia Civil (PCJF).

Finalmente, el 15 de noviembre del 2011 los activistas fueron forzados a dejar el Parque Zucotti. A partir de entonces comenzaron a ocupar entradas de bancos, oficinas centrales de corporaciones y campus de universidades.

“Entendimos que si no peleábamos y el Estado Policial en el que vivíamos se transformaba en fascismo puro, no tendríamos espacio o energía para hacer el cambio”, explica Manski.

“Seguir soñando”

Lo que sigue para el movimiento, dice, es mantener sus estructuras, su fuerza y “seguir soñando”. Lo cual implica, a su juicio, ser realista y hacer uso del hecho de vivir en Nueva York, la ciudad que considera como el centro del poder económico estadounidense.

“Así que estamos usando el espacio y la energía que todavía tenemos para resistir”.

“Occupy triunfó en cambiar el terreno retórico de la política en Estados Unidos”, dice Sneider. “Ahora uno puede hablar de inequidad económica y clases sociales”.

Sneider, autor del libro Gracias, Anarquía: Notas del Apocalipsis de Occupy, cuenta que los activistas comenzaron a sentir que había posibilidades de participación política más allá de la que ofrecían los dos mayores partidos, el Demócrata y el Republicano.

“Es lo que refiero en el libro como un apocalipsis: una revelación que cambia la visión del mundo de manera irrevocable”, dice.

Kalle Lasn y Darren Fleet, editores de la revista Adbusters, la cual hiciera el llamado para ocupar el Parque Zucotti, publicaron un editorial titulado “Un reinicio de la imaginación capitalista”.

El texto que vio la luz el pasado 17 de septiembre describe un escenario en el que los autos pasan en el tráfico sin fin, anuncios financieros enmarcan las calles, se invierten los dólares y se guarda el dinero con alivio. La gente sale de sus departamentos camino a sus oficinas, a visitar amigos o a buscar trabajo.

Y de repente, todo cambia, todo lo conocido da vuelta. Se cierra la cafetería, el banco, y la gente fluye rápidamente.

Los editores cuentan que, si bien la vista de la ventana vuelve a ser la misma, hay en esta generación la confianza –antes inexistente– de que la situación de inequidad puede cambiar.

“En esencia, Occupy Wall Street fue un llamado a la gente para alzar la voz y actuar por sí mismos”, explica Manski, encargada de prensa del movimiento.

La activista cuenta que el movimiento fue resultado de una respuesta espontánea al llamado en todo Estados Unidos en contra de la inequidad, un llamado que sobrepasó a los organizadores, quienes no esperaban que la acampada durara más allá de una noche.

“Fuimos completamente rebasados en nuestra primera aspiración. En verdad no había estrategia a largo plazo”, cuenta Manski. “Mucha gente que no había participado antes en el activismo político tuvo sus primeras experiencias organizándose”.

Explica que Occupy Wall Street ha resistido de manera consistente ante la presión de formar un partido político. La intención, dice, es inspirar a los ciudadanos para hacer más que meramente apoyar un candidato en particular, envolverse en la arena política votando o representando activamente sus propios intereses.

“Estamos buscando algo mucho más grande, crear una cultura política”, cuenta. “Occupy ha tratado de crear nuevos e innovadores modelos, no replicar las estructuras existentes”.

La activista dice con confianza que aquellos que han participado en Occupy Wall Street han cambiado sus vidas. Para ella, el cambio más importante fue dejar el mundo de las Organizaciones No Gubernamentales. “Trabajé muchos años para organizaciones sin ánimo de lucro y nunca vi cambios. En espacio de seis meses y un año he visto increíbles cambios en la forma en la que este país habla de clase y de desigualdad económica”.

“Eso es increíblemente gratificante, lo que me hace continuar”, dice.

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