Destacan hallazgos al culminar el Simposio Román Piña Chan

MÉXICO, D.F. (apro).- El paleontólogo Juan Luis Arsuaga director del Museo de la Evolución Humana, en Burgos, y codirector de las investigaciones en la Sierra de Atapuerca, en España, cerró los trabajos del Simposio Román Piña Chan con una conferencia, en la cual hizo un recuento de los hallazgos más trascendentes en ese lugar, considerado uno de los mayores yacimientos de fósiles humanos.

Según información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organizador del simposio desarrollado en el Museo Nacional de Antropología, sobresale el descubrimiento de una mandíbula humana datada en un millón 200 mil años, que cimbró las cronologías acerca de la presencia evolutiva de los homínidos, al punto que logró la portada de la revista Nature en 2008.

“Antes de este hecho, se pensaba que la presencia humana en lo que hoy es Europa había dado inicio hace medio millón de años, sin embargo, esa temporalidad ha retrocedido 700-800 mil años ante la evidencia material encontrada en la cueva conocida como Sima del Elefante”, resumió el INAH.

El investigador, miembro también de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, señaló en su intervención que la Sierra de Atapuerca es un complejo sistema cárstico en el cual se han encontrado más de 2 mil 500 restos con un antigüedad de cerca de 300 mil años.

En sus yacimientos se hallan fósiles del Homo antecessor, “anterior a que empezara su andadura y su evolución nuestra especie Homo sapiens y los neandertales”.

Y agregó que son pruebas de la presencia de homínidos en el sur de Europa desde una fase muy temprana del Pleistoceno Inferior. En un estrato inferior llamado Aurora se encontraron fósiles humanos correspondientes a once individuos de diversas edades, que fueron recuperados en 1994.

La presencia en los fósiles de cortes con artefacto, hacen suponer al investigador la práctica del canibalismo “gastronómico” o alimenticio en el Homo antecesor.

Afirmó:

“Fueron muertos y posteriormente desmembrados, desarticulados, decapitados, consumidos, descarnados, aprovechando hasta la última caloría. Fue un caso de canibalismo intensivo y sistemático, no de carácter ritual, no creemos que sea simbólico. Con todo, sigue siendo un descubrimiento insólito, porque los animales del grupo al que pertenecemos, los primates, primates mayores, no practican el canibalismo. La antropofagia, curiosamente, es un comportamiento específicamente humano”.

Y comentó al respecto que se suele calificar como inhumanos o bestiales a los actos terroristas, los enfrentamientos por fanatismo o el canibalismo, cuando “son conductas humanas que no tienen nada de animal. Los animales no conocen el fanatismo y sus consecuencias. La mala noticia es que si está en nuestra especie, no las vamos a dejar atrás tan fácilmente porque habitan en nosotros”.

En el simposio participó también la doctora Beatriz Barba, con una semblanza del arqueólogo Román Piña Chan, del cual fue su esposa. Recordó que el investigador nacido en Campeche llegó desde adolescente a la Ciudad de México. Estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia al tiempo que trabajaba de mesero.

Ya en su trayectoria profesional trabajó en menos de diez años en una buena cantidad de sitios, lo cual le despertó una “clarividencia insólita”:

“Poco a poco se corrió el rumor de que Piña Chan sentía comezón en la punta de la nariz cuando iba a descubrir una tumba y se jalaba los bigotes cuando estaba por hallar una pirámide. Cierto o falso, en Tlapacoya, Estado de México, dejó ver sus singulares poderes, ya que ahí dio con tres tumbas y un santuario”, recordó Beatriz Barba.”

Al final se presentó la edición electrónica de mil 600 páginas de las memorias de los últimos diez años del simposio, con los comentarios de Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, así como de Lucía y Joel Santos, organizadores de los anteriores encuentros.

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